En torno a una opinión i el aborto

“De lo que no se puede hablar,
mejor es callar”.
Ludwing Wittgenstein



En Venezuela padecemos desde siempre un colonialismo intelectual; ello se manifiesta porque siempre hemos ignorado a nuestros valores i en cambio exageramos las opiniones i las ideas que nos vienen del exterior, sin que esto quiera decir que debemos encerrarnos en lo nuestro i no atender lo foráneo. Sin embargo, Venezuela ha tenido mucho hijo grande fuera de nuestras fronteras, empezando por Miranda i Bello, hasta Humberto Fernández Morán. Si con esas personas se hubiese sentido el orgullo que manifestamos por los jugadores de Grandes Ligas, los de fuera i los de adentro serían valores reconocidos. Al mismo Miranda i a Bello, ha sido ya tarde en el tiempo cuando admitimos su grandeza o su verdad, tal como la iglesia con Galileo. Nosotros siempre hemos admitido a los hombres valiosos que sembraron su vida en nuestro país, como Henry Pitiers, Angel Rosenblat, Rumazo González, A. Pi Suñer, Manuel Cabré, para mencionar unos pocos que recuerdo, i en distintas disciplinas como la ecología, lenguaje, historia, medicina o arte. Pero ¿por qué ignorar tanto a los nuestros? Fernández Morán es el caso más visible i patético; el hombre que hubiese hecho famoso a este país por los estudios sobre el cerebro, fundando lo que fue el mejor centro de investigación científica de Latinoamérica i hasta estableciendo un reactor nuclear para crear nuestros isótopos radiactivos, le recetamos ostracismo i enseguida los Estados Unidos i Suecia, aprovecharon su talento i no fue Premio Nobel por no haber cambiado su nacionalidad i por no tener el menor respaldo de los gobiernos venezolanos. Hasta en su enfermedad i muerte, fue ignorado.

I lo mismo aquí en el país; aunque Uslar Pietri como político no fue de mi agrado ni le apoyé nunca en nada (pese a su lema de “sembrar” el petróleo) como literato, como creador i escritor, mereció igual que Gallegos que lo presentáramos como candidato para el Premio Nobel de Literatura; lo hizo la Asociación de Escritores de Argentina, pero recuerdo que un congresista llamado Tábata Guzmán, expresó que si eso se daba, el protestaba enérgicamente; i cuando a mis instancias, el congreso nacional iba a “remediar” su indiferencia por Fernández Morán ya fallecido, con un acuerdo en pergamino para su viuda e hijas, nada menos que el crápula de Carlos Andrés Pérez protestó i se retiró de la sesión del congreso, si se le hacía ese honor póstumo a “ese bandido”; no olvidaba que Acción Democrática fue la responsable del ostracismo del sabio científico, para ellos “el brujo de Pipe”.

En los momentos actuales, la opiniones i la figura intelectual de Noam Chomsky es natural que la resaltemos (lo conozco desde mis estudios de filosofía); igual que la de tanto observador intelectual que vino para el Referendo Confirmatorio i la opinión de tanto escritor que apoya el proceso revolucionario, pero a veces ellos pueden errar en sus opiniones i nadie es apodíctico. Esta aparentemente larga introducción (pero en realidad mui resumida o deficiente) es para referirme a una frase de Eduardo Galeano, apreciado escritor (no le gusta el cognomento de intelectual, según vi en una entrevista) uruguayo, frase que encontré en un artículo criticando el Proyecto de Código Penal de Fontiveros, i que dice textualmente: “Los yankis, ahora matarán a los guerrilleros en el vientre de la madre para ahorrarse la bala que los matara en las calles de Caracas o Montevideo”. Empiezo por rechazar el verbo “matar” usado demagógicamente i de manera irresponsable por la iglesia, con relación, no solamente al aborto sino a la anticoncepción, término hasta inapropiado porque lo correcto sería (si usamos el prefijo anti) antifecundación. La frase es la de un revolucionario i tiene connotación política, pero demuestra suma ignorancia respecto al problema del aborto. Se alarma porque el Código en cuestión, “admite el aborto i la eutanasia” (i conste que no estoi defendiendo al autor del proyecto), con el error de considerar el aborto como “un todo” que consiste en matar en el vientre, i a la eutanasia, sin distinguir qué tipo de eutanasia, porque la llamada “pasiva” (que a veces es más cruel e inhumana) es admitida por los textos jurídicos i hasta por la iglesia. Yo he presentado en la Academia de Medicina i en mi página WEB al mundo, un Testamento Biológico, llamado en inglés Living Will. En cambio olvida, fundamentalmente, los derechos de la mujer, cuya defensa en un deber revolucionario. Nunca olvido que mis estudios de Regulations des nascenses, en Lovaina, el curso de Moral Demográfica me lo dio el Padre Pierre Locht, quien encabezó la delegación belga al Concilio Ecuménico Vaticano II, quien decía que la iglesia no debía opinar sobre estas cosas, porque no eran científicos los sacerdotes i porque eran asesorados por dogmáticos, así fueran científicos. En cambio, quien escribe, he sido siempre en política “independiente de los independientes” i no he tenido secta o partido que me apoye, ni que me tomen en cuenta, pero estoi de corazón con la revolución bolivariana i con mi amigo el presidente Chávez.

Amigo Galeano, aborto no es sinónimo de matar. El aborto, que lo establece la misma naturaleza como especie de selección natural, es UN PROBLEMA SOCIAL (así me lo admitió la FMV en un congreso) que en su variedad, “aborto clandestino o criminal” (realizado por empíricos brutos i fuera de la lei) causa multitud de muertes maternas, de mujeres jóvenes, empezando la vida i dejando viudos i sobre todo huérfanos, a muchísimos niños en el país. Se necesita conocer científicamente el problema i sobre todo legislar al respecto. Estudie, busque libros científicos o libros que hicieron época, como EL ABORTO EN VENEZUELA, escrito por una magnífica periodista Giovanna Machado, desesperada ante la desaparición de su mejor amiga, “asesinada” por un empírico al practicarle un aborto clandestino i criminal. He vivido esos problemas doblemente; primero como médico ginecólogo i obstetra, i luego, como profesor de ética médica i graduado en filosofía, fundador de esa cátedra de ÉTICA MÉDICA en la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia. Comprenderá que tengo autoridad para decirle con tristeza, pues le admiro, lo equivocado de su frase por desconocimiento del problema del aborto. Ideas que defendí, inclusive, en la Asamblea Nacional Constituyente. En otra ocasión, ojalá pueda escribir más ampliamente, sobre el problema social del aborto en Venezuela.


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Roberto Jiménez Maggiolo


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