El imperio con su desidia deja morir poco a poco a nueve de mis familiares

Hoy lastimosamente me veo en la necesidad, sobre todo para apaciguar la rabia y mis frustraciones, a presentar esta nueva entrega relacionada con el doloroso momento que están viviendo, debido al Covid-19, escúchese bien, nueve (9) familiares cercanos que tengo viviendo en Estados Unidos, desde hace mucho tiempo, cuando ni siquiera el presidente Hugo Chávez Frías había aparecido aún en escena en nuestro país.

Todos mis familiares son de Maracaibo. La primera en emigrar hacia el país del norte, hace más de 35 años, fue una sobrina con su esposo, logrando establecerse en New Port, una región cercana a Miami.

Después lo hizo una de mis hermanas mayores, quien ya antes había vivido en Atlanta, ahora reside en Houston, y hará también unos cuatro años atrás partieron un sobrino oncólogo, hermano de la sobrina antes mencionada, junto a su esposa, también médico, y sus dos hijos, uno de ellos de 18 años, y el otro de unos diez.

Posteriormente, debido a que enviudó, estando en Maracaibo, partió luego mi hermana mayor al reencuentro con sus hijos, acompañada de mi primogénita sobrina, ya jubilada del ministerio de Educación. Hace solo un año, esta última sobrina perdió a su esposo de un infarto cerebral. Hoy es ella, junto al resto de la familia, quien se debate entre la vida y la muerte.

Por cuestiones del destino, y quizás por falta de tacto y precaución, el familiar de New Port, junto a su esposo, viajó de incógnito, para dar la sorpresa, hasta Houston, para unirse a la celebración del cumpleaños de la recién quedada viuda, debido a la crisis que aun padece ante la pérdida de su pareja.

Por desgracia, transcurridos unos días, la familia en pleno pudo comprobar ante el inminente malestar, que todos, sin excepción, incluyendo a los hijos menores, que son portadores de la Covid-19. Este duro golpe, además de ellos, lo estamos viviendo la familia en pleno que vivimos aquí en Venezuela.

Todo hace indicar que familiares del esposo de la sobrina de New Port ya habían sido contagiados con el coronavirus, lo cual hace presumir que el origen del temible virus partió de ese grupo familiar.

Ahora bien...al hecho pecho, decimos en criollo en Venezuela…pero que va, hermanos, en el imperio la cosa es muy distinta….con lágrimas en los ojos, y sin poder contener el llanto, le escuche decir a mi hermana mayor, vía telefónica, que la cosa se les complica cada vez más, por cuanto no tienen dinero como cubrir la emergencia, porque además los dos médicos que integran el grupo familiar fueron despedidos de inmediato en donde laboraban, una vez que se supo que eran portadores del virus mortal.

Si bien mi hermana me indicó que reciben un bono por parte del Estado, subrayó que eso no alcanza ni siquiera para comprar los antibióticos.

Que esto pase en la mayor potencia del mundo es difícil de creer, y de paso no se divulga, pero desde luego si ocurriera en Venezuela, de inmediato la campaña mediática a través de las redes sociales fuera espantosa, responsabilizando, desde luego, al gobierno revolucionario.

Lo peor de todo, cosa que aquí en Venezuela no pasa, es que todo el grupo familiar que desgraciadamente mueren poco a poco ante la desidia del gobierno norteamericano, que representa en este caso Donald Trump, siguen solos, a la buena de Dios, encerrados en su apartamento, sin asistencia médica directa, esperando que la virgen de La Chinita los alivie para vencer, no solo al virus, sino también a la misma muerte.

Mi hermana mayor fue enfática en decirme que en el imperio no hay trabajo, eso lo repitió varias veces…pero mucho menos se puede aspirar que al grupo familiar los hospitalicen, como se hace, de hecho y gratis, en Venezuela, con todos aquellos que han sido contagiados con la Covid-19.

Repito, no más ayer, sin poder yo contener el llanto, esa hermana mayor, que ayudó a mi madre a cambiarme los pañales, y después de grande me acobijó en su humilde hogar, junto a mis queridos sobrinos, solo pidió poder regresar a la "tierra del sol amada", pues no quiere partir aún al encuentro de nuestro Padre Celestial sin ver de nuevo los marullos de Lago Coquivacoa, y la figura emblemática del puente sobre el lago de Maracaibo.

Mi querida y respetada hermana está clara…siempre lo ha estado….reconoce que los males que sufre Venezuela son producto de las políticas perversas del imperio, a petición de la oposición extremista, que sin razón ha impuesto en perjuicio de la mayoría de la población sufrimiento y dolor solo por capricho.

Cada cabeza es un mundo, y en el caso de mis sobrinos, aun sin ser políticos, ni estar registrados en ningún partido, partieron hace tiempo al imperio quizás engañados tras el sueño americano. A mi hermana mayor no le ha quedado más remedio, sobre todo por su ya avanzada edad, que seguirlos, pero eso sí, su deseo es que le lancen la última palada de tierra en el suelo que la vio nacer.

Ojala y este escrito se constituya en un salvo conducto para ver si el gobierno revolucionario del presidente Nicolás Maduro ordena repatriar a mi familia para que aquí se les ofrezca la debida atención medica que requieren con tanta urgencia, aunque no es de extrañar que algunos de ellos, porque a ninguno se los he consultado, me digan que todo está bien, porque al fin y al cabo viven, nada más y nada menos, que en el imperio, que lo tiene todo, mientras yo sigo vertiendo lágrimas por su pronta recuperación, en la lejanía.

 



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Italo Urdaneta

Periodista, historiador y profesor universitario

 italourdaneta@gmail.com

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