La mentira nos gobierna (y la idiotez también es ¡tendencia!)

En unas declaraciones a la prensa Freddy Bernal asegura que todo lo que contienen las cajas de los claps son 100% productos nacionales ¿A quién le miente? ¿A la clase media orgullosa? ¿Habrá alguien dispuesto, dentro de esa grey, muy uniformada en sus convicciones, a creerle a Freddy Bernal?… (Porque los chavistas sabemos de sobra que eso no es verdad) ¿Qué será eso que muchos de nuestros líderes no puedan dejar de mentir?

Eso parece una minucia, una cosa sin importancia. Muchos inclinados a los prejuicios dirán ¡Qué le pasa a este pendejo!... ¡Si la derecha no hace otra cosa que mentir! Y por ese motivo disculpan a Freddy Bernal de tratar de timar a alguien, aunque sea sobre un tema aparentemente nimio.

El asunto es que mentir de manera impulsiva lleva a mentir de manera compulsiva, o viceversa. El caso es que mentir en una tontería como esa es mucho peor que mentir donde uno se juega la vida, porque es como un defecto de carácter, a veces mentir es distinto que vivir en y de la mentira.

La derecha, la oposición, la clase media, la sociedad capitalista, egoísta, pequeñoburguesa vive de la mentira, eso es un inmensa verdad del tamaño del Sol. El capitalismo descansa sobre el lomo de una gran mentira del tamaño del mundo. Pero todos los revolucionarios sabemos eso. Con más razón deberíamos vivir cerca de la verdad, por eso, a menos que sea en extremo inevitable y como una absoluta excepción, la mentira para el revolucionario no puede ser una opción en las prácticas de vida política, personales y sociales. Lo que para el capitalismo es una práctica política social y personal normal, todo lo que para la sociedad burguesa es natural, es costumbre y hábitos, para el revolucionario debe ser una gran interrogación. No hay acción revolucionaria sin reflexión, sin crítica, sin control, sin la intención de descubrir una verdad.

Pero nuestros líderes están imposibilitados para hablar con la verdad. Sienten vergüenza de la verdad desde los mismos valores burgueses de ocultar la verdad siempre que sea posible. Valores muy ligados al error y por eso lo esconden, a las debilidades, a los vicios, a las enfermedades, al conflicto, al dolor y la muerte, a lo "humano demasiado humano". El burgués (y el pequeñoburgués) es pulcro y coherente por fuera, pero por dentro, un desastre. En cambio, el revolucionario se enfrenta a lo humano con valor, al error, a las contradicciones, a la enfermedad, no oculta lo feo, lo confronta, lo saca a flote, lo endereza, o por lo menos lo intenta de manera humana, obsesiva, controla su neurosis, diría Reich.

Por eso, un burócrata de la revolución no debe mentir sino confrontar y buscar resolver las contradicciones, vivir de cara a ellas, no escondiendo la basura debajo de la alfombra (imagen muy burguesa).

Por eso, el camarada Bernal no debe decir que los productos de los clap son 100% nacionales. Es una mentira muy evidente.

Sin embargo hay maneras y maneras de mentir, otras menos evidentes, más sutiles, que se cuelan por los recovecos del engaño, de la complicidad y del auto engaño.

Pero ese terreno cenagoso del engaño y el autoengaño no es el mismo donde se mueve el capitalismo, el cual es mucho más directo y premeditado, casi que aséptico por sus métodos. El ambiente donde la revolución miente y engaña es turbio, huele mal, es confuso, es inmoral. Mientras la amoralidad es tipifica en el campo de la ética al método de la mentira continuada en la sociedad burguesa, la mentira y el disimulo en la revolución es inmoral, respecto a los valores o ideales revolucionarios y socialistas, es una mentira delictiva, es condenable dos veces (como nuestra constitución sanciona dos veces, un mismo delito de prevaricación, en los administradores públicos)

La mejor defensa que tiene la revolución es hablar con la verdad, marchar por la verdad y no de manera reactiva confundiendo a la gente (por el decreto de Obama, en contra del imperialismo, a favor de la constituyente, contra el terrorismo ¿Cuándo convocará una marcha por el socialismo?) esta verdad está en todas partes, no nada más en el terreno donde somos víctimas de la intolerancia, de las calumnias del imperio, de los capitalistas. La verdad para el revolucionario está sobre todo en el fondo de eso turbio, donde no podemos distinguir lo bueno de lo malo de la sociedad y de sus individuos, los valores por los cuales peleamos alguna vez, la verdad está también ahí, detrás, donde disimulamos el error.

No podemos mentir porque mentir sea lo de ahora, porque, como todos mientes yo miento, porque si él miente, por qué yo no. No podemos disimular los errores, nuestras incapacidades, no podemos querer ser inmaculados solo por fuera, como lo hace la sociedad burguesa. Hay que luchar para serlo desde dentro, desde la cruda verdad de lo que somos, en acto y palabra, con "control", lo más inteligente y racional posible, sin perder el norte de nuestros ideales. No podemos mentir por incapaces. En revolución eso está prohibido.

Disimular, distraer, exaltar nuestros prejuicios, festejar las derrotas, hacer un Show de lo serio (cuando debemos convencer, explicar, educar con la verdad) esas son algunas formas que cobra la mentira que se han puesto de moda en todos los espacios.

Es insólito que una revolución socialista, que tiene mucho que decir y enseñar; mucho que explicar, que convencer, sustituya la política por la publicidad, por el oportunismo y la improvisación (es el caso de la constituyente comunal). El mensaje es, que estamos peleando por lo mismo y en el mismo terreño que nuestros enemigos, por el poder y dentro del capitalismo (la constituyente económica: un mareo para constitucionalizar el sistema capitalista). Nuestros métodos de engaño son los mismos, no hay, en términos prácticos, ninguna diferencia con el enemigo: Las redes sociales, la televisión, el Show, el Circo, la distracción, los prejuicios, la exacerbación de la violencia y el mismo odio sin razonar sin tomar partido ideológico, métodos tan vacíos y tibios, como vacío y frío es el capitalismo. Pero la peor mentira es el disimulo el gazapo, la trampa.

Revolución es NO MENTIR JAMÁS, ¡ya basta!

 



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Marcos Luna


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