El camino ciego del resplandor

A veces, el resplandor de la Poesía no sólo alumbra el destino
invisible de la humanidad, sino que la palabra encendida abre trochas
y senderos para que el mundo elimine sus distancias y los horizontes
se unan en un solo verso. En este caso, el fuego de la palabra se
convierte en tea, antorcha, fogata, lámpara. Y Lamparalabra, por
cierto, se denomina la editorial creada por el poeta Eddy Rafael
Pérez, autor del libro El camino ciego del resplandor, una suma
parcial de su obra escrita (en ambas solapas, además, y en el prólogo,
encontramos el mapa existencial del autor en su prolongado ciclo de
vivencia literaria).

Con esta antología de versos resplandecientes, siguiendo la ruta del
sol, Eddy Rafael Pérez viajó del cardonal al frailejón –del Tocuyo
natal al Ande vital– y, mientras escudriñaba todos los horizontes
literarios, la intuición docente le llevó al aula (no a la jaula) y
desde la cátedra universitaria voló su verso libre para promover y
divulgar –en periódicos, revistas y talleres– el semioculto quehacer
poético de muchos escritores noveles…

Este poemario (traducido a varios idiomas), sin embargo, no pretende
inventar o rediseñar el siempre inestable y fecundo paisaje literario.
En su texto poético Eddy Rafael Pérez atraviesa la noche sorprendente
de la vida cotidiana, pero no con la intención de marcar pautas ni
recomendar fórmulas de escritura o ajustar cuentas con redactores
pendencieros (prefiere incluso, obviamente, resumir el rumbo del
tiempo y abrirle la ventana de enero al viejo sol refugiado en el
cielo).

Así, en El camino ciego del resplandor el poeta Eddy Rafael Pérez va
y viene por las veredas de la existencia, y letra a letra la comarca
de la noche le revela el poema estelar de la luna y el crepúsculo
(tampoco pierde de vista la casualidad de la colina ni omite la
certeza del frío, pues el espectáculo celestial de la llovizna le
recuerda el árido amor del cardón y la sequía).

Y como el verso labra e ilumina, el poeta rastrea sin cesar la huella
de cada palabra para sembrarla en cada línea. Así escribe, con la
mirada fija en la luz del horizonte, donde el cielo y la tierra unen
sus páginas.

Desde la montaña a la pradera, del mar a la llanura, palabra a
palabra, la estrofa se enfrenta al silencio (por instantes, el verso
es un conjuro, un coloquio profundo consigo mismo, un adagio que
abriga el pensamiento y desnuda la filosofía). Y desde el eco hondo de
lamparalabra, el brillo del poema le habla a las multitudes (con la
fuerza de la claridad se acerca al prójimo distante y le conversa con
acento de agua montés, de acequia silvestre, de río subterráneo).

Por supuesto que –ya lo dije, aunque en El camino ciego del resplandor
sintamos innovadoras formas y contenidos– el escritor Eddy Rafael
Pérez no pretende inventar modelos ni cambiar el actual paisaje
literario (demuestra, eso sí, que en el sublime territorio de la
literatura el poeta interpreta y descifra el monólogo de un árbol en
la ciudad). Por eso, en vez de querella verbal, el autor de El camino
ciego del resplandor no da traspiés ni improvisa, porque sabe que el
corazón y el cerebro andan y desandan juntos (en pos del verso), hasta
que una luz conocida o inédita, convierta la palabra en poema.



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Amable Fernández

Escritor surmerideño.

 amablefernandezs@gmail.com

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