Sinopsis del Sí y el No

El Sí es lo inmanente al devenir humano, la cifra profunda que lo devela en su transcurrir en el tiempo; la causa profunda de una especie animal capaz de dar cuenta de sus actuaciones y de reflexionarlas. El Sí es la fuerza que afirma la unidad de la especie con la naturaleza sin mediaciones que intenten desvirtuarla. Es la transparencia de su ser sin ápice de anfractuosidad. Es el candor incorregible del deseo, librado de la ajena manipulación. Es la energía afirmativa de sobrevivencia y reproducción que le hace permanecer, el empuje original que autentica los instintos y los invoca resplandecientes. El Sí es el acto primordial que reseña vida, es el gesto elemental que atestigua una única condición cósmica, es el llanto inaugural del recién nacido y la primera sonrisa. Es lo múltiple de lo uno, las partes del todo, lo constituyente de lo constituido, el río de Heráclito que jamás cesa de fluir.

El No es todo gravamen a la existencia humana; la misteriosa fuerza que escamotea al ser, la extranjera trascendencia que consuma su apropiación. Es la opacidad forzada que nubla la esencia, la rigidez fría que suspende el movimiento, la representación de la muerte en la bullente vida. El No es la letra inalterable de las leyes y su eterno significado, la orden indeclinable del jerarca, la pontificación presuntuosa del sacerdote, el impasible mármol de las tumbas. El No es la fuerza del pasado que no declina su presente, la nostalgia petrificada y entumecida en la memoria, el llamado abismal a los hábitos de siempre, la vida en la certidumbre de negarse al cambio. El No es lo uno sin lo múltiple, el todo sin las partes, lo constituido sin lo que constituye. La inalterable ley del inframundo. Es el río de Heráclito en una eternidad invernal.

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El Sí es el fuego dominado en los albores de la civilización. El impulso persistente de nuestra especie por continuar. La energía del nómade que no se permite pensar en límites. El original y sobrecogedor fenómeno de la creencia. Las primeras osadías de esclavos contra amos. Los crudos judíos de Moisés que iniciaron el éxodo en gozo frugal; la grácil y liviana religión politeísta de los greco-romanos; los cristianos primordiales, errantes y pobrísimos, que sin Iglesia subyugaron Roma. El Sí son los bárbaros abatiendo el Imperio romano y redistribuyendo al origen aquel desmedido poder militar. Es el silente obrar del pensamiento intramuros irrumpiendo desafiante y no sin disimulo contra el poderoso dogma de la iglesia cristiana en plena oscuridad medieval. Es el efervescente despertar del Renacimiento y el portento creativo que generó, es el método de Cartesius que dispuso a la fe para otras fruslerías, la herejía de Spinoza que vio a Dios confundido con la naturaleza, es Durero dejando de pintar a Dios. Es el capitalismo en sus orígenes reclamando el trabajo humano como forma de emancipación contra el feudalismo. Es la revolución francesa deplorando reyes y nobles, coronas y estulticias, y a su vez muy embrollada en un torbellino abrasador de caudal popular y en las máximas filtradas de un enciclopédico pensar. Es también el malogrado ensueño sin esclavos de Toussaint y la impronta acelerada de la Comuna de Paris, aparatosamente impedida. La redención de la America española por intermedio de un vasto incendio obrado sobre todo en cabezas de libertadores. Es el Sí la inteligencia y el genio de Marx para exorcizar la ceguera que produce el capital; es la rabia masiva de quienes en colectivo ofrendaron la revolución rusa y supusieron una sociedad sin expoliados. Es la entrada triunfal de los rusos en Berlín apagando para siempre la demencia sin igual del racismo nazi; es el cese para siempre del martirio judío. El Sí es el triunfo del pequeño Vietnam sobre el descomunal gringo, es el movimiento hippie con su tropel de irreverencias. La caída de un muro que separaba sin diferencia y el inédito entusiasmo verde por un mundo natural. Es el Sí las conquistas de una nueva moral y los fuegos pirotécnicos de las transformadoras tecnologías. El Sí es Internet sin los señores de la página y sin las normas que lo acogotan. El Sí es la nueva liberación de la America no anglosajona, a la vera de una utopia que bien se puede llamar socialismo. El Si es la voluntad de sobrevivencia del pueblo palestino a pesar de Gaza y sus horrores

