La segunda muerte de Bolívar: ahora asesinan la patria

Cuando la noticia de la muerte de Bolívar se extendió a todo lo largo del continente, excluyendo el pesar sincero de los amigos leales, una sensación de placentero relajamiento y de hastío de la historia se apoderó de los pueblos americanos y de aquellos de sus dirigentes que habían esperado con ansiedad el momento de heredar - con beneficio de inventario – la autoridad política del gran hombre

 

Indalecio Liévano Aguirre – Bolívar –

 

Desde la firma del Acta de Independencia el 5 de Julio de 1811, hasta el 22 de junio de 1826 con la instalación del Congreso de Panamá nuestra historia pre y post-independista marcó una época de intensas batallas, en donde la esclavitud, el hambre, la barbarie carnal de la época, el saqueo de nuestras perlas y la sumisión del pensar, marcaron el dominio que el imperio español había ejercido sobre nuestra población indígena y mestiza. Fueron tres lustros, en los cuales la guerra tenía una síntesis en su origen de lucha: la libertad.

Por eso Bolívar, se convirtió en un ser excepcional. El Manifiesto de Cartagena, La Carta de Jamaica o el discurso en el Congreso de Angostura en el plano de su pensamiento político. Su gesta militar de la Campaña Admirable o en las batallas de Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho (ésta última comandada en sitio por Antonio José de Sucre) revelaron su talante de liquidar al adversario (siempre fue respetuoso de sus oponentes en batalla) con máximos resultados y mínimas pérdidas humanas. Incluso etapas muy críticas como la emigración a oriente o el paso por los andes se convirtieron en derrotas transformadas en victorias, pero no por simple retórica, sino por una praxis concebida de comprender los procesos históricos, políticos, económicos y sociales en las primeras décadas del siglo XIX.

La muerte del Libertador el 17 de Diciembre de 1830, dejó en evidencias quiénes eran los leales y los traidores a Bolívar. Un claro ejemplo de esa etapa histórica está escrita por Eduardo Blanco (2000), quien desde las líneas de antología en Venezuela Heróica, sobre la impecable y decisiva victoria de Carabobo (1821), el autor nos relata:

 

Después de "Carabobo", el ejército español se vio obligado a refugiarse en la fortaleza de Puerto Cabello, único pedazo de tierra que, al amparo de fosos y bastiones, quedara a la Metrópoli de aquel inmenso territorio sometido a sus armas por tres siglos. Allí fue a guarecerse el león soberbio de Castilla; más no por largo tiempo: su amurallado recinto fue asaltado por Páez en 1823; y hubo para siempre de abandonar a Venezuela (p. 434)

Es decir, el protagonismo de Páez, así como su incuestionable entrega, lealtad y amor por la lucha de independencia no sólo estuvo marcada por su inquebrantable victoria militar junto con sus lanceros en Queseras del Medio (1819), cuyo triunfo militar, fue descrito por Bolívar como la proeza de 150 héroes dirigidos por el "impertérrito" líder llanero. Por ello, negar que Páez fue un valiente militar de incuestionable e infranqueable honor en búsqueda de la libertad, sería negar las palabras de Bolívar.

Hoy, no tenemos dudas, por la evidencia de los hechos, que así como Páez, al principio de las batallas de independencia, vio en Bolívar un ser sobre el cual apuntalar su astucia, sagacidad y liderazgo, sin menoscabo del amor por la patria y el liberar a su pueblo, tampoco es menos cierto que las mieles de ese poder, también lo transformaron en su integridad pensativa, espiritual y hasta corporal; verbigracia, ni siquiera Páez, pudo ocultar después de la muerte de Bolívar su interés por mantenerse en la presidencia de la República, estando al frente del país durante tres oportunidades, 1830 – 1835, 1839 – 1843, 1861 – 1863.

Lo más grave de esa parte de nuestra historia, es que la mitad de la Guerra Federal (1859 – 1863), se ejecuta sobre el último mandato de Páez, es decir, sería corresponsable en su período de la muerte de más de 100 mil venezolanos, la mayoría campesinos muy pobres, y lo más irónico, pueblo llano, del cual había salido el protagonista de la frase "Vuelvan Caras". ¿Cómo explicar esa actitud de Páez sobre sus hermanos de Apure, Guárico, Portuguesa, Barinas y Cojedes, estados que fueron epicentro de esa encarnizada lucha?

Tampoco, podemos ignorar, finalizada la sangrienta guerra, las palabras del general Arismendi (1864): "luchamos cinco años para sustituir ladrones por ladrones y tiranos por tiranos". En otras palabras, ¿Será posible establecer analogías entre lo que fue Venezuela entre el período 1958 – 1998 con lo que ha ocurrido desde 1999, y de manera muy particular, entre 2013 – 2016?

Por ello, en la actualidad, cuando algunos hablan en nombre de Hugo Chávez sobre la continuidad de la revolución bolivariana, sólo alcanzamos a ver el cómo han destruido al país. Después de tres años de su muerte, no hace falta, sino establecer las comparaciones entre lo que ocurrió en aquella etapa histórica de cruentas luchas militares y civiles, con lo que estamos viviendo en el medio de la tristeza, amargura y el hambre que nos sacude como una malograda patria bolivariana.

En consecuencia, quienes ayer asesinaron a Bolívar en el plano de su sueño de integración y construir una patria unida para el bienestar de los pueblos; en plena contemporaneidad, vuelven a asesinarlo. Esta vez no sólo en sus ideas y pensamiento político, sino como referente en su valor monetario, cuando incluso han dejado a un país sin la posibilidad que pensionados, jubilados y toda una población, pueda hasta pagar un simple pasaje en una camionetica de transporte público.

El madurismo no sólo asesina a Bolívar como referente supremo de nuestra historia, sino que lo desaparecen como imagen positiva de esperanza para un pueblo, cuando han logrado construir en la psique del venezolano, que es más importante el dólar para sobrevivir, porque todo lo que sea recibido en bolívares, simplemente es para beneficiar a las mafias y corruptos, y porque simplemente: el bolívar no vale nada.

Ante esa situación, el pueblo debe comer en el medio de la basura, o hasta quemar entidades bancarias de una llamada "banca pública", porque el gobierno les niega hasta esos degradados "bolívares" para comer.

El madurismo logró lo impensable. Primero asesinaron a Chávez en su contexto político e ideológico. Ahora lograron la segunda muerte de Bolívar, sólo que esta vez, fue asesinada la patria. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

 

Referencias

Correo del Orinoco (1818 - 1822) Reproducción ordenada por el Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, general, Eleazar López Contreras, con ocasión de los cincuenta años de la academia de Historia de Venezuela, con prólogo del académico de número señor Luis Correa, e impresa en Paria, en 1939, por Henry Dupoy. Primera edición colombiana (1998). Coeditores. Fundación Fica y Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Panamericana, formas e impresos

Blanco, E. (2000) Venezuela Heróica. Caracas. Eduven

Irwin D. y Micett I. (2008) Caudillos, Militares y Poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela. Caracas. Universidad Católica Andrés Bello

Liévano, I. (2011) Bolívar. Caracas – El perro y la rana



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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