La Ley, la Justicia y los principios elásticos del Fiscal Tarek William Saab

Hoy “la ley” persigue a muchos infractores, juzgados moralmente por el fiscal sin ni siquiera haber una sentencia definitiva, legal, dictada por un tribunal. Sin embargo son expuestos públicamente como delincuentes corruptos en una especie de espectáculo escandaloso. Son llevados con esposas, unos señores que, según el Estado, en cualquier momento pueden salir corriendo, huyendo de la justicia, “porque se saben culpables”. Las esposas sugieren eso, un delincuente que puede huir de la justicia, es decir: culpabilidad.

Ahora bien ¿Quién juzga? ¿Acaso el Fiscal, viviendo en un país lleno de dinero y oportunidades para satisfacer gustos no ha sido tentado por la ostentación, por la desmesura y la vanidad, por ejemplo, siendo gobernador del estado Anzoátegui, un estado con real abundante? Es probable que no, que el Fiscal sea un “hombre recto” ante la ley ¿Pero ante la justicia de su propia conciencia?

Empecemos por su militancia. Se sabe que el Fiscal fue militante del PRV, un militante socialista. Un militante recto lo es ante sus principios, no ante la ley. La ley es susceptible de cambiar, los principios no. Y más aún cuando esa ley es una ley burguesa en su conjunto,  una especie de monstrico hecho de retazos de “pensamientos avanzados” al lado de conceptos medievales y de una ñoñera de cosas mal redactadas ¿Por qué es así nuestra Ley? Porque nuestras leyes no las une un proyecto de país único. Todavía se siguen redactando leyes a conveniencia (el Estado no existe ni siquiera en su forma burguesa), improvisadas, para resolver asuntos inmediatos, sin pensar en las consecuencias futuras  (como la ley contra el odio, al lado de la ley que estimula las inversiones capitalistas: y no hay peor odio que el de la explotación capitalista).

Bien, nuestro fiscal además de acusar, juzga moralmente, al exponerlos ante la prensa, en “cadenas” con una especie de ceremonial rimbombante, a un grupo de gerentes de PDVSA Oriente. Estos están involucrados con una serie de casos de corrupción, malversación o robo de dinero (exactamente no se sabe la tipificación de cada uno de los delitos cometidos) ANTE LA LEY.  Pero todavía no son juzgados debidamente por un tribunal; la exposición ante un público ávido de culpables, lleno de odio, este acto es como una condena a muerte. La gente en la calle, hasta el más crapuloso borracho ladrón de poca monta, se siente feliz por esto, y así todos.

Pensemos quienes juzgan junto al Fiscal a los corruptos presos: una secretaria reposera, una señora de servicio que le roba el jabón a la patrona, su vecina que bachaquea los artículos de las cajas del clap, un vigilante que deja pasar contrabando por alguno bolívares, otro gerente que estuvo cobrando vacuna a contratistas del Estado pero que se cuidó de que no lo descubrieran, en resumen, una masa de gentes sin principios. Más principios tiene un atracador de bancos, que por lo menos es valiente y está robando a otro ladrón.

Dijimos que Tarek William Saab fue un militante del PRV y que se supone su conducta la orientan principios, o más bien, la debería guiar sus principios, sin embargo, al exponer a los acusados a escarnio de este pueblo, en su mayoría picaros ávido de venganza, se salta el principio de la justicia, no la Ley, que es reflejo del Estado. Y la justicia, en este caso es determinada por sus principios. El Fisca padece de eso que se conoce como como doble moral.

Los principios del Fiscal, en caso de que todavía crea en el socialismo, en la revolución socialista, le deberían dictar acciones más comedidas, más “justas” y respetuosas por la integridad de las personas, pero, además, hacerlo reflexionar acerca de “otros delincuentes” más descarados, como los dueños de bancos, que especulan con el dinero de la gente común y del mismo gobierno; Debería “acusar al capitalismo” por robo e incitación al robo y al delito, por ser la causa principal de la violencia social, de ser el “autor intelectual” de la corrupción y de sus acicates.

Afortunadamente parece ser que el Fiscal no ha caído en tentaciones, o puede ser que no haya  evidencias que lo condenen (es decir, no tiene yates, sortijas de oro, un Rolex, una cuenta secreta, un testaferro, o no lo hayan grabado las cámaras del supermercado escondiendo una latica de aceite de oliva dentro del pantalón). La moralidad que juzga y expone al escarnio público a cualquier acusado, sea incluso del crimen más abyecto, es la misma del hombre que es honorable y honrado, solo por el hecho de que no ha sido cogido en falta; la misma del difunto Jorge Olavarría, quien acusaba a medio mundo desde la Asamblea en la prensa, y en su casa le caía a coñazos a su mujer. Los principios del Fiscal son elásticos, sirven para todo, tanto para respetar La Ley, como para cambiarla a conveniencia; para aliarse con los enemigos; inclusive para vender una parte de ellos, aquel pedazo que le impide ser como todos los demás seres humanos menos dignos, vanidosos, desenfrenados ambiciosos, que se quieren dar algunos gustos en este despelote.

 



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Marcos Luna


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