El supuesto fraude, delito electoral

Aunque está más que comprobada la transparencia, corrección i legalidad del proceso del Referendo Revocatorio, cuyo resultado lo hizo Referendo Confirmatorio de la presidencia más legal i más relegitimada de nuestra historia, lo que ya ni amerita la atención no solamente de los venezolanos conscientes i honestos, sino de todo el mundo, todavía hai energúmenos que se creen importantes porque aún vociferan fraude; pero, como dijo Russell, en Inglaterra todavía existen los partidarios de la Tierra plana e, igualmente, los que sostienen en muchos lugares, incluyendo los Estados Unidos, respecto a los vuelos espaciales que, el hombre no ha llegado a la luna i todo ha sido un fraude científico i astronómico. Así existen entre nosotros los que insisten en el fraude i para ello quieren hacer retroceder al mundo i a la ciencia. Cuando uno escucha a estos dogmáticos carentes de una verdadera cultura, vociferando fraude, ya si se trata de ciertos enanos mentales o de políticos de tercera, acomodaticios, embusteros i busca puestos o obsesionados de notoriedad, lo más aconsejable es no prestarles ya, la menor atención.

Sin embargo, cuando uno escucha un programa serio i se entrevista allí a un abogado, profesor universitario, miembro de un Consejo Legislativo i sobre todo con una autoestima de intelectual, decir tantas cosas carentes de sentido i de razón, no se sabe si es que en realidad, al sacarlo de su entorno de conocimientos jurídicos, este señor no sabe o no ha estudiado más nada, sobre todo ciencia i su instrumento formal las matemáticas o es un fanático o un “talento sin probidad”. También carece de orientación en filosofía del lenguaje, para ver cómo es de contradictorio su discurso de primer orden, con los rasgos lógicos de su lenguaje.

Como abogado, este señor debe saber mejor que yo lo que se considera delito i sus múltiples variedades, por lo cual es innecesario definirlo; empero, él se está refiriendo, cuando habla de fraude, indudablemente a un delito o delitos electorales, considerando tales delitos como los define Manuel Ossorio: “Los que atentan en general contra el sufragio como primordial elemento de los regímenes democráticos; desde la simple falta contra la universalidad del sufragio que puede consistir en una abstención de votar, hasta el , de graves consecuencias, se engloba bajo esta denominación una serie de actos delictuosos de diferente tipo y variable importancia. El elemento aglutinante sería en definitiva, la grave transgresión (sic) de todos ellos a las leyes electorales”.

Nosotros, los ciudadanos que, muchas veces, nos vemos envueltos en conflictos personales, con instituciones, con grandes problemas sociales i humanos, cada vez que recurrimos a un abogado para plantear la necesidad de denunciar, acusar o actuar contra una persona o institución que nos lesiona, lo primero que te dicen es: ¿Qué pruebas tienes? Si no tienes pruebas, te verás en un conflicto grave cuando la otra parte reaccione i te acuse de injuriarlo sin razones i, realmente creo, eso debe ser así. Sin pruebas no sólo es temeridad, sino absoluta falta de responsabilidad social i ética. La prueba es el conjunto de actuaciones destinadas a demostrar la verdad o la falsedad de los hechos.

Este supuesto fraude en el revocatorio, no fue ni siquiera como en las elecciones en las cuales COPEI ganó con Caldera, apenas con una diferencia de unos 30.000 votos, equivalente en la hípica al haber ganado apenas por una nariz i poderse argumentar que la cámara de la meta, estaba ladeada para hacer ver ganador al caballo que llegó de segundo; o a la discusión de un out en primera, porque el árbitro se guía por observar el pie del corredor i el sonido de la bola en la mascota. Estos son casos triviales, pero se respeta la decisión del árbitro, la cual la mayoría de las veces se comprueba, con los recursos tecnológicos de la realidad de hoi. Nada de esto en el falso fraude. Desde la elección presidencial del 98, el presidente Chávez viene ganando con una amplitud jamás vista i en el referendo, después de 8 victorias anteriores, porque tiene a todas luces la mayoría del pueblo venezolano a su favor (lo prueban las marchas, las concentraciones, las grandes multitudes de los cerros i de los barrios de las grades ciudades i, sobre todo una demostración más que práctica i evidente: el rescate del presidente detenido o secuestrado, después del golpe de estado del 11 de abril. ¿Dónde estaba el “otro” pueblo de la oposición que no supo sostener al tirano Pedro I El Breve en el poder, más de 47 horas? ¿Dónde estaba la “sociedad civil”? Por esto, porque basta asomarse a la calle, para saber con quien esta la pueblo venezolano en mayoría i por ello un resultado amplio con una ventaja de más de dos millones de votos.

Entonces, luego de corroborados los resultados; avalados por todos, absolutamente todos los observadores internacionales, especialmente lo que la oposición (que nunca se comprometió a aceptar previamente los resultados, evidencia de que se sabían perdedores) consideraba aliados, el Centro Carter i la OEA; admitidos por todos los gobiernos del planeta, incluyendo el de los Estados Unidos; el pronóstico de todas las encuestadoras serias; la aceptación de principio de ese parapeto de institución entrometida que es “Súmate” financiada desde el norte; el testimonio científico de los técnicos de la compañía que aportó las máquinas electorales, la Starmatic, norteamericana, respaldada por la Olivetti demostrando el encriptamiento de la información de manera parecida a como se usa esa tecnología de transmisión de datos para las operaciones de los grandes bancos del mundo i, por último, la transmisión de los datos de votación hacia el CNE por medio de la CANTV, compañía privada en manos de opositores i dirigida por el otrora superministro Gustavo Rosen, todo, absolutamente más favorable a la oposición, de manera que de mi parte pensaba que si hubiese un fraude, sería de parte de la oposición. Además, en las partes donde la votación fue manual, la ventaja del No fue mayor.

Ante este panorama, i el descontento de la oposición por la paliza recibida, se aceptó la auditoría. La muestra representativa fue escogida en forma aletoria; las cajas, dijo una representante del Centro Carter, fueron custodiadas en su traslado mediante el plan implementado por la Fuerza Armada i, hasta llegó a decir que, ellos, los del Centro Carter i otros observadores, “durmieron con las cajas”. Los resultados demostraron que todo estuvo correcto, como lo habían dicho desde que el CNE en la madrugada dio los primeros resultados, con un 94% del escrutinio. El mundo entero siguió el proceso i lo aceptó por ser absolutamente correcto i transparente, aunque tal parece eran oligofrénicos o vendidos a Chávez.

Entonces vino la furia de una CD llena de dinosaurios del pasado, algunos con una amplia experiencia en los fraudes que practicaron durante 40 años.

Empezaron los “analistas” empíricos a decir o escribir disparates; salieron “genios” matemáticos que han hecho el ridículo i ofendido la majestad de la ciencia i de las matemática; un golpista de gorra al revés, repitiendo como loro en estaca unos juegos numéricos que ni él mismo entendía; i, finalmente un genio “presumiblemente” de Harvard, que puso en ridículo a esa Universidad, si es cierta su filiación a ella, pero mayúsculo el disparate que la empaña. El mega fraude, el gigantesco fraude, el fraude de un 99%, resulta ahora, según este abogado i notable Consejero Legislativo, no se ve por ninguna parte porque es perfecto, es “sofisticado” (no sabe el correcto significado de esta palabra) i debería repasar sus libros de Derecho para saber que, en la vida no hai nada perfecto i menos el delito perfecto. Las auditorías no sirven ni las matemáticas tampoco. Si los bioanalistas no cuentan todos los glóbulos rojos a un paciente, el examen no sirve o es dudoso; si los astrónomos no cuentan una a una las estrellas en el campo telescópico, el informe no sirve; si en los bancos se cuentan los billetes con esas maquinitas veloces que ahorran el tiempo, para aceptarlos hai que contarlos otra vez uno a uno; si las estadísticas, los censos i las matemáticas, nos dicen que existen unos 6.500 millones de habitantes en el planeta, este abogado no lo cree si no se les cuenta uno a uno, en la auditoría de un banco contar hasta la última moneda o billete; en fin, ignorar para qué sirven las matemáticas i la medida en la ciencia. Sin embargo, sorprendentemente asegura que bastan los indicios, las dudas, el “olor a fraude” para afirmar categóricamente que hubo fraude; el fraude más descomunal o gigantesco de toda nuestra historia. ¡Jamás he visto jurisprudencia más acertada, justa i brillante! Figúrense que, él no está contra la tecnología de la época, pero su proposición parece hacernos volver de las computadoras a la máquina de escribir, de las rasuradoras eléctricas a la navaja de barbero o del automóvil a el coche con caballos; dice que usemos las máquinas electorales, pero luego contemos una por una las papeletas o votos depositados en las cajas, con lo cual, está diciendo que las máquinas están de sobra i retrocedamos a depositar un papelito o tarjetita de votación, en unas cajas de cartón i estemos varios días contando i recontando votos. Entonces ¿para qué las máquinas automáticas? Como abogado, si fuese penalista, con puras presunciones o indicios, sin ninguna prueba, enviaría a todos a la cárcel, como pintaba aquel chiste de un agente de la antigua Seguridad Nacional, de Pérez Jiménez que, buscando conspiradores o alteradores del orden público, le registró la cartera a un ciudadano i le encontró solamente 20 bolívares: −Ajá, ¡con que reuniendito para comprar un revólver! ¡deténgalo!

Realmente el programa resultó deprimente o repulsivo porque, además de tantos disparates i absurdos de parte del entrevistado, interrumpía i no dejaba hablar a los moderadores del mismo. El fraude electoral es un delito o conjunto de delitos i estos se demuestran con pruebas inequívocas i parece mentira que esto haya que aclarárselo a un abogado i profesor universitario. La terquedad o tozudez, es vicio de la prepotencia de quien no tiene razón, pero su fanatismo político lo ciega i aunque jurídicamente sabe que no existe la menor prueba de delitos electorales en el Referendo Confirmatorio, seguirá empecinado en afirmar que lo hubo –no importan las consecuencia i el mal ejemplo− por una sola razón: ¡porque le da la gana!





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Roberto Jiménez Maggiolo


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