Nota de duelo

Luis Vargas un colibrí con barba

Hoy, cuando despuntaba el Alba recibí la noticia de la partida de un amigo. No de un amigo a secas, sino de un camarada y hermano, Luis Vargas. Que vaina barbudo te fuiste en plena revolución, esa que siempre soñaste y de la cual ahora eras actor fundamental. Luis eres y serás una referencia política, moral y personal para mí. Por ello me atrevo, desde el amor y desde el dolor de no poder conversar otra vez contigo, a escribir (y escribirte) estas líneas.

A Luis Vargas lo conocí en varios mundos. Como en los buenos videos juegos, en cada mundo, él siempre formaba parte de los que combatían contra los malos, los aburridos, los oscuros, los insensatos, los opresores. Tu combate Luis no era sólo para derribar los obstáculos y alcanzar la meta, tu combate era por la vida, por la justicia y por el socialismo; por el amor, contra la opresión y la barbarie. Luis Vargas, qué lección moral la de tu vida, siempre combatiste desde la referencia ética y desde los principios. Precisamente esta mañana, cuando conversaba por teléfono con Olga, tu madre, le decía que me sentía honrado de haberte conocido y que ella debería estar muy orgullosa de haberte parido, de haber parido un hombre… un hombre como esos que no nacen todos los días.

En el primer mundo en el que te conocí estabas altivo, juvenil y atrevido, batallando como dirigente estudiantil en la UNET. Allí no sólo luchabas la agenda reivindicativa del sector estudiantil, sino que comenzabas a construir tu conocimiento alternativo contra la concepción hegemónica sobre la tecnología y la ciencia. Esa ciencia que sólo sirve para legitimar y garantizar la opresión del hombre por el hombre. Y allí, comenzabas a hablarnos de la otra ciencia, la ciencia que integra hombre y naturaleza, la ciencia del buen vivir. Este aprendizaje, esta verdad develada en el combate contra el oprobio civilizatorio, sería un elemento sustantivo en toda tu vida. No recuerdo si aún eras del PRV o ya habías abrazado ese anarquismo sui generis en el que siempre militaste, un anarquismo marxista o, como preferías decirlo, un marxismo libertario. Donde militaras es un dato irrelevante porque ya formabas parte de la causa del ser humano. Pero la dimensión humana en tu pensamiento no es un detalle menor, al contrario caracterizó por siempre la percepción que tenemos de ti.

En el segundo mundo en el que te conocí fue en el de la divulgación del libro verde y la revolución Libia. Buena parte de lo que sabemos y aprendimos a valorar de esa experiencia te lo tenemos que agradecer a ti. Recuerdo esas horas de tensión y compromiso cuando convocabas el apoyo para los compañeros de la oficina del poder popular libio en Barinas, cuando eran víctimas de un feroz asalto de las fuerzas militares y de inteligencia en la cuarta República. Siempre, aún en la mala hora, fuiste un admirador de Moammar Gadhafi. Recuerdo cómo explicabas cada párrafo, cada concepto novedoso de un texto que movía la cuadratura del círculo marxista. Cuando vimos en TV las nefastas imágenes del asesinato imperial al líder Libio, inmediatamente tu imagen vino a mí y por supuesto la preocupación sobre cuanto esto afectaría tu salud. Eres y serás un grito de Al Jazeera del pueblo venezolano.

En el tercer mundo en el que te encontré y conocí fue en el de la vida sana. Aún recuerdo tus explicaciones sobre la conveniencia de comer el cambur sin quitarle la concha (espero que aún al final pensaras así y no escandalizarte con el recuerdo). Con una sonrisa rememoro tus comentarios sobre la inconveniencia de usar desodorante pues esto obstruía la transpiración natural del cuerpo; lo cual me obligaba a comprarte limones para tu higiene cuando tuvimos la oportunidad de compartir una vivienda durante más de dos años. Tus lecciones y ejemplo sobre un mundo no marcado por el mercantilismo, el consumismo ni la comida química nos permitieron revalorar la relación de nuestra familia con el territorio, la tierra y la armonía productiva de la tierra. Gracias por enseñarnos la puerta del camino al buen vivir.

