José Antonio... ¡Presente!

Suele suceder que –a falta de mejor– los padres, para escoger un nombre para su progenitura se inspiren en personajes de la Historia, lo que nos ofrece un verdadero florilegio de apelativos de ilustre prosapia y evocadores de notables hazañas.

La Antigüedad romana y sus brillantes generales triunfadores de inolvidables y épicas batallas trajeron muchos Césares, Julios, Marcos, Marios e incluso algún Escipión, familiar y amigablemente llamado Esci, aun cuando –por razones que parecen obvias– hay raros Pompeyos y aún menos Cornelios.

La filosofía y la literatura de la Grecia clásica nos dieron múltiples Horacios, algunos Sócrates, más de un Solón, muchos Claudios, uno que otro Heráclito y raros Hipócrates.

Admiradores de tal o cual hecho histórico bautizaron un hijo como Guillermo, Dante, Lenin o José, e incluso Buffalo, en homenaje al conocido Bill cuyo verdadero patronímico fue William Frederick Cody.

No hay que confundir con algunos curiosos nombres muy en boga en nuestra brillante modernidad, entre los cuales llaman la atención Brayan, transcripción fonética –como se oye– del nombre de origen céltico Brian, y el no menos ocurrente Jelmi, inspirado por el muy británico llamado en pos de socorro Help me.

Los genitores suelen recurrir más bien a la fascinación que les provoca la vida pasión y muerte de lo que tienen por meritorios próceres cuyo ejemplo les sirve de brújula, sextante, astrolabio y guía.

De modo que no debe sorprender que –en razón de convergencias políticas, odios compartidos, adoraciones religiosas o sueñitos totalitarios– algún padre haya decidido acristianar un hijo con el cariñoso nombre compuesto José Antonio.

Después de todo Adolfo es un apelativo común (demasiado), así como Augusto, que en el diccionario es definido en plan polisemia como:

a) que infunde respeto y veneración, y b) payaso que hace pareja con el clown.

De ahí a encontrar un José Antonio que venere un Augusto hay sólo un paso, franqueado presta y alegremente visto que la huella impresa por un benemérito José Antonio, –José Antonio Primo de Rivera, Jefe nacional de la FE y de las JONS en tiempos del fascismo hispano–, fue profunda como una fosa común (FE: Falange Española. JONS: Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista).

Su imagen idealizada fue honrada por el régimen franquista, que lo convirtió en icono y mártir al servicio de la propaganda del Movimiento Nacional (baja el brazo derecho y la mano extendida, relájate, ese saludo ya no es tendencia...).

José Antonio, –me refiero al que sabía leer y escribir, o sea a Primo de Rivera–, publicó el 16 de marzo de 1934 en una revista llamada El Fascio (Madrid), una nota en la que escribió:

"La Falange Española de las JONS (...) tiene con el fascismo algunas coincidencias en puntos esenciales de valor universal; pero desarrolla cada día su carácter propio y así está segura de encontrar precisamente según este camino sus posibilidades más fecundas."

En ese empeño José Antonio no se desvinculó nunca de los círculos monárquicos. Siendo su Falange un grupo marginal, con escasos recursos económicos, Primo de Rivera encontró financiación en esos grupos que la consideraban una fuerza de choque para combatir a las organizaciones de izquierda y para desestabilizar a la II República.

Más adelante, Primo de Rivera buscaría el apoyo de la Italia fascista, consiguiendo en el verano de 1935 un sueldo mensual de 50 mil liras como agente extranjero del gobierno fascista italiano.

De ese modo se prolongaba la traidición bíblica que consiste en venderse por unos chavos, catequesis que ha logrado grandes éxitos en la política chilensis.

No sólo de traidiciones bíblicas se nutría el fascismo: cuando la fundación de la Falange, en el Teatro de la Comedia de Madrid (no podía haber sido en otro teatro...), el 29 de octubre de 1933, José Antonio le manifestó su gratitud a sus seguidores diciendo:

"Escuetamente gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo…"

Derrotada en las elecciones legislativas del 16 de febrero 1936, en las que obtuvo apenas el 0,7% de los votos, la Falange fue declarada fuera de la ley por los republicanos españoles.

No por la baja proporción de votos que en Chile apenas daría para ser ministro de la Energía, sino como respuesta a ciertos recurrentes intentos de asesinato, considerados una forma de acción política .

Pero tú ya sabes cuan testarudos son los fascistas: el 17 de noviembre 1936 José Antonio Primo de Rivera fue juzgado por rebelión militar, –crimen vulgarmente llamado golpe de Estado–, y fue condenado a muerte por un tribunal popular.

Raudamente –en la muy lamentable ausencia de burocracia que prevalecía en aquella época, y gracias a la no menos deplorable inexistencia de "permisología"–, tres días más tarde José Antonio fue fusilado a las 06:20 hrs. de la mañana en el patio de la prisión de Alicante.

Una cosa explica la otra: tras el triunfo del fascismo en la guerra civil que siguió, miles y miles de republicanos fueron asesinados, entre ellos los poetas Federico García Lorca y Miguel Hernández. Este último dejó, como una suerte de palabras de despedida, unos versos de su libro El hombre acecha (1939) que más tarde cantaría Serrat:

Retoñarán aladas de savia sin otoño

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:

porque aún tengo la vida.

En estos días, la España dizque democrática y el neofascismo renaciente siguen palpándose antes de decidir si abrir o no abrir los cientos de cementerios clandestinos, fosas comunes, necrópolis truchas y tumbas ilegales que albergan los restos de las víctimas.

¿Parece cuento conocido?

Un economista español, un tal Antonini de Jiménez, proclama en estos días "Dios, patria y mercado". Y agrega, docto y bendito, como en una oración: "Los Santos del siglo XXI serán empresarios o no serán".

¡Apaga!

Hay democracias que se parecen demasiado entre sí, como si se tratase de un Doppelgänger, aterradora aparición de un doble de sí mismo que, según el folklore alemán, es una señal de que tu muerte es inminente.

Queda por saber si es la sociedad la que la está palmando, o los impulsores del regreso del fascismo.

Los segundos se portan bien, (escuetamente) gracias...



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