¿Alguien lo sabrá en Caracas?: Mérida agoniza…

Los que vivimos en la ciudad de Mérida nos sentimos asfixiados, producto de la terrible escasez, casi total de alimentos, gas, gasolina, gasoil, efectivo y muy poco transporte.

Añádase a esto, los frecuentes apagones que dejan sin electricidad durante horas a la ciudad. Hay urbanizaciones que no tienen gas desde hace más de un mes, y según todas las informaciones que llegan no hay esperanza de que se pueda tener gas hasta enero o febrero del año que viene.

Como ya en la panaderías no se consigue pan, toda la gente que ha comprado harina de trigo (que se consigue) para hacer su pan de jamón, ¡está fuñida!

Familias enteras, pues, sin poder cocinar en sus casas porque tampoco tienen una cocinita eléctrica, que de paso cuestan hoy una fortuna. Mi vecina, una anciana de casi 80 años, sólo prepara sus cositas en microondas.

Debo decir que apoyaré hasta mi muerte el proceso revolucionario y bolivariano del Comandante Chávez y que lleva adelante el presidente Maduro. Sin ambages.

Hoy me he permitido hacer un recorrido por los pocos supermercados de la ciudad y sus anaqueles parecen cuencas de calaveras: técnica y tétricamente vacíos. Los chinos del puente de la Pedregosa sólo venden pepitos por carajazo y bastante fororo (tienen el kilo de sal a 41.000 bolívares, ¿y echarle sal a qué?); en el automercado Ciudad de Mérida parece que pasaron unas termitas y no dejaron ni las tachuelas de la cartelera; El Garzón está full de compradores, pero los artículos tienen precios de delirio y las colas son kilométricas y por lo general la gente sólo lleva una cosita: medio kilo de pasta, una cebolla, un paquete de arroz, una salsa de tomate o una mayonesa. En el automercado Santo Niño que está en La Parroquia (como no hay productos de ningún tipo) a la gente le ha dado por hacer cola pero para que la vacunen contra la difteria. El automercado Junior también se la pasa full con muchos productos carísimos, a veces vainas seriadas de relleno, pepitos por carajazo, fororo, afrecho y avena incomprables.

Lo que más espanta son los precios que nadie sabe cómo carajo los ponen. Hoy un kilo de jamón ahumado te lo cobran en Bs 47.000, mañana en Bs 130.000 y pasado mañana en 320.000. ¡Verga, Dios mío, si uno llevara una ametralladora…!

Después de esta amarga ronda por varios mercados, en plan de investigación, me dirigí a pie (recorrí más de cinco kilómetros) a un acto donde estaban juramentando a los alcaldes recién electos. De hecho, hubo una invitación por las redes para esta juramentación.

Cuando llegué al Polideportivo "Cinco Águilas Blanca", aquello estaba muy vistoso, y vi dos grandes secciones protocolares; una, con vistosas sillas para los "dignatarios" y al fondo, por allá en el gallinero, el pueblo. Nuestro dulce y amable pueblo. Ambas secciones muy bien separadas con vallas y con soldados para que la chusma no osara mezclarse con los altos funcionarios.

Me acordé de los adecos.

Dije para mis adentros: "yo sé dónde están los verdaderos revolucionarios…, pero de momento no los veo… ¿por qué se disimularán tanto?".

Chávez se habría arrechado.

Por qué pensaré tanto en Chávez…

Y me fui al gallinero, recordando a Martí: "con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar…".

Me sentí bien compartiendo con el pueblo, luego me escabullí y… salí a pleno sol, y cuando llegué a casa estaba sudando a mares y sobrecargado de melancolías insondables…



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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