Quinto malo

Voy a ver qué hay...

Hasta hace poco, quien necesitaba un cepillo de dientes, por ejemplo, iba a una perfumería, a una farmacia, a un abasto o supermercado y, directamente (siempre que tuviese el dinero, que es la mediación necesaria en cualquier intercambio mercantil) saciaba la necesidad básica de mantener sus dientes aseados.

Si usted presenta algún tipo de quebranto o dolencia elemental, seguramente recurra a un producto antipirético o analgésico que contenga acetaminofén. Iba a la farmacia y, de cualquier marca o presentación podía adquirir (dinero mediante) el producto farmacéutico.

Igual en cuanto a la alimentación. Si usted quería preparar un sancocho de pescado, se dirigía al supermercado para comprar una cabezas de jurel, verduras blancas, plátano verde, cebollas, ají dulce y ajo u otras ramitas que le quisiera añadir. Si no conseguía los insumos quizá terminaba decidiendo por hacer un cruzado, un hervido de res o una sopa de pollo. Pero su consumo lo decidía usted, por sus gustos, por sus hábitos culturales o costumbres familiares. Ahora las grandes transnacionales de distribución y venta de alimentos, como la Polar o Central Madeirense le imponen a usted que vaya “a ver qué hay”. Lo que a ellos les da la gana de que haya, para que usted se moleste, se fatigue o termine guardándoles sus productos, convirtiéndole a usted en un bachaquero o un acaparador básico. Muy parecido a ellos mismos, pero en chiquito y sin posibilidades de llegar al rango de explotadores, que sólo ellos ostentan.

Es que ahora las cosas han cambiado. Una especie de chip se ha colocado en los cerebros de un sector importante de la sociedad venezolana que anda por allí cazando colas para meterse en ella y “ver qué hay”. También existe una variante del mismo imperativo que hace que en los establecimientos grandes de mercado de bienes alimentarios o de uso básico, se amontonen grupos de personas “esperando a ver qué sacan”. Es decir que estamos ante la descarada imposición del consumo (consumismo) por parte de los grandes imperios de distribución y venta, que forman parte de la estrategia terrorista del gran capital conocida hoy como guerra económica.

Un nuevo tipo de consumidor, con suficiente liquidez monetaria en sus bolsillos pero con proporcional discurso de lamentos y quejaderas en contra de la Revolución Bolivariana, del chavismo y, particularmente, de la figura del camarada Presidente Nicolás Maduro, anda contribuyendo “inocentemente” con los planes golpista y desestabilizadores que se diseñan desde el Pentágono y la CIA y que guardan un enorme parecido con los ejecutados, bajo el nombre código de Plan Cóndor, en los países del Cono Sur, particularmente por la experiencia de gobierno socialista elegido democráticamente en Chile, con la figura del compañero Presidente Salvador Allende, derrocado cruentamente el 11 de. septiembre de 1973.

La reflexión y alerta del día de hoy la hago a nuestras hermanas y hermanos patriotas, porque es la Patria lo que el imperio nos quiere arrebatar. Y, sobre todo, nos quiere arrebatar la posibilidad de que esa Patria sea definitivamente independiente y socialista. Es decir, para el disfrute de la mayor suma de felicidad para todas y para todos, tal como lo planteara nuestro Libertador, Simón Bolívar. ¡Alerta!



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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