¿Misericordia para quién?

En la edad media la “misericordia” era un puñal corto, triangular, de doble filo, utilizado para rematar a los caballeros derribados quienes, heridos o no, quedaban inmovilizados por el peso de su armadura. Ya no vivimos en aquellos tiempos crueles y sangrientos, de reyes y cardenales, horca para campesinos y hoguera para mujeres. Es más, en Venezuela tenemos una Constitución que es ejemplar en derechos humanos, la misma contra la cual conspiraron y se alzaron quienes debían defenderla, la misma que fue derogada en la práctica después de la matanza del 11 de abril 2002, matanza planificada por el grupo de Carmona Estanga y ejecutada por funcionarios malévolos entre los cuales el de mayor jerarquía era Iván Simonovis, policía de alma y carrera, formado en EEUU, Francia e Inglaterra, especialista en antiterrorismo, para entonces “director de seguridad” de la alcaldía metropolitana de Caracas, y famoso por su frase “preso es preso y su apellido es candado”

Derrotado el golpe de Estado por el pueblo y militares bolivarianos, el juicio de los culpables duró 5 años tuvo 230 audiencias, en la cuales se recibieron 265 experticias, 5700 fotos y 20 videos, y donde además declararon 198 testigos y 48 expertos. Entre muchos otros, el grupo formado por Simonovis, dos comisarios y otros cuatro funcionarios fueron hallados culpables y condenados a la pena máxima de 30 años. De hecho son los “paga peo” porque, aun siendo importantes en la conspiración y culpables en la matanza, eran menos que los ricos y famosos que se libraron a bajo costo, gozando de precauciones de estilo jurídicas y, finalmente, de una amnistía presidencial.

Simonovis perdió su libertad el 22 de Noviembre de 2004, dos años y medio después de los hechos, tuvo derecho al juicio oral y público más largo de la historia judicial venezolana, y no le faltaron defensores. Encontrado culpable por sus jueces naturales, no puede legalmente ser objeto de indulto o de amnistía porque la sentencia porta la mención expresa de “violaciones graves de los derechos humanos”.

Para la derecha Simonovis es un “preso político” del chavismo, encerrado con poco espacio y luz solar (más que sus víctimas en los ataúdes) y está “muy enfermo” (aunque se niega a someterse a exámenes médicos). La campaña mediática que pide su libertad por razones humanitarias alcanzó su punto máximo con el artículo “Misericordia para Simonovis” de Douglas Zabala (*).

“QUE SE PUDRAN EN LA CÁRCEL”

Era el slogan de campaña de Alfredo Peña, Alcalde Metropolitano de Caracas, conspirador en el golpe y la matanza del 11 de abril 2002 y a cuyo despacho estaba adscrito Iván Simonovis. Además de Peña (hoy protegido en los EEUU) quienes más perjudican a Simonovis son, curiosamente, otros “presos políticos” liberados por razones humanitarias.  El primero es el esbirro José Sánchez alias “Mazuco”, secretario de seguridad de la gobernación entonces opositora del Zulia, y jefe de la policía de ese estado, cuyos funcionarios detuvieron y torturaron hasta matar, el 7 de agosto 2007, (por órdenes suyas según la Fiscalía)  a un agente de inteligencia militar debidamente identificado. Para protegerlo y protegerse de sus posibles revelaciones, la derecha lo postuló y eligió como diputado a la Asamblea Nacional, donde goza de inmunidad parlamentaria, y logró su liberación por razones humanitarias que luego resultaron falsas,. Luego vino la jueza prevaricadora María Lourdes Afiuni, liberada tras una campaña nacional e internacional de la Comisión Interamericana de DDHH, la Conferencia Episcopal de Venezuela, Human Rights Watch, el Departamento de Estado, el Colegio de Abogados de Inglaterra y Gales, y el mismísimo Noam Chomsky, quien publicó una carta abierta pidiendo al gobierno de Venezuela por "un acto humanitario que ponga fin a la detención del jueza". Las razones humanitarias se evidenciaron falsas cuando la jueza, supuestamente al borde de la muerte, apareció sonreída, robusta y rozagante en una marcha de la oposición. Lo mismo que la colombiana Ingrid Betancourt, que en las fotos de su cautiverio en la selva parecía pre agónica, y a la semana de ser liberada apareció en un resort del Océano Índico, saliendo del mar, sexy y resplandeciente como Venus rediviva.

INDULGENCIAS INUTILES

Hay un límite en el que la indulgencia deja de ser virtud, y es cuando estimula la reincidencia, del indultado o de sus iguales. La campaña a favor del indulto de Simonovis adula al gobierno diciendo que está demasiado fuerte y seguro como para temer algo del comisario, y la campaña en contra insiste en los derechos de las víctimas y familiares. Yo opino que la cuestión es si la reducción del tiempo de cárcel influye o influirá en futuros conspiradores a la hora de sopesar lo que arriesgan al actuar contra el pueblo y la República. Indulgencia bien de “indulto” y este de in (sin) y dultum (deuda), es decir: es una acción que quita la deuda. La deuda de Iván Simonovis y de quienes intentaron quitarnos por la fuerza nuestros derechos, no está y nunca estará saldada. “Errar es humano” y  no perdonar también.

 

(*) http://www.biendateao.com/douglas-zabala-misericordia-para-simonovis/



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Eduardo Rothe


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