¡Miserable!, ofendiste a todas las madres

Dios quiera que Gustavo Azócar jamás tenga que pasar por el dolor inmenso de perder un hijo. Una cosa tan horrible como esa no se la desea uno ni a su peor enemigo. Eso está claro. Pero más claro tiene que estar que nadie, sea quien sea, tenga la profesión que tenga, puede ofender la memoria de un hijo que ha muerto. Ninguna madre puede avalar eso, es más, ninguna persona decente, aunque nunca haya tenido el privilegio de tener un hijo, puede aceptar semejante cochinada.

El señor Azócar se ha metido con algo sagrado, y de forma asquerosa. En el marco de un libro calumnioso en el cual vomita todo el veneno de su corazón en contra de la diputada Iris Valera, dedica un aparte a hablar sobre la muerte del hijo de ella. Es tan repugnante lo que escribe, que el título de ese pedazo es “Iris: la madre que no pudo ser”. Semejante bajeza le quita la condición de periodista y de hombre, porque algo así sólo es digno de una gallina (con el perdón de las gallinas). Por si fuera poco el insólito título, que ataca a la mujer en lo más íntimo de su ser, en su más profundo dolor, todo lo que sigue a continuación es una mentira terrible, sustentada (según dice el propio Azócar en la cloaca que escribió) en testimonios anónimos de cuentos que le contaron. No da un solo dato real, no nombra a una sola persona, no precisa absolutamente nada, pero se atreve a desmentir lo que Iris siempre ha dicho en cuanto a la forma como murió su bebé y además insinúa que esta es la razón de la conducta resentida de la diputada.

Hay miles de formas de atacar a una persona, mucho más si esta persona es activista político. Estoy segura de que Iris ha soportado con serenidad las bajezas que este cobarde ha dicho sobre su persona, ya que el que no la debe no la teme. Las mentiras se caen por su propio peso. Pero nadie le puede pedir a una mujer que no reaccione como una leona si alguien osa rozar siquiera a uno de sus hijos, más aún si este angelito ha muerto.

Demasiado decente fue Iris, porque si lo que Azócar le hizo a ella me lo hubiera hecho a mí, con mis propias uñas le habría quitado la piel del cuerpo hasta verle los huesos, porque para una madre los hijos son sagrados. Y no me vengan con la ridiculez de que la vía es legal, que hay que evitar la violencia. ¿Quién es el violento? Iris le dio unos coscorrones y le pegó una cachetada (algo que ha debido hacer la madre de Azócar cuando era chiquito, para evitar que se convirtiera en lo que hoy es) pero hay que estar claro que lo que él hizo es mucho más violento. Él le dio una patada en el pecho, le clavo una estaca en el útero, le metió clavos ardientes a su corazón. Por eso no acepto que al victimario me lo pretendan disfrazar ahora de víctima.

LLAMADO AL COLEGIO DE PERIODISTAS

¿Qué clase de Colegio tenemos que sale a defender a un sinvergüenza de esta calaña? ¿Quién dijo que colocar excrementos en un libro se puede llamar periodismo? ¿Cómo es posible que Levy Benshimol tenga el cinismo de decir que las agresiones de Iris tienen el fin de “intimidar y acobardar a los colegas periodistas para que estos no informen oportuna y verazmente”? ¿Quién dijo que meterse con su hijo muerto es información oportuna y veraz? ¿Quién dijo que eso es libertad de expresión? Si hemos llegado hasta aquí es porque el Colegio (o lo que queda de él) no ha llevado a tribunal disciplinario a cobardes de esta calaña que desprestigian a la profesión.

Para Iris: mi solidaridad. Para Azócar: mi desprecio más profundo.

columnasinduda@yahoo.es


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Mary Pili Hernández

Ex-ministra de la Juventud, ex-viceministra de Relaciones Exteriores para América del Norte, y ex-concejal por el Municipio Libertador. Cristiana, Periodista, Socialista, Bolivariana, Antiimperialista y Chavista.

 mphopinion@yahoo.com      @marypilih

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