Arena política

El Estado se disuelve

Nos encontramos en presencia de la disolución del Estado venezolano, increíble pero, ¡cierto! En nuestras propias narices, el ¡estado se disuelve! Se disuelve el Estado cuando el Tribunal Supremo de Justicia se abroga competencias que la Constitución no le dio, ni se fijan límites a pesar de que existen, llegándose al colmo de intentar disolver la Carta Magna que el Soberano se dio. Se convierte el TSJ en el sepulturero de la democracia venezolana.

Es un principio marxista plantear el tema de la disolución del Estado socialista para dar paso al Estado Comunista una vez que se haya logrado la perfección del Estado, teoría que paulatinamente fue abandonada por dicha doctrina y colocada en la máxima del Pensamiento utópico. Pero en el caso que nos compete la situación es otra, ya que nuestro Estado se inscribe en el Sistema Capitalista con preeminencia de políticas neo-liberales donde el extractivismo minero es la palanca fundamental de la economía. Nos encontramos frente a un gobierno que ha sido incapaz de reconocer los errores que todo gobierno, en ejercicio de sus funciones, puede cometer y es válido ya que no existe en el mundo gobierno alguno que no haya cometido errores entonces, lo democrático y sincero es reconocerlo y convocar a la población a cambiar el rumbo, el no hacerlo ha convertido al pueblo todo a vivir una gigantesca tragedia que nos mantiene en la peor crisis política, económica, social y moral de nuestra historia republicana.

El Gobierno-PSUV continúa disolviendo las instituciones y para ello se basa en argumentos baladíes, pero demostrando la fuerza que todo Estado tiene para aplastar cualquier manifestación en su contra. Hasta el momento se calculan 16.000 heridos y alrededor de 100 muertos y escribo “alrededor” por el grado de desorganización estatal que no dan cifras exactas. Y como si fuera poco ya nadie comenta de las cifras de muertes por delincuencia común, pero definitivamente el hampa hace de las suyas ante la mirada triste del ciudadano común.

Se disuelve el Estado cuando proliferan los negocios de bachaqueros amparados por el Estado, sea este nacional, regional o municipal, ahora llegamos a negocios establecidos donde venden productos regulados al precio que le da la gana al propietario donde se entrega factura fiscal sin precios detallados. Cuando el Estado no garantiza alimentación, salud, seguridad e integridad moral, estamos en presencia de la disolución del Estado.

Cuando las fuerzas del orden público allanan torres completas de viviendas familiares causando destrozos, estamos en presencia de la disolución del Estado. Cuando un militar agrede a un ciudadano que representa a todo un pueblo o permite que sea golpeado ante la mirada indiferente de aquel que juró respetar y hacer respetar las leyes, estamos ante la disolución del Estado. Cuando la Justicia no se aplica a tiempo se convierte en una gran injusticia, estamos en presencia de la disolución del Estado. Cuando un Tribunal de la República emite una orden de excarcelación y no es acatada estamos en presencia de la disolución del Estado. Cuando se rematan bonos de deuda pública estamos ante la disolución del Estado. Cuando no se rinden cuentas, se está disolviendo el Estado. Cuando se niega la participación ciudadana o se posponen elecciones al antojo de los Poderes establecidos, estamos frente a la disolución del Estado. Cuando se interpreta caprichosamente la Constitución, se está disolviendo el Estado.

Toda esta tragedia la vemos, oímos y sentimos a diario los patriotas venezolanos que vemos horrorizados como se disipan las letras que se escribieron en la Constitución que nos dimos mediante referendo en las urnas electorales allá en 1999. Ahora nuestra Constitución es letra muerta. Más están pudiendo las balas que los votos. La “nueva” Fiscal General de la República no necesitará entrar oculta en el maletero de un lujoso carro a su Despacho, ahora será recibida con honores en las recepciones oficiales y quizá será condecorada por su arrojo y valentía, como un ejemplo más de la “disolución del Estado”. He allí nuestra tragedia ciudadana.


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Ezequiel Aranguren


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