Historia critica: Un viaje hacia adentro

Hegemonía e historia:

Todos los imperativos que definen la sumisión de Venezuela a la Monarquía española, se encuentran en las llamadas Constituciones Sinodales (1687-1904) son documentos que rigen ese largo período de yugo, de no-libertad respeto de los preceptos de la Iglesia, la autoridad episcopal y el llamado carácter "universal" diríamos hoy de la hegemonía, del Magisterio Pontificio.

Según esos textos citados, los habitantes de Venezuela eran "desiguales" dos clases "padres de familia, blancos criollos" los descendientes de la península, poseedores de haciendas y servidumbre" y el resto, entre los cuales se encuentran los "blancos de orilla" eran considerados "seres inferiores" junto a: indios, negros y mestizos según los textos carecen de facultades para conocer los valores civilizatorios; la fé cristiana y la "vida civil", "solo pocos pueden elaborar, exponer y difundir ideas.

Desde la conquista y colonización se inaugura la desigualdad social; exclusión y evangelización que en el terreno del dominio teórico del mundo significó una lucha cruenta contra el pensamiento mítico o prehispánico. La población llamada autóctona (Salvador de la Plaza. La formación de las clases sociales en Venezuela. Editorial Rocinante.1964) describía una estructura social: "posición y uso de la tierra en común...estrecha unión de la agricultura y los oficios y una inalterable división del trabajo..."

La vida colonial decide acabar – mediante la evangelización- incluso desnaturalizando la propia doctrina, para devastar ese Estado de naturaleza igualitario,para volver añicos el pensamiento pre-hispánico como cosmovisión. Aun cuando, los cronistas o con rigor la antropología, la etnología y la psicología histórica constata esa riqueza espiritual de esas creencias y ritos que fueron devastados, dicen los académicos venezolanos: "...de ese desgarramiento causado no ha quedado testimonio"

La academia e inquisiciones:

Desde el proceso de conquista, la vida cultural de los grupos sociales establecidos en Venezuela estuvo normada por la religión de la llamada "Metrópoli". Hubo ¿si es que hubo? una -reflexión filosófica- que repetía los llamados "canones" de pensamiento occidental, siempre en la debida conjunción y acorde a las "Constituciones Sinodales" -ya explicadas- cuyo espacio de aplicación se establece en los llamados Centros de Enseñanza (1620: Real Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima; 1725: el Seminario se transforma en Universidad Real Pontificia) Toda reflexión, crítica, estudios e investigación sería parte de la vida interna del Recinto donde se aplica-Ciencia Normal concepto (que plantea Th. Kuhn en su libro La Estructura de las Revoluciones Científicas, Mexico, FCE, 1971) nos ayuda a entender asi la avasallante influencia de Aristotéles y el Tomismo en aquella Venezuela.

Hay que esperar más de cuatro décadas, para que penetre a ese recinto ortodoxo, el mundo de las ideas, el llamado pensamiento ilustrado. Solo el Aristótelismo, Tomismo y Escepticismo se convierten en los primeros canones de la reflexión filosófica en Venezuela. Ni originalidad ni menos regocijo por los ancestros. Solo se leyó: Alonso Briceño (Ética de Duns Scotto); Agustin de Quevedo y Villegas (Opus Theologicum); Tomas Valero (Theologia Expositiva.1756) y Antonio José Suarez de Urbina -quien llega a ser Rector de la Universidad en 1758.

Venezuela percibe a la Ilustración, en la medida en que aún no ha negado a la Inquisición- es decir a la ortodoxia derivada de las "Constituciones Sinodales". La historiografía se expandió con actualizaciones, noticias bibliográficas, autores censurados, reseñas y crónicas del reformismo borbónico e incluso la Academia permitía leer a Descartes, Newton, Locke, Leibniz y Condillac. Solo avances en el terreno tecnocrático pero no desencadena en una Reforma Educativa hasta llegar al texto escrito por Simón Rodríguez en 1794.

Simón Rodriguez y la Reforma Educativa:

Lo que fue una Reforma en la Educación tuvo la semilla en aquel texto escrito por Simón Rodriguez (1769-1854) en 1794 intitulado: Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras en Caracas y medios de lograr su reforma por un nuevo establecimiento. Juan Jacobo Rousseau (1713-1788) influyó en forma determinante en Simón Rodríguez. Con su crítica inmanente a la historia espiritual y material del "progreso" de Occidente, se sumerge en el re-examen de la educación como liberación y focaliza a la desigualdad social; elementos y valores que movilizan al maestro: la crítica al "pensamiento racional" en su reclamo de la totalidad; su presunto monopolio de la certeza y de la intuición, ésta oposición o antinomia fue discutida en el contexto académico-filosófico, y es el centro de lo que denuncia Rousseau como destructivo en la Academia Francesa.

Los acertijos de Sócrates; teorías de Rousseau; el legado de Simón Rodríguez; la pedagogía de Freire y el modelo andragógico, acompañaron el empoderamiento de la subjetividad venezolano, con las Misiones Socio-Educativas. Desde Rousseau y Rodríguez , devino la certeza de creer poder construir un nuevo universo de la actuación de los hombres asociados, y la importancia del alcance de grados de autonomía. Emula en la educación, un momento de restauración espiritual y productiva, solo comparable con el proceso histórico acaecido en la Grecia de Platón que como recordaría Werner Jaeger, no es otra cosa sino "...una lucha para llegar al dominio del Estado y la educación..." (Jaeger: Prólogo VII, 1978). Rodríguez nos ubica en sentido estricto, en el espacio también social y no elitesco, en la superestructura de la sociedad.



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Joaquín López Mujica

Filósofo, escritor y diplomático

 j.lopezmujica@laposte.net

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