De la gaita zuliana a Corazón Llanero y las imposiciones mercantiles

Un personaje de la radio, de esos que pese a su poca cultura e identificación con los valores nacionales, tienen mucha audiencia, una vez, mostrándose contrariado por la disposición que da preeminencia a la difusión de la música nacional en radio y televisión, dijo la barrabasada “que en este país no hay suficiente música para cumplir con lo dispuesto”.

            Tal comentario, al parecer, sustentándose en el hecho que la industria disquera o de la música desde años atrás procura unificar el gusto de los venezolanos, no por el bien de ese arte sino hacer el negocio más rentable, tiene sus partidarios hasta en el seno de personas e instituciones oficiales. No obstante, bastaría decir que solo en cuatro Estados de Venezuela, Aragua, Lara, Nueva Esparta y Sucre – señalados en orden alfabético – hay tanta o más música que en muchos países del mundo. Tome en cuenta el lector que no  menciono entre ellos ninguno llanero, no porque entre ellos no haya buena música y en abundancia, que la hay por demás, sino porque precisamente es la más difundida.

            Alguien den muy alto nivel del gobierno dijo que antes de Chávez, “la música venezolana había sido desplazada”, confundiendo la expresión artística llanera como de la totalidad nacional. Con Chávez, es cierto, por el origen llanero y gusto del presidente por la música, su música, se logró que ella se escuchase en abundancia, mucho más que antes. Pero la industria musical, en materia de música venezolana, ha logrado en buena medida unificar el gusto o interés de los venezolanos para hacer mejores negocios. No se trata de un particular interés por el arte o lo que expresa la música misma, sino de ganar más con el menor esfuerzo. Si se logra que el mercado de la música se incline a favor de una sola manifestación el negocio será más lucrativo. Por eso, por años, siempre se ha intentado que creamos que en Venezuela hay poca música.

            Claro, lo anterior envuelve el interés de los inversionistas de la música. Los productores en grande. Pero no al sector oficial, al Estado, al de antes y al de ahora.

             Pero bastó que Chávez por la sencilla razón que era llanero, la cultura dentro de la cual se formó, sus gustos musicales pertinentes y naturales, contribuyera con la difusión en abundancia de ella, para que los funcionarios del Estado asumieran la música llanera como la única expresión de esa naturaleza en Venezuela. Antes, parece mentira, era muy frecuente y abundante que en las emisoras de radio y televisión se exhibieran o presentaran a los cultores de las distintas regiones del país; cada quien con su música, distinta una de otra.

            En una oportunidad, el recordado y excelente periodista que fue Augusto Hernández, margariteño para más señas, por este mismo asunto, con su habitual humor e ironía, dijo al presidente Chàvez, a través de una de sus crónicas, que le acompañaba en muchas cosas pero no tanto en los gustos musicales. Dijo además que en Venezuela había otra música. Justamente, el Estado Nueva Esparta, uno de los incluidos en la lista de arriba, donde nació Hernández, es uno de los que más y mejor música produce en el país.

            Pero los funcionarios del Estado, por razones fáciles de comprender, por lo que no hablaré de ellas, porque además es incómodo hacerlo, han asumido la idea y la conducta que sólo esa música se ha producido y se produce en esta patria totalmente distinta a como ellos la exhiben.

            He leído ahorita mismo un comentario sarcástico de Roy Chaderton Matos, por el atosigamiento de música llanera que, en el teatro Karl Marx, prodigaron a los cubanos asistentes al acto homenaje a Fidel Castro. Entiendo que el diplomático, por demás culto e inteligente, de esa manera se quejaba de ese empeño de ofrecer únicamente una faceta cultural de un país tan polifacético. Allá a la Habana llevaron todo el “Corazón Llanero”, el mismo espectáculo que viene recorriendo el país todo, mientras se ignora y hasta banaliza la variadísima riqueza musical de Venezuela.

            Un canal del Estado en particular, lo que no quiere decir que los demás no incurran en el mismo pecado, nos referimos a TVES, como los inversionistas en el negocio de la música, también intenta unificar el gusto musical de los venezolanos y desconocer el trabajo, arte, esfuerzo, belleza de otros nacionales.

            ¿Pero por qué el título hace alusión a la gaita zuliana?

            Porque en lo que se refiere a la música navideña, el negocio de la música, desde hace muchos años, logró imponerla en el gusto de la aplastante mayoría de los venezolanos. No es asunto de azar que en estas fechas, las emisoras, públicas, privadas y hasta esas que ahora llaman comunitarias, se encadenen con el excelente ritmo marabino. De esa manera, las disqueras logran producir y vender en grandes cantidades, con el menor esfuerzo financiero y trabajo, una sola música. Sería muy costoso, poco rentable y hasta trabajoso, vender toda la música regional navideña del país. Es el mismo concepto monopólico que además rompe con la diversidad, la naturaleza misma y la condición humana.

            Por esto, los aguinaldos orientales, en todo sentido más relacionados con la navidad, desaparecieron de la radio y televisión privada y pública. Toda la riqueza existente de esa expresión cultural sucrense y margariteña, por sólo nombrar estas regiones, por ser las que más conozco, ignoran por completo; como también a ese rasgo hermoso de ser un país lleno de distintas y variadas formas de cantar la navidad.

            Los agentes de venta del sector de la música, se encargan que los productores radiales sólo den salida a sus mercancías y se aplica el estereotipo que “eso es lo que gusta al público”.

           Pero lo más triste de todo esto es que el sector oficial, que se supone ajeno a las prácticas del capital, se asume igual que éste. Por supuesto, estoy consciente que no necesariamente esta conducta está determinada por las mismas razones. Hay otros motivos. Uno de ellos es la ignorancia. Actúan con la misma lógica del productor radial que aludí al inicio de este comentario.



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Eligio Damas


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