¡130 dólares mensuales!, no lo sabía, (ahora me siento culpable)

El optimismo de Cándido, o sea, del "economista criollo", es proverbial. Empecemos por los "servicios subsidiados". Para que el gobierno subsidie un servicio público, primero debe existir. Vivo en Caracas y el servicio de luz eléctrica (puede que haya otro de lámparas de Kerosene, ahora no se sabe) se interrumpe casi todos los días por lo menos 20 minutos, y estoy hablando de una zona casi que privilegiada. Si no hay luz no hay agua, pero si hay luz, tampoco hay agua. El gas doméstico está subsidiado solo para aquellos que tienen gas directo (creo), de resto, y hablamos de un inmenso resto, tiene que comprar gas licuado en bombonas carísimas y que nunca llegan, o cocinar con leña; en Mérida está subsidiada. Y del aseo municipal nos quejamos todos, menos aquellos que viven y comen de la basura.

La última bolsa del Clap contenía cuatro kilos de arroz, dos de harina de maíz y uno de azúcar, para aquellos que les llega... ¡El Cándido, debería tomar en cuenta el dato diferencial entre los que reciben los servicios, los que casi nunca, y los que nunca! Por eso deberíamos descontarle algo a esos 130 $ tan bellos, ¿no cree?, ¡diga algo economista!, ¡yo no sé mucho de números y estadísticas!

Los bonos son una bendición del cielo para los que los reciben (nosotros, casi nunca). Las jubilaciones y pensiones no suman dos dólares (el dólar está, para la compra de comida verdadera, proteínas, medicinas y demás fruslerías, en más de un millón de bolívares). …La analogía del economista criollo con el Cándido de Voltaire le sienta bien, pero hay algo en él que me falta definir.., y no es parecido al optimismo…

¿A qué viene ese cuadro tan ingenioso que nos hace ver como unos malagradecidos? ¿Sarcasmo? ¿Cinismo? No creo que el economista criollo sea un cínico. Es más bien como una quimera del mundo intelectual, un ser extraño, con patas de cerdo, cuerpo de gallina, cabeza de vaca y orejas de burro, tiene un poco de cada cosa, cada elemento jalando para su lado animal…, y en eso chilla.

Solo para que lo sepa, economista criollo, no pienso votar, ni por el gobierno ni por ningún otro candidato, y sus estadísticas no sirven, es un servilismo desmedido al gobierno de Maduro.

Por otra parte, unas elecciones no van a cambiar el país. Si nuestra población solo puede expresar su voluntad votando, estamos jodidos. En Chile salen a la calle y enfrentan a carabineros criminales, en Bolivia ganaron unas elecciones pero después de salir a la calle muchas veces, en un país con militares trogloditas y asesinos. Y aquí, emboscados por grupos de vende patrias farsantes, ¿la gente debe salir a votar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para demostrarle al mundo nuestra vocación de pueblo dócil, de que podemos elegir a nuestros verdugos? Prefiero esperar por otra rebelión, por un paro nacional, obligar al gobierno mentiroso a dimitir o a que dé la cara al pueblo chavista que lo sostiene en el poder, prefiero un pueblo en la calle presionando, junto a líderes conscientes y resueltos al cambio…, que a ese circo Tihany, a esa romería adeca que son las elecciones…. Y es que los más radicales ni siquiera llaman a un referéndum, sino a votar por los mismos pícaros de siempre, hablando de las mismas estupideces de siempre, repartiendo comida y prometiendo más comida y todo lo que no van a cumplir jamás, haciendo lo imposible para figurar, ¡fabricando ilusiones! como Tihany… "Economista criollo"… es el extremo de la disociación de la realidad.



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Marcos Luna

Dibujante, ex militante de izquierda, ahora chavista

 marcosluna1818@gmail.com

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