Después de 23 años en la cárcel: ahora es inocente

Una vez más –fuera de las que faltan- la malísima  y perversa administración de justicia jurídica en Estados Unidos demuestra la ridiculez de sus erróneas decisiones. Muchísimos latinos son víctimas de esa imperfecta y premeditada aplicación de la injusticia a nombre de la justicia. Y aun así, continúan miles y miles de latinos dándole rienda suelta a sus ansías desorbitadas por ir a vivir en Estados Unidos.

         El mundo entero conoce el famosísimo caso de los cinco cubanos presos, juzgados y sentenciados en Estados Unidos acusados de terroristas, cuando la verdad verdadera es que alertaron al Gobierno estadounidense de muchos planes de terrorismo. Y la Casa Blanca o, mejor dicho, sus altísimos funcionarios en vez de escucharlos, averiguar y tomar las medidas pertinentes para evitar los actos terroristas, decidieron acusar a los que les alertaron de terroristas. ¡Tremenda la justicia jurídica estadounidense! La Celestina le dicta clase de moral al resto del mundo de cómo juzgar y sentenciar a los acusados, especialmente, cuando son inocentes.

         El dominicano Guillermo López fue acusado de un crimen que nunca cometió. En ese momento, hace 23 años, necesitaban un chivo expiatorio y ese era, precisamente, Guillermo López. Lo encontraron culpable y lo condenaron a cadena perpetua. Guillermo no se desanimó sino que insistió en su inocencia pero, como sucede casi siempre, la injusta administración de justicia jurídica estadounidense se hizo oídos sordos ante los clamores de verdadera justicia. Una mujer, vestida de juez y como autómata al servicio del imperialismo, violó todos los derechos civiles del acusado. Todo juez sabe si se están violando o no los derechos de los acusados.

Sin embargo, debemos reconocerlo, no todas las personas que prestan servicio en la administración de justicia jurídica en Estados Unidos, son seres malos, insensibles e indiferentes a la verdad verdadera aunque tengan que guiarse por la verdad procesal. Luego de más de dos décadas, otro dominicano, no sé por cuál razón, que fue deportado a su país de nacimiento por la justicia estadounidense, hizo una declaración  diciendo que Guillermo López no fue quien asesinó a Elviro Surria por allá, un 31 de agosto de 1989. Ahora saben que el asesinato fue cometido en un lugar donde se reúnen grupos de consumidores de una droga que llaman crak. Y saben que Guillermo López no frecuentaba ese sitio ni consumía droga.

El juez  Nocholas Garaufis, tomando en cuenta verdades, decidió conceder un recurso de Habeas Corpus en favor de Guillermo López. El juez hizo una crítica contundente a la juez que juzgó y condenó a cadena perpetua a Guillermo López violándole hasta el derecho a la defensa. Es de suponer que esa juez es una crítica demoledora o destructiva contra la administración de justicia jurídica en otros países donde la persona sí se tiene como inocente hasta que se le demuestre su culpabilidad en el hecho de que se le acuse. Pero aún Guillermo no salía en libertad, es decir, continuaba preso. Tal vez, si lo hubiese condenado esa juez a pena de muerte ya ni siquiera los huesos de Guillermo existirían.

La verdad tardó en imponerse porque la mentira camina con patas muy largas en Estados Unidos y, especialmente, en la administración de justicia jurídica. Si no es así, que lo digan los cubanos que se encuentran condenados injustamente por alertar al Gobierno de Estados Unidos de planes de terrorismo en su propio y fuera de su territorio. ¡Por fin!, hubo justicia jurídica. Un juez llamado Chico Mangano decidió, correctamente y con verdadera justicia jurídica, ponerle punto final a la injusticia que se había aplicado contra Guillermo López por una juez que seguramente ni siquiera tiene la mínima conciencia de lo que significa ser madre. Mangano ordenó la libertad de Guillermo López y hace poquísimos días pudo pasear por las calles de New York del brazo con su esposa. Ya Guillermo no tendrá que vivir más esa pesadilla de ir a un tribunal estadounidense con grillos puestos en los pies. ¡Que horrible es la injusticia en Estados Unidos! La Celestina sigue dictando clase de moral al resto del mundo de cómo juzgar y sentenciar a los acusados, especialmente, cuando son inocentes.



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Freddy Yépez


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