En el cuarto mundo en el que te encontré fue en el de la Revolución Bolivariana. Tu convicción sobre el papel de Chávez en el proceso de transformación de la sociedad venezolana siempre fue clara. Tu amor a la revolución Bolivariana, a su líder y al pueblo lo viví de cerca cuando nos acompañaste en el equipo de trabajo del Palacio de Miraflores. Que días y noches aquellas. Las recuerdas aún Luis? Cómo nos unieron estos años hermanito.  Allí te rencontraste con el equipo de aporrea.org (http://www.aporrea.org/autores/LV/), página donde siempre escribiste tus notas sobre la revolución Bolivariana desde el pensamiento crítico comprometido; recuerdo tus discusiones con Juan “Topocho” y Gonzalo, que siempre terminaban en un abrazo fraterno.

En el quinto mundo en el que te conocí fue en el de tu incorporación a mi familia. En la medida que uno conocía a Luis era imposible no enamorarse de él. Y eso nos ocurrió en la familia. Cada vez más “Luis ….”, “lo que hacía Luis ….” y “lo que nos enseñaba Luis” pasó a ser una constante en nuestras conversaciones y cotidianidad. Sin darnos cuenta Luis pasó a ser uno más de los Bonillas o los Bonillas empezamos a ser un poco Vargas y decidimos que la familia crecía. Luis pasó a ser un hermano de vida. El afecto de todos nosotros, en casa, permitió parir un nuevo miembro crecidito y barbado. Por ello, cuando recientemente te hicimos un homenaje le pedí a una de mis hijas, a una de mis pequeñas soñadoras por un mundo espiritual y humano más armónico y feliz, que leyera unas líneas, muy parecidas a estas, frente al hermano que me regaló la vida, ahora su tío y, mirándote a los ojos como si fuera yo, te dijera “hermanito te amo” y “cómo te admiro”.

Hermanito para mi eres y siempre serás un libre pensador, un pájaro libre que canta el nuevo mundo por nacer. Luis, como me duele que al colibrí la sombra de unas de las enfermedades del mundo tecnológico le haya truncado la claridad de su canto. No comparto la forma cómo decidiste enfrentar esta adversidad, pero hasta en esta disidencia te admiro y te respeto. Defendiste tu forma de ver el mundo y valorar la ciencia incluso a riesgo de ti.

Desde que esa odiosa sombra decidió posarse sobre ti, no paso una sola noche o un día en el que no te recordara y deseara que, como en otras oportunidades, ganaras la batalla. Lamentablemente no bastaron los deseos y las intenciones.

Donde estés hermano quiero que sepas que cada vez que escucho a Sabina o a Violeta Parra tu sonrisa se dispara en mi memoria. Cuando logro zafarme del trabajo de la oficina y veo pasar una chica hermosa, no puedo evitar el deseo que estés conmigo para escuchar el piropo ocurrente que le dirías a la dama. Cuando quiero escoger una verdura o una legumbre pensando en Ernesto y Samantha, mis pequeños, se me ocurre escribirte o llamarte para preguntarte. Cuando veo cómo se contamina la Laguna de Unare es inevitable apelar a tus charlas sobre ecología y humanidad. Cada día estas más presente en la cotidianidad de mis días y en el de los míos. Por ello siempre te pedí, pelea, pelea como lo hiciste, desde tus referencias para seguir enseñándonos el valor de la vida con dignidad. Ligia y Luz las dos madres de mis hijos te envían caricias y abrazos para despedirte hasta el reencuentro. Mis hijos Engi, Nathaly, Parra, Lucho, Samantha, Ernesto y por supuesto María Eugenia te dicen, allá en el cielo  sigue peleando de pie buen hombre.

Hermanito, se me agotan las palabras, se me disparan las emociones pero con la certeza de quienes creemos en el mañana, te envío un abrazo, pautando una cita en el futuro para que nos echemos los cuentos de lo que nos ha pasado, con una buena música, una linda dama que seguro te acompañará y el aroma del chimú que siempre saboreaste.

Abrazos hermanito y dile a San Pedro que en Venezuela estamos haciendo revolución, garantizando cada vez más justicia a los pobres de la tierra.

Salud, libertad, sonrisa, sexo y rebeldía. Siempre te vamos a querer


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