Autofagia política

 

La necesidad de auscultar no sólo a través de los resultados de unas elecciones como las recién realizadas en Venezuela, sino observando un poco más allá de los números sueltos que nos arroja el resultado electoral. Necesario es pensarlo desde una perspectiva totalizante, integradora, aplicando como método de análisis la transcomplejidad ya que si dejamos de lado la observación objetiva y subjetiva caeremos en el simplismo que en poco o nada ayuda. La crítica no debe tomarse como un elemento mordaz, de linchamiento político, no obstante es menester expresarse sin cortapisas pues de lo que se trata es de buscar caminos de esperanzas para un pueblo que hoy sufre al sentirse desorientado y subsistiendo, agobiado por los problemas del día a día. Las condiciones objetivas deben ser consideradas como elemento básico para invitar a la participación de cualquier ciudadano, pues, agobiados por una pandemia que ha destruido a una gran parte de las familias venezolanas es, objetivamente hablando, una realidad. El desastre económico provocado por la mala gestión gubernamental y por las sanciones de los EE.UU contra Venezuela, es decir, contra todos nosotros, que provocó no sólo el derrumbe de una economía sólida sino la emigración de millones de venezolanos trayendo consigo la destrucción física y mental de millones de hogares es una tragedia social. La pérdida de cientos de miles de empleos, aunado a la hiperinflación provocada por la impresión de dinero inorgánico de parte del BCV pulverizando así el bolívar como moneda, castigando de forma directa a los más de tres millones de empleados públicos y a otro tanto de pensionados y jubilados más aquellos que de alguna manera recibían algunos bonos y alimentos del gobierno dio paso a Venezuela como el País más pobre del mundo. ¿Quién en su sano juicio, puede pedirle a un pueblo respaldo alguno cuando son ellos los olvidados de Dios? A la realidad económico-social debemos agregar las objetivas condiciones políticas. El gobierno-PSUV, conociendo las debilidades de la oposición se trazó una estrategia macabra y aprovechándose de sus contradicciones internas y de su condición de gobierno autocrático, los intervino y adjudicó la representación a quienes ellos creían conveniente. La disputa entre esos factores opositores hicieron mella en el subconsciente del ciudadano común (condición subjetiva) a tal punto que cayeron en un total descrédito. Si a eso le sumamos los públicos enfrentamientos tanto por razones políticas como por acusaciones de corrupción, sin dejar de lado la cultura de la abstención impuesta y aún mantenida por esa dirigencia. Ese complejo cuadro sostenido por una dirigencia carente de ética política ha traído como consecuencia una profunda decepción y más angustia en la sique del venezolano quien se encuentra acorralado y desorientado. Así acudimos a un proceso electoral con un partido de gobierno disminuido, pero, luchando por su subsistencia y en la acera del frente alrededor de setenta mil candidatos que se creían poseídos por los dioses del Olimpo, practicándose la autofagia política, que no es más que el darwinismo a su máxima expresión. ¿Acaso pensaban en hacer Patria? Definitivamente, ¡NO! Ambos bandos pensaban en ellos mismos en tanto que personas, ni siquiera en sus propios partidos o tarjetas, era su propio ego quien los seducía. ¿Acaso se iba a conseguir respaldo popular con solamente señalar a los responsables de la tragedia cuando en épocas que no son electorales, ni siquiera se acercan a las comunidades a ofrecerles solidaridad? Hoy culpan de la derrota a la abstención cuando es sabido que el histórico en elecciones regionales apenas alcanza el 40%. Los culpables están allí. El PSUV disminuyó de nuevo su votación y se alzó no con la victoria, pero si con las gobernaciones y alcaldías. Y los que adversan al gobierno, con los votos esparcidos, logran la mayoría real, pero no aplica para la victoria, lo que a las claras nos indica que el Gobierno-PSUV, no ganó, la MUD, fue la gran perdedora. Los deseos de eliminarse mutuamente practicando la autofagia política, los llevó a la triste derrota, pero, cómo me gustaría que se hicieran un examen de conciencia para que mañana no repitan su cruel "azaña". La derrota es huérfana, y como el futuro nos pertenece, debemos desde ahora, deslastrarnos de tanto hipócrita y conformar una nueva alternativa para continuar la lucha. Tracemos una estrategia clara, de cara el país, en relación directa con los ciudadanos, allí está el futuro.



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Ezequiel Aranguren


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