Entrevista al ecologista Antonio Elio Brailovsky

"Si hay una COP25 quiere decir que se han reunido 24 veces y han fracasado"

Antonio Elio Brailovsky

Antonio Elio Brailovsky

Mario Hernández

Rebelión

La COP o Conferencia de las Partes, por sus siglas en inglés, es la reunión de los países firmantes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)

ANTONIO ELIO BRAILOVSKY

Nacido en Buenos Aires en 1946 y licenciado en economía política, Antonio Elio Brailovsky es profesor titular de las Universidades de Buenos Aires y Belgrano, y fue convencional constituyente de la Ciudad de Buenos Aires. Como periodista ha colaborado en la radio y en la prensa, y como escritor ha publicado en Argentina numerosos ensayos sobre economía y ecología (por ejemplo, Historias de las crisis argentinas y Memoria verde), así como obras de teatro, novelas (entre las que cabe destacar El asalto al cielo, Esa maldita lujuria, la finalista del XVII Premio La Sonrisa Vertical Me gustan sus cuernos y No abrirás esta puerta) y un libro de cuentos. Isaac Halevy Rey de los Judíos es una reedición de su novela Identidad, publicada en 1983.

1° de diciembre de 2019.-

Mario Hernández (M.H.): El próximo 2 de diciembre se reúne la COP 25 en Madrid, han tenido que cambiar el escenario por la situación política que se vive en Chile, particularmente en Santiago de Chile. ¿Qué expectativas podemos tener de esta reunión?

Elio Brailovsky (E.B.): Ninguna. El sólo hecho de que haya una reunión número 25 para discutir los problemas del clima, quiere decir que se han reunido 24 veces y han fracasado en llegar a un acuerdo que funcione. Siempre prometen algo y luego no lo cumplen. De modo que tenemos 24 ejemplos de fracaso de Cumbres del clima en las que dijeron un montón de cosas y no cumplieron ninguna. Por lo tanto, no veo razones para pensar que esta vez sea diferente.

M.H.: Más de 11.000 científicos de todo el mundo han suscrito un manifiesto en el que declaran la emergencia climática y plantean 6 medidas urgentes para hacerle frente.

E.B.: El problema es que a ningún político le preocupa qué va a pasar con el mundo cuando termine su mandato. Le preocupa lo que pase durante su mandato. De modo que hablarle a alguien del 2040 o 2050 cuando están pensando en cómo terminan el 2019 y cómo comienzan el 2020, esto es ciencia ficción. Es como si les hablaran del año 25.000.

El sistema político y económico están diseñados para pensar en el muy corto plazo y no en el largo, y esto requiere hacer cambios profundos rápido, que se van a ver dentro de un tiempo mediano, en varias décadas y en realidad ni siquiera se van a ver, porque si las cosas se hacen bien lo que vamos a ver es que no empeora.

¿Qué político renuncia a juntar dólares para que dentro de 20 años la situación no empeore? Teniendo en cuenta además que las grandes empresas que contaminan y alteran el clima son las que han pagado todas las campañas electorales del mundo, las de los que yo voto y las de unos cuantos oyentes que votan distinto.

Esto es parte del mundo real. No tenemos sistemas políticos pensados para diseñar el largo plazo y somos víctimas de eso. Más allá de que uno tenga grandes simpatías por algunos líderes y grandes enojos con otros. Son nuestros sistemas políticos.

M.H.: Frente a esta situación, ¿qué debemos hacer los seres humanos?

E.B.: Reclamar y reclamar todos los días. No hay otra. No olvidarse de esto. Ocuparse del clima tiene un costo económico. Es mucho más fácil seguir quemando petróleo y seguir contaminando el clima. Darle importancia al clima tiene un costo político, gobierne el que gobierne. Gobiernen los que nos caen simpáticos o los otros, pero nos encuentran ante lo mismo. Si no hay fuerte presión de la ciudadanía van a seguir recibiendo presiones muy fuertes de las empresas que contaminan.

M.H.: En los últimos 20 años la cantidad de agrotóxicos arrojados en la parte más poblada de nuestro país aumentó en más de un 1.000 % pasando los 500 millones de litros anuales. La resistencia de las malezas aumenta, las inundaciones se hacen cíclicas y el cambio climático se hace sentir. La desforestación y la pérdida de biodiversidad son incesantes, todo inherente y consecuencia del modelo agrícola químico dependiente inventado por las corporaciones y avalado por todos los gobiernos de turno. ¿Qué podemos hacer ante esta realidad?

Necesitamos poner nuestro sistema científico en función de proyectos de agroecología

E.B.: Yo creo que Argentina tiene un gran sistema científico, agronómico inclusive, que empezó con Manuel Belgrano hace dos siglos, para plantear tecnologías agrarias limpias. Esto de que los que estén trabajando con tecnologías agrarias limpias sean gente de buena onda, la que quiere hacer lo mejor para el país, etc.

Tenemos un sistema agronómico en el  Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y en un montón de Facultades de Agronomía, que hasta ahora tienen prácticamente prohibido trabajar en agro ecología. Necesitamos poner nuestro sistema científico en función de proyectos de agroecología. Desde la ciencia, no solamente desde la buena voluntad de nuestros amigos con huertas orgánicas, sino desde la ciencia para plantear un cambio en el sistema productivo. Estamos sosteniendo un sistema científico de excelencia que está en gran medida desperdiciado aumentando las dosis de plaguicidas de Monsanto.

M.H.: Me llamó la atención que el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) encontró atrazina y endosulfán, dos pesticidas sintéticos cuyo uso y comercialización está prohibido en el país desde 2011, en el aire de la Antártida. ¿Cómo es esto posible?

E.B.: La atmósfera es una sola, de modo que la circulación atmosférica lleva todo a todas partes, hacen 20 o 30 años habían encontrado plaguicidas de tipo DDT en la sangre de los esquimales, los indígenas del Polo Norte. En este momento estamos aprendiendo que no hay nada que quede lejos. El mundo, la atmosfera, la circulación de contaminantes por el aire y por el mar es uno solo, sigue los patrones de las corrientes. Vamos a encontrar plaguicidas en todas partes. Están en mi sangre y en la suya y están cada vez que vamos al inodoro en la orina de todos.

En algún momento necesitamos políticas responsables para ir eliminando los venenos que no benefician a nadie, porque durante 10.000 años se produjo y cultivó comida sin venenos y pudimos alimentar a la humanidad. Ahora que tenemos científicos de envergadura usemos ese conocimiento para alimentar a la gente sin envenenarla.

M.H.: Hemos hablado muchas veces del tema de la absorción del monte nativo, de la lluvia, un dato del INTA de Marcos Juárez: "El monte nativo absorbe por hora 300 ml de agua de lluvia y un cultivo de soja transgénica fumigado e impermeabilizado solo 30ml por hora.

E.B.: Los servicios ambientales que presta el monte nativo son de regulación hídrica, son de recibir el agua de lluvia, alimentar las napas, de evitar que los grandes torrentes lleguen a los ríos. Lo que pasa es que el que destruye un bosque tiene un beneficio económico inmediato. Tala el bosque, siembra soja, la vende y tiene la plata en el Banco. No es inmediato ni individualizado el daño a la sociedad, entonces es mucho más difícil que la gente perciba que le han hecho daño porque talaron unos árboles que estaban a muchos kilómetros y que las personas nunca vieron, es necesario un conocimiento mucho más amplio. Por algo nuestro sistema educativo es tan débil en materia de educación ambiental, para permitir que sigan ocurriendo estos abusos.



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