Brujas, Lobos y Santos

Joaquín Pérez Becerra está en manos del enemigo.  Es decir, en manos del gobierno pro-imperialista, oligárquico y paramilitar de Colombia. Lo inconcebible es que haya sido entregado por un gobierno revolucionario, democrático y progresista.  Una cosa es la diplomacia y los acuerdos entre gobiernos con posiciones políticas distintas, en aras mejorar las relaciones económicas y comerciales.  Pero otra muy distinta es hacer concesiones que golpeen al movimiento revolucionario internacional en nombre de esos acuerdos. 

El gobierno colombiano calificó a este periodista de “terrorista”.  Pero Joaquín Pérez Becerra, como es sabido, fue dirigente de la Unión Patriótica (UP), y concejal por esa organización política cuyos dirigentes fueron asesinados en las décadas de los 80 y 90.  Pérez Becerra sobrevivió a este genocidio, y en 1994 se asiló en Suecia, víctima de la persecución.  En la actualidad dirigía la agencia de noticias Anncol, un portal con clara posición de izquierda, que entre sus informaciones, cuelga también noticias de las FARC.  Eso no lo convierte en terrorista, más allá de que las FARC sean consideradas como tales por la seguridad de Colombia y el departamento de estado norteamericano, que emprendió una cruzada antiterrorista bajo cuya bandera ha invadido pueblos y emplazado bases militares en todo el planeta, pero que acaba de dejar en libertad a Luis Posada Carriles, terrorista confeso con un alto prontuario criminal que no hace falta explicar aquí.  

Es lamentable que Pérez Becerra haya sido deportado a Colombia tan a la ligera.  Un error político y un error diplomático, por cuanto hace diez años había renunciado a la ciudadanía colombiana.  Algo debe estar ocurriendo, pues hace unos días el gobierno venezolano cayó en otro error: estudiar la posibilidad de reincorporar a Honduras a la OEA. No es de revolucionarios hacer esfuerzos por legitimar gobiernos pro-imperialistas.  ¡Que se legitimen ellos mismos!  ¡Que el lobo se entienda con el águila!.   

 A esta hora, toda la represión de la seguridad colombiana, bajo la directriz del señor Santos, debe estar cayendo sobre Joaquín Pérez Becerra. Tocará ahora al pueblo colombiano hacer presión por su liberación y el respeto a su vida.     

Los revolucionarios y revolucionarias del mundo rechazamos la cacería de brujas cernida sobre el pueblo colombiano, asesinando y desapareciendo a quien el departamento de estado norteamericano se antoje de colocar en su lista de terroristas. Y rechazamos, por tanto, cualquier acción que en nombre de esa camuflada cruzada se ejecute contra el movimiento revolucionario mundial.. 

Ni brujas, ni lobos, ni santos: al enemigo, “¡ni un tantico así!”.   


erubiom@hotmail.com

  


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