Libre Competencia o manipulación de costes y precios Parte II

La igualdad pregonada y defendida por la burguesía revolucionaria francesa dejaba por fuera a los proletarios; regiría más para los oferentes que para los demandantes.

La versión comercial sobre la ley de la oferta-demanda resulta muy romántica cuando se supone que los desequilibrios entre esos dos contrarios se traducen en variaciones de los precios de las mercancías que terminen siendo demandadas.

Observemos que la libre competencia está más reservada al fabricante y al comerciante que al consumidor final que, si a ver vamos, demanda todas las mercancías con inclusión de las de demanda intermedia que terminarán siendo compradas por consumidores finales tan pronto los fabricantes intermedios hagan la correspondiente transformación en bienes de primer orden.

Ocurre que mientras los demandantes potenciales con poder de compra suficiente son siempre susceptibles de sobrepujar la oferta del momento, esta última es gobernada unilateralmente por fabricantes e intermediarios. Digamos que, en condiciones de estabilidad social, la oferta nos luce y tiende a rezagarse ante una demanda que tira a mantenerse en avanzada.

Así, la paz social, por ejemplo y paradójicamente, debería ser defendida más por los fabricantes y comerciantes que por los consumidores. Esto no es así y hemos visto que las condiciones de conflicto social, de inestabilidad económica, por lo general tiene como responsables a esos mismos capitalistas de la producción y del mercado.

Sin embargo, esta burla de la contradicción entre la oferta y la demanda sólo refleja la “asimetría” que se da entre la clase burguesa y la proletaria, pero se torna inviolable cuando la competencia corre a cargo de capitalistas entre sí. Los oferentes jamás se pondrán de acuerdo en que algunos capitalistas obtengan mejores tasas de ganancia que otros, y la competencia entre ellos mismos busca la igualación de todas las tasas para todos los capitales. A esta tipo de igualdad se refirieron los burgueses franceses cuando enarbolaron aquellas banderas de confraternidad, hermanada e igualdad para derrotar a la feudalidad monárquica de aquellos tiempos de revolución.

Cuando las tasas de ganancia se manifiestan desiguales, los capitales suelen emigrar hacia los mercados de mayor rendimiento; se forman así los poco comprendidos “precios de producción” a partir de los cuales se derivan los “precios mercantiles”, así como de estos se forman los precios finales de venta al consumidor.

Corolario: mientras los oferentes o capitalistas pueden contraer la oferta a su capricho, manipularla y fijar los precios más gananciosos, los proletarios no pueden contraer su demanda, so pena de dejar insatisfechas sus más importantes y vitales necesidades.



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Manuel C. Martínez M.


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