El diablo se esconde en los detalles…

Realmente ilustrativa y paradójica la situación puesta en evidencia precisamente el día en que un grupo de intelectuales alineados bajo la ideología de izquierda decidieron reunirse en los espacios del Celarg para departir sobre la crisis del capitalismo. Esa misma tarde pudimos leer en Aporrea un escrito profundamente visceral de la periodista María Elcira Matute acusando a un “camarada” presente en el evento de haberse aprovechado de la ocasión “sagrada” en la cual ella compartía palco con otros connotados intelectuales, y haberle robado su laptop. Lo grave del escrito de Matute está no sólo en su grado de visceralidad, sino también en su pensamiento apresurado evidenciado en el cúmulo de implicaturas que elabora y enuncia como ciertas: quien le robó es una persona con pensamiento de izquierda y para estar en aquel “sublime recinto” debía contar con la consideración de sus camaradas, el “delincuente” lee Aporrea y de seguro recibiría ese mismo día el calificativo de “miserable” y la excomunión del grupo de izquierda y de intelectuales, en los cuales la profesional de la comunicación se siente inmersa.

La lectura del escrito – lo confieso – me movió a risa. La actitud de Matute me pareció de una profunda inmadurez e infantilismo, reveladora además de la estrecha perspectiva con que la clase media analiza la realidad.

Cuando después pude leer el artículo de Rothe, me sentí totalmente identificada con la lección que este camarada le dio a la mencionada periodista, ya que considero que es absolutamente necesario que las desviaciones de nuestro pensamiento – producto de nuestra formación en una sociedad capitalista – sean advertidas por nuestros camaradas. Creo que si María Elcira respeta el ejercicio de la inteligencia, entenderá que la crítica va dirigida a que evalúe sus procesos de pensamiento y el hábito dañino de expresar las ideas bajo la impronta de la emotividad.

De allí que me parezcan inapropiadas las observaciones hechas por el señor Sergio Alvear, en las cuales señala de personalistas las críticas constructivas formuladas por Rothe. Las adhesiones emotivas suelen estar guiadas por sentimientos compartidos y por representaciones sociales comunes en un determinado grupo. Por eso es totalmente comprensible que las personas allegadas a los “ambientes culturales” e “intelectuales” no puedan identificar los desenfoques de sus propias ideas. Se trata de la ideología capitalista, que indudablemente no está en crisis, sino en su máximo apogeo. El capitalismo - decía un intelectual orgánico que nunca ha llegado a obtener el título de bachiller – se nos metió en los huesos, y es difícil leer nuestras propias radiografías.

Y en este sentido viene a lugar que nos sentemos a meditar el significado del término intelectual – muy bien delineado por Gramsci – ya que su caracterización evitaría el que constantemente tengamos que ensalzar o sobrevalorar aspectos superficiales e individuales de ciertas “personalidades”, en detrimento de las manifestaciones intelectuales nacidas de la verdadera pulsión social y colectiva. Me permito citar los argumentos de José Padrón, al cual ustedes pueden acceder a través de la siguiente dirección: http://padron.entretemas.com/notas/index.html

Estaba viendo esta noche el Aló Presidente con los llamados "intelectuales de izquierda" y me llamó la atención algo que Chávez planteaba en términos de paradoja: se asombraba de cómo el mismo autor de algo tan fantástico como "La Casa Verde" sea el mismo que ahora sostiene que el desarrollo de las sociedades se debe al sistema capitalista y que los países más desarrollados son los más capitalistas.

Pero no es ninguna paradoja: alguien puede ser un excelente artista y un pésimo pensador. Y, al revés, alguien puede ser un excelente pensador y un pésimo artista (aunque, históricamente, hasta donde yo sé, esto último es menos frecuente: en general los grandes pensadores han sido también buenos artistas, pero no al revés; un caso excepcionalmente balanceado fue Leonardo Da Vinci, como ya sabemos).

Hasta donde yo sé, Vargas Llosa no es un pensador sobresaliente, ni mucho menos. Será todo lo que ustedes quieran, pero no un pensador cuyas IDEAS ameriten pasar al registro del progreso humano.

No estoy negando que sea un pensador elemental, básico, porque supongo que al menos alguna vez en su vida habrá pensado en ir al baño, por ejemplo.

Lo que niego es que sea un pensador sobresaliente, de esos cuyas ideas han resuelto problemas humanos, como Darwin, Einstein, Mendeleiev, Parsons, Bolívar..., y hasta Napoleón o Lenin.

Vargas Llosa ha escrito excelentes relatos y bastantes ensayos sobre arte y literatura, pero es muy específicamente un artista, un literato, un creador y crítico literario. Lo subrayo: LITERARIO, no nada más allá de eso.

Y sabemos que el arte corresponde más a la esfera afectivo-emocional o volitiva que a la esfera cognitivo-intelectual, lo cual explica por qué un insigne artista puede crear la obra más BELLA de un época y, al mismo tiempo, puede decir públicamente que dos más dos es igual a veinte o que los burros son lentos porque rebuznan en lugar de rugir o que las sociedades más desarrolladas son las sociedades capitalistas (conste que no hay mayores diferencias de complejidad cognitiva entre estos tres ejemplos).

No entiendo por qué consideran a Vargas Llosa un “intelectual”. Para mí un intelectual es alguien que produce ideas relevantes, que incidan en el desarrollo del PENSAMIENTO de la humanidad, aunque esta incidencia ocurra mucho tiempo después de la muerte de sus autores (Peirce y Rieman son ejemplos emblemáticos). Pero un artista es alguien que produce bellezas, que genera sensaciones positivas, que impacta en las capacidades perceptivas y en el ánimo de quienes contemplan su obra.

Un artista es tan importante como un pensador (intelectual), pero ambas cosas son totalmente diferentes. No estoy diciendo que un pensador sea más importante que un artista, sino que ambas cosas tienen estructuras y funciones totalmente diferentes.

Vargas Llosa es un artista, pero no un intelectual. Es por eso por lo que ha producido muchas novelas y ensayos de crítica artística, pero jamás ninguna idea ni siquiera escasamente importante. De hecho, el único ensayo de tema no artístico de Vargas Llosa es sobre política y, si ustedes lo revisan, verán que es totalmente incapaz de relacionar más de una idea en secuencia. No sabe razonar, no argumenta, ni tiene la más mínima idea de lo que es un argumento.

Definitivamente, debemos revisar nuestras representaciones sociales y nuestro discurso, porque sólo así nuestras actuaciones pueden ser coherentes. Agradezcamos a Eduardo Rothe su inmensa capacidad de “desnudar” nuestras inocentes manifestaciones de indignación.

Amigos aporreístas: Agradezcamos a Eduardo Rothe la lectura de nuestras radiografías, porque es innegable que el diablo se esconde en los más pequeños detalles…

martieducador@gmail.com


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Gladys Emilia Guevara


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