Después del "paquetazo" o guindados de la brocha

Venezuela estaba llena de presagios. Tanto que por ellos hasta quienes más odian y rechazan al presidente, que no pueden verle y menos oírle, sin enfadarse y entrar en catarsis, el sábado se quedaron atrapados por “El Mago de la Cara de Vidrio”, para decirlo con el título de la excelente obra de Eduardo Liendo.

Por nada del mundo quisieron perderse escuchar el anuncio de las medidas inmediatas para enfrentar la crisis que, originada en el centro mismo del capitalismo y las grandes economías, hoy nos amenaza. Con la premisa falsa que los efectos que aquella pueda producir en nuestro país, se deberían a las políticas económicas del gobierno nacional, es decir con absoluta predisposición contra éste, se quedaron pegados al televisor para escuchar el clarín que llamaría a “Los Siete Jinetes del Apocalipsis”.

Voces agoreras, escudadas en sus títulos universitarios pero comprometidas con la oligarquía venezolana, sus partidos, Fedecámaras y los grandes medios que les aupan y abren sus espacios, anunciaron que vendría un paquetazo. Y como cosa curiosa, tanto como uno no la entiende, al desplegarlo hablaron de medidas como las que tomó Carlos Andrés Pérez y condujeron al “caracazo”. Para esos genios de la economía, juzgando con su hipotecada mentalidad, no había otras posibilidades que aplicar las ancestrales y repetidas fórmulas o recetas del Fondo Monetario Internacional-

De modo que, jugando adelantado, como en balompié, anunciaron por su cuenta desde una brutal devaluación, aumento a diestra y siniestra de impuestos, subida de precios en los servicios públicos y hasta congelación de los ingresos de quienes menos ganan. Y por supuesto, porque eso no podía faltar, un aumento superior al 400 por ciento en el precio de la gasolina. E hicieron sus cálculos, que por el efecto multiplicador de esta medida, la inflación alcanzaría niveles inimaginables, torciendo la tendencia a la baja mostrada en febrero pasado.

Los políticos ramplones como Manuel Rosales, Antonio Ledezma y unos cuantos más, partiendo de aquella falsa apreciación, por aquello que todo ladrón juzga por su condición, hicieron sus ejercicios imaginativos y creyeron llegado el momento que la mecha prendería y, para ahora, Venezuela estaría alzada contra el gobierno nacional. Rosales, en su pedestre lenguaje, anunció que en la lotería de la sublevación nacional, el presidente “se había comprado un numerito”.

Haciendo ejercicios mecánicos, imaginaron que aquel alzamiento popular del 27 de febrero de 1989, producido por el paquete de medidas aplicado por CAP, desde la presidencia de la república e impuesto por el Fondo Monetario Internacional, que entre otras cosas brutales contra la economía popular, incluyó un fuerte aumento del precio de la gasolina, se reproduciría cuando Chávez anunciara las medidas de ajustes para enfrentar los coletazos que sobre nosotros lanzará la crisis global del capitalismo, que, es bueno repetirlo hasta la saciedad, tuvo su origen en los grandes centros capitalistas, sobre todo en Estados Unidos.

Como el gobierno, en acatamiento al artículo 156, aparte 26 de la Constitución tiene la función relativa al funcionamiento de puertos y aeropuertos y de conformidad con la nueva ley de Descentralización, optó por asumir el control de aquellos, la oposición con sus gobernadores afectos, creyeron prudente montar una protesta, iniciada en Caracas y luego en el Zulia, que según sus cálculos se insertaría en la sublevación que provocarían las nuevas medidas económicas del gobierno.

Pero se quedaron guindando de la brocha y con los crespos hechos. La única medida que podría afectar el ingreso popular, es aquella mediante la cual se eleva el IVA (Impuesto al Valor Agregado) de nueve (9) a doce (12) por ciento. No obstante, se ha decretado un incremento de 10 por ciento para mayo y otro 10 % para septiembre próximo, en el salario mínimo, que establece una compensación entre quienes tienen menores ingresos. Se ratificó la decisión del gobierno de mantener la inversión social y anunció ajustes que lejos de afectar los intereses populares están destinados a favorecerlos. Como aquellos relativos a la revisión de los altos sueldos y bonificaciones de altos empleados y gerentes y la supresión de gastos suntuosos e innecesarios.

Así mismo, cabe resaltar que no hubo anuncio alguno que implique congelación de salarios o lo que es lo mismo, prohibición de discusiones de la contratación colectiva. El dólar seguirá anclado.

Y la gasolina, inflamable combustible, de cuyo aumento de precio, dependió la estrategia a corto plazo de la oposición y por el cual, para decirlo en el lenguaje del gobernador del Zulia, “se jugó un numerito en la lotería de la sublevación del pueblo venezolano”, se quedó tal cual estaba.

Otra vez, quienes se pegaron mágicamente al “Mago de la Caja de Vidrio”, para escuchar de los propios labios de Chávez su sentencia de muerte, quedaron frustrados, vencidos y hasta sorprendidos.

El lunes, los talleres de reparación de televisores se verán inundados de clientes iracundos.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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