¡Esto no es culpa de Maduro, no qué va!

Después de hacer dos horas de cola para pagar y, cuando llegué la tarjeta del BDV no pasó, ¿y, ahora qué hago, si es la única que tengo, le -dije- a la cajera? Y ella que no tenía muchas ganas de discutir y, sin rabia visible me atendió, comiéndose una arepa rellena de pernil, pero con desgano y, entonces sí se molestó cuando le -dije- me queda la de crédito de ese mismo banco y, me -respondió-:

¡No señor aquí no aceptamos tarjetas de crédito! Así que váyase a joder a otra parte. ¿Y, entonces qué hago -insistí? Lo que usted quiera hacer señor, pero, mientras me deja trabajar que me tiene la cola entumida, ¿entumida de qué?

Entumido estoy, con ese par de horas que llevó aquí, para ver si me puedo comer mañana 31 la mejor ensalada de gallina que jamás se haya comido alguien y, ahora tú me pones en tres y dos con las bases llenas sin ser el cuarto bate, ni el novio de la madrina -¿te imaginas? Y me vas a clavar el tercer straight fuera del plato o, ¿me quieres volver loco? Loca me tiene usted a mí señor, sino deja pasar a otro y sigue atravesado como un zafio, recojo mis corotos y suspendo el juego por falta de efectivo, porque si usted no tiene otra tarjeta con qué pagar, claro que tengo otra, la saqué y se la enseñe, pero esa tampoco se recibe aquí, pero si tiene Petros, amiga mía. Aquí todavía no camina los Petros señor, ¿cómo qué no?, si nuestro presidente Maduro nos -dijo-: ahorren en Petros y allí hay Petros, pero a nosotros no nos sirve señor su bello carné de la Patria.

Salí molestó del lugar y, aquel gentío contra mía que, hasta una señora que seguro estoy que no es de la oligarquía, porque estábamos en el mercado de Juangriego, me dijo: viejo pataruco. Me volteé, la miré y salí.

Ahora digo yo, cómo es posible si uno no puede -no es que no debe- comer: pernil, ni hallacas, ni pan de jamón, ni tampoco se pueda llevar a la boca una ensaladita de gallina, bueno de gallina no, de pollo, que es lo más barato que me iba a salir mi digestiva ensalada de pollo que todavía la boca se me hace agua que, los ricos puedan y nosotros los pobres no, y que estemos piando como unos pollitos muertos de hambre con ganas de recibir el Nuevo Año con el buche lleno, venga el BDV a no recibir lo que tenemos guardado para nuestras compras y, que más dolor me da fue la ganga que me perdí:

Pollo, dos pechugas, cinco mil soberanos. Tres zanahorias, tres mil ochocientos, también soberanos. Cinco papas, cuatro mil soberanos y en rebaja el kilo. Una taza de guisantes, dos mil soberanos. Dos cebollas, dos mil soberanos. Un pimentón verde enano, ochocientos soberanos. Mayonesa, tengo y, lo más barato que mi desperdicio de cola que me revuelve mi buena intención, era que me iba a poner en una manzana concha verde que no es importada por, tres mil soberanos que tenía años sin verla.

Se dan cuenta, porqué uno se molesta con el gobierno. Menos mal que de enero en adelante -nuestro presidente- hará de tripas corazón y nos pondrá a comer bien con las bolsitas y, cajas clap más pesadas, para que el año que viene seamos otros mejores ciudadanos y, no tengamos que coger para el Norte y mucho menos para el Sur.

Sueño con mi ensalada de pollo. Pero como me escribieron en estos días un par de entusiasmados venezolanos -rodilla en tierra- que no deben estar en las malas, uno me -dijo-: si hemos salido de otras peores no vamos a salir de ésta o, como me -dijo-: el otro, si te quejas, aprende con nosotros que estamos viajando desde el 1968. Y Esos consejos son los que le dan a uno brío decir -¡carajo! Y porqué yo no.

 



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Esteban Rojas


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