Solo lo pudo hacer un venezolano y su caballería de agua

El siguiente hecho demuestra lo importante que es la resolución de hallar la salida a los problemas y la creatividad que hay que emplear en los mismos. La gran fama de la bravura de Páez actuó en contra de la mente de los realistas, que, creyéndose a salvo de la caballería del venezolano, se sentían seguros sobre lanchas armadas con cañones. Y al ver zambullirse a Páez al agua con sus caballos y sus diestros jinetes, entraron en pánico y prefirieron dispersarse en fuga lanzándose al agua en un río infestado de caimanes, antes que exponerse a la certera puntería de los lanceros de Páez. Y es que ¿Quién podría imaginarse ver lanzas contra cañones, y en el agua?

Veamos como lo cuenta el mismo general José Antonio Páez en su autobiografía:

“Impaciente Bolívar por comenzar la campaña, estuvo tres o cuatro días en San Juan de Payara, meditando de qué manera pasaría el río de Apure con el ejército, no teniendo embarcaciones en que hacerlo, y estando las del enemigo guardando el único lugar por donde podíamos pasarlo sin riesgo del cañón de la plaza. En gran incertidumbre se hallaba, por no encontrar el medio de allanar aquél obstáculo mientras yo le animaba a que se pusiera en marcha, asegurándole que le daría las embarcaciones necesarias. El me preguntaba:

-¿Pero hombre, ¿Donde las tiene usted?

Yo le contesté que las tenía el enemigo.

- ¿Y de qué manera podemos apoderarnos de ellas?

- Con caballería


- ¿Y dónde está esa caballería de agua? Porque con la de tierra no se puede hacer tal milagro.

Al fin se resolvió marchar y acercarse al río, Bolívar no con la esperanza de la operación prometida se efectuase, sino para resolver que partido tomaría. Una milla antes de llegar al río, mi grupo de jinetes llaneros hacemos alto para acomodar los aperos a las bestias y así facilitar la toma de las lanchas enemigas, y a Bolívar todavía le parecía que todo aquello era un sueño o una broma. Solo cincuenta hombres se tomaron de la Guardia de Caballería, y con ellos se llegó a la orilla del río, con las cinchas de las cabalgaduras sueltas y las gruperas quitadas para rodar las sillas al suelo sin necesidad de apearse del caballo.

Así se efectuó, los llaneros uno tras otro fueron entrando a las aguas del río, y fue tal el espasmo que causó al enemigo aquella operación inesperada, que apenas desde la embarcaciones solo se hicieron algunos disparos de cañón, y de seguida la mayor parte de los soldados realistas se arrojaron al agua para huir de la atropellada que íbamos a efectuar. Catorce embarcaciones apresamos entre las armadas y desarmadas. Asombrado Bolívar, dijo: que si él no hubiera presenciado aquel hecho; nadie habría podido hacérselo creer.”


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José M. Ameliach N.


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