El No es Caín matando a Abel. El advenimiento del sedentarismo, las leyes y el Estado, en rechazo al origen nómada y sensual. Es Caifás urdiendo con fruición la muerte del futuro crucificado. Es el imperio romano convirtiendo en esclavos a sus vencidos. Es la iglesia cristiana, soberbia y encumbrada, decretando un milenio de inextinguible sombra. Es la inquisición de Torquemada que hizo de Europa una incandescente pira universal desde la cual los gritos de agonía aun retumban a pesar del Vaticano. Es la contrarreforma que prodigó La Guerra de los Treinta Años para imponer con fiereza un lóbrego regreso. Es la guillotina de la revolución que se volvió contra ella haciendo rodar las cabezas de sus más esclarecidos hijos. Es la Comuna perdida y escarmentada con extenuante porfía por el odio burgués de los antiguos perdedores. El No es la plusvalía onerosa que pauperiza y somete al obrero. Es la creciente pobreza de muchos y la vertiginosa riqueza de pocos que recrea al capitalismo. Es el infinito oprobio del fascismo de Mussolini y el peor de Hitler. Es la fábrica fordista de la muerte en los campos de concentración para judíos que los nazis idearon. Es la deflagración de miles en el infierno nuclear de Hiroshima y Nagasaki que la nueva ciencia Yanqui ofrendo como tributo a la libertad. Es la sistemática traición a la revolución mundial ofrecida por la hipertrofia burocrática y la vanidad de los narcisos. Es el loco maratón armamentista de la guerra fría. Los tanques rusos en Checoslovaquia que mancillaron genuinas convicciones, el napal y el agente naranja que un ensoberbecido imperio derramó sobre inocentes. El No es la guerra del golfo, la invasión a Afganistán y a Irak y las ya millones de muertes que engendraron. Es el esfuerzo sionista por desmerecer el cruento pasaje judío del holocausto con su crimen masivo, sañudo y sistemático, contra los palestinos de Gaza. El No es la refinada perversión del engaño de los medios globales y el miedo que sofisticadamente inoculan para garantizar la permanencia de lo mismo. El No es la voz apagada por estos, la penumbra donde es fértil la muerte.


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El Sí es la explosión vigorosa del caracazo, mil veces zaherida y burlada por el degredo imperante. Es el valor de quienes se atrevieron sin dobleces a irrumpir guerreros un 4 de Febrero para mejor futuro del país aunque luego los abrevió la justicia en un encierro. Es la llegada inusual al poder de una parvada de oficiantes de anhelos, dirigidos por el Comandante, quienes les esperarían las más duras pruebas y los más ásperos desafíos. Es el Sí la Constitución de perpetua constitución del 2000 que no deja de reseñar en sus normas lo más avanzado de nuestro tiempo. El encuentro sin injerencias de una oportunidad para las mayorías. La terca energía de lucha para el sostén de lo nuevo. La fuerza generatriz de las multitudes que disolvió el golpe retrogrado del 2002. El estoicismo liberador de quienes como mayorías enfrentaron al sombrío paro petrolero. El Sí es el No que confirmó a Chávez como ductor y vivificó la esperanza. Es el grito continental contra la sujeción al Imperio. Es la invasión reposada de un ejercito de médicos cubanos que concedieron la gracia de la salud a quien la requiriera, precisamente en un país que se la habían apropiado los menos para convertirla en capital. Es la superación de las barreras interpuestas para que muchos lograran la posesión del saber a través de la multiplicación de oportunidades y la facilitación al estudio; es la superación de la ignorancia tan valiosa a los poderosos de siempre, accediendo a la magia colectiva de la escritura y la lectura. El Sí es el indígena actualizado e insertado en el proceso social reconociendo sus derechos. Es la conformación de una vasta capacidad productiva, agrícola e industrial, que descarta los métodos de la explotación y que se erige socialista. El Sí es la redención de la industria petrolera que se encontraba cautiva de la codicia trasnacional y de los desleales de aquí. Es el destino averiado del adicto o del abatido quien encuentra en la solidaridad de una misión la esperanza de comenzar. Es el hambriento saciado en la gentil casa de cocina que a los muy pobres la revolución le entregó. Es el Sí la alegría del anciano que puede disponer de un salario mínimo para su digna manutención.. Es el artista revalorizado por un mecenazgo sin mención, es el deportista atendido y evaluado, el discapacitado deslastrado e incluido que olvida su carencia. El Sí son las madres del barrio, finalmente revalorizadas. El Sí es la comunicación como fenómeno común apropiándose de lo que le pertenece y liberando a esta del yugo privado. Es, en definitiva, la posibilidad de superar las bases reprobables sobre la cual es posible ese acontecimiento histórico llamado capitalismo que convierte al hombre en mera mercancía y en sujeto permanente de explotación

El No son los cuarenta años de insaciable expoliación nacional obrada por los mismos que hoy abominan de la revolución. Los miles de desaparecidos y asesinados por el dispositivo de resguardo del sistema. La corrupción convertida en pasión nacional. El No es la injerencia de los organismos de contrainsurgencia gringa y el lacayismo que la refuerza. Es la maquinación de un golpe que ameritó de la muerte y de la grotesca irrealidad de los medios para su consumación. Es la disolución del poder constituyente en un plumazo de oligarcas. Es el inexplicable sabotaje petrolero y su complementario paro, que intento devastar la voluntad de los cambios. El No es la chispa en aquel bidón que incendio a unos niños inocentes y les impuso el peor final. Es el teatro de terror con el que ahora entran en escena los actores políticos de siempre. Es la farsa opulenta de Súmate con sus desvaríos anticipados. Es el odio supremacista y envidioso de Petkoff, arropado en una afectación de iracundo sabio. Es el cinismo del infiltrado quien orondo y gentil cultiva el germen de la traición. El No es el sigiloso corrupto bien vestimentado como de los nuestros y apurando la propagación de la degradación. Es el intelectual tarifado, mercachifle y hedonista, que se vanagloria de héroe por escribir contra la revolución. Es la clase media famélica que se imagina un mejor escalafón en su jerarquía social con ser antichavista. El No son los medios de comunicación que en cambote y prevalidos no desdeñan la oportunidad para agenciarse de la peor mentira y en hacer proliferar el miedo. