Christian Zerpa y Cilia Flores

Christian Zerpa, ex magistrado y ex pupilo de Cilia Flores, dice que –"Maikel Moreno es un delincuente". Un Diosdado Cabello cualquiera respondería (así fuera en su entorno íntimo) – "¡Con qué derecho va a decir eso! ¡Quién le va a creer a un acosador de mujeres!". Pero de cualquier manera, este "presunto" delincuente va a juramentar a Maduro el 10 enero y eso queda en nuestras mentes; es lo que se conoce en la Venezuela de hoy como "política seria", y esa forma de "política seria" queda en la memoria colectiva, para bien o para mal del gobierno y de la gente. Considerando el escalafón de sus protagonistas podríamos decir que se trata de "alta política", muy parecida a la que se practica en algunos rincones de Aporrea, la "alta política" del chisme. La gente se pregunta, si así se practica entre los más grandes ¡Qué quedará para la dirigencia de base y el resto de la sociedad!

Lo relevante en todo este chisme es el hecho de que Christian Zerpa fue "puesto" ahí por Cilia Flores, según parece, por razones "políticas", ¡y miren con qué les salió el muchacho! Es la calidad de nuestra dirigencia lo que está expuesto a los ojos de todo el mundo; "¡Este chisme no tiene pérdida!"

Las componendas políticas existen y todo el mundo lo sabe, pero nunca salen a la luz, hay una especie de "pacto de honor" entre pícaros ("honor entre pícaros": ¡da risa!), estos convenios entre gente de diferentes tendencias o con distintos intereses son frecuentes pero nos han acostumbrado a que solo se conozcan a través del rumor, del chisme barato, para así nunca develar el "misterio de los pactos". Es lo que se conoce como doble moral: "vicios privados, pública virtud". Pero, es inevitable: cuando alguien rompe el "voto de silencio" ¡sale el mierdero pa´ fuera!

Personalmente yo podría creer eso de que Christian Zerpa es un acosador de secretarias; tiene el perfil; tiene el rostro "Kevin Spacey", quizás no las preferencia, pero sí la pinta, pero, de igual manera puedo creer en lo que el ex magistrado denuncia de Cilia Flores y de Maikel Moreno ¿Qué tiene de raro? Lo que da tristeza es, que tanto esfuerzo por moralizar la política, que el "elevar" la política por interés del país de parte de Chávez, haya devenido en "Lusinchismo" puro; que estos improvisados hayan convertido los poderes públicos en una "invasión" y a Miraflores en una "casa de vecindad" – y me disculpo con las personas, que no tienen culpa de nada, pero no con estas "instituciones" bizarras-.

Se trata de la sempiterna guerra de las falacias: ad verecundia vs ad hominem; prestigian sus argumentos porque lo dice Maduro, o porque lo dijo Diosdado y a la vez descalifican el argumento contrario porque lo dice un "acosador" de mujeres o un "acusado de corrupción"; en los dos casos son falsos argumentos, muy comunes entre chismosos. En Aporrea son comunes, ¡tanto, que por lo reiterativo algunos rayan en lo patológico!

Y este es el punto importante que debemos examinar para una posible discusión política de altura: dejar a un lado el chisme y comenzar a pensar en nuestro destino como sociedad; ver a estos personajes con piedad y "pensar" que deberían ser mejores personas, en que todos deberíamos ser mejores personas, más allá de sentirnos los seres más buenos (bondadosos) del planeta. "Pensar reflexivamente", es la clave, en vez de "pensar" con la pacatería de una vieja beata.

Quizás todos hemos cometido alguna infracción en la vida, y siendo así no deberíamos menospreciar el sentimiento que nos impulsó a romper la norma por más pequeño que haya sido el tamaño del delito o por más altruistas hayan sido las razones que nos motivaron la infracción (en todo caso, la diferencia la hace aquí la cantidad de valor para delinquir). El caso es, como diría un personaje de Camus, que "o todos somos culpables o nadie es culpable de nada". Se trata de no juzgar o "jugar" con la culpa, como si fuéramos seres inocentes por el solo hecho de sentirnos buenas personas, y, como nos sentimos buenas personas, juzgamos, degradamos, destruimos la reputación de quién sea… porque nos sentimos mejores personas que los demás, lo que resulta siempre un contra sentido moral: buenos pero calumniadores.

Estos episodios de chismes nos deberían hacer personas más pudorosas ante la mirada del "mundo pensante" (y no es un chiste de los robertos); no es un comportamiento de "gente pensante", sino de gente resentida, sensible al insulto y a la calumnia pero que reacciona con el insulto y la calumnia. Nadie se detiene a reflexionar sobre lo que hacemos cuando no pensamos y damos rienda suelta a nuestra "pasión" de fanáticos frenéticos, de masa rabiosa y loca (diría JV Rangel, "perdimos la sindéresis", aunque tampoco es bueno tener tanta como la del periodista).

Con esto no quiero decir que seamos indiferentes frente al mundo que nos rodea, que practiquemos la pacatería o el falso pudor, hay personas, con nombres y apellidos, que no queremos o no nos gustan, y otras que sí, y lo decimos; lo importante está, en que estas personas, la mayoría de la veces no hacen la diferencia, cuando se trata de cambiar un universo social, un país, cuando se trata de cambiar valores encarnados en el cuerpo social; hay que tratar de elevarse uno, si no lo hacen los demás, por encima de esta hipocresía pacata. Hagamos como aquel personaje de Milos Forman, Antonio Salieri llevado a un manicomio, y absolvamos de culpa a los locos, "porque no saben lo que hacen"… Pero sigamos adelante con nuestra propia recuperación.



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Marcos Luna


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