El triunfo de la vulgaridad y la perfidia

De los que ahora se llaman con estridencia hijos de Chávez ninguno pudo sostenerle el paso al comandante, se cansaron en el camino y lo fueron abandonando uno a uno. Eso fue todo lo que pasó con estos malos herederos, lo demás fue una consecuencia inevitable. Si quieres alcanzar la cima, y tu voluntad se cansa,  te caes el vacío. Si no tienes fuerza para decir la verdad mientes. Si no tienes valor para reconocer tus debilidades haces de ellas virtudes. ¿Cuántos de ellos no maldijeron el momento de asistir al Aló Presidente, cuando realmente deseaban pasar ese fin de semana engañando a sus mujeres con putas prepago? Creo nos que hemos engañado con la calidad moral, o la estatura política de estos hombres y mujeres, de inteligencia llana y huérfana, sin principios, vulgares, sin nada que mostrar que los destacara como hombres y mujeres con “grandeza de espíritu”. Es fácil ser vulgar y simple, pero más fácil hacerse querer por el lado vulgar y simple que arrastramos todos dentro y fuera de nuestra mala consciencia, heredada de muchos años mal educados en la incultura, sumidos en la ignorancia, acostumbrados a lo tosco y a la vulgaridad, a lo soez como una gracia del carácter, a lo basto, a las líneas gruesas.

De ahí la comodidad que muestra el presidente para cantar cancioncitas obscenas o la incontinencia de Diosdado Cabello para hacer chistes homofóbicos, acompañados, los dos, de las sonrisitas, risas y carcajadas indulgentes, de Cilia, de Elías, de Héctor Rodríguez, la mirada seca y contenida de la “comandante fosforito”, y el resto de la escolta de beocios; es decir, nuestra “clase gobernante”…

…“La sociedad del 10 de diciembre” en pleno siglo xxi. Marx nos habla de ella en el dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Se trata de cómo este sobrino del primer Napoleón, nada dotado de virtudes y de la grandeza del primero, se apoyó de la capa más hundida de la sociedad: “Bajo el pretexto de crear una “Sociedad de beneficencia”, se organiza el lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas a la cabeza de todas. Junto a libertinos arruinados, con dudosos medios de vida y de dudosa procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, de presidio, esclavos huidos de galera, timadores, saltimbanquis, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerdas, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, calderos, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la Boheme…”

Al leer esto nos viene a la mente las contribuciones culturales a la ciudad del vocero ilustrado de la cultura urbana Jorge Rodríguez, y no precisamente por los cirqueros, que son trabajadores dignos, sino por su confusa idea que tiene de lo popular. Imagino que la proliferación de mendigos en el Metro de Caracas debe ser la nota distintiva que añadió su gestión como alcalde para contrarrestar el “arte burgués” temerario que quiso “imponer” su “competidora” de la Fundación “La Estancia” de PDVSA.  Pero nos viene a la mente muchas cosas propias y muchos otros rostros de nuestra “clase gobernante”.

Hay que aclarar que en el gobierno hay muchos oportunistas que son profesionales, mucho más inteligentes y serios que sus jefes; que no pierden tiempo con putas y libaciones, chismes, venganzas y resentimientos. Sin exponer mucho sus reputaciones respectivas se hacen millonarios a la sombra, por favores y concesiones recibidas,  servicios prestados, honorarios profesionales. Así hayan vestido una guayabera roja (de ceda) de vez en cuando, no se prestan para indignidades de baja calaña, callan y esperan que esta “gente de malo proceder” pase, que su comparsa de la nueva “Sociedad del 10 de diciembre” pase o sea encarcelada, o vuelta a su carril natural, en algún momento.

Todo se origina en una falta de voluntad, de entusiasmo revolucionario, que fue lo que distinguió a Chávez de todos ellos, de todos y cada uno de ellos. Después de su homicidio, después del cáncer destructor, nunca imitaron su fuerza de carácter. Su divisa dice ahora “Un pelo de cuca jala más que un yunta de buey” (es solo un recurso metafórico, no hay que tomarlo al pie de la letra) Liberados de la presión “revolucionaria” (“luchar todos los días”. (Como dijo Brecht, “esos son los indispensables”)) estos “flojitos” se rindieron a sus bajas pasiones, a los siete pecados capitales (y capitalistas), la lujuria, la pereza, la gula, la ira, la envidia, la avaricia y la soberbia.

Las consecuencias… fue la restauración del viejo sistema socialdemócrata, vasallo del capitalismo, amenazado por el socialismo impulsado y pensado por Chávez, a plenitud, y cederle espacios al fascismo. Exacerbar el odio xenofóbico, el nacionalismo demagógico, entregar la revolución de Chávez que no fue otra cosa que un impulso moral sostenido, una inyección de fuerza para los que nada han tenido en la vida. Para eso Chávez combinó la educación, de apoyo moral, dio a los desposeídos de todo, razones sagradas para defender la vida, la independencia, el derecho a la salud, a la alimentación, a la vivienda, a la educación a la cultura y el conocimiento, a pensar a soñar a crear a hacer de  la revolución una virtud, la cualidad humana por excelencia.



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Marcos Luna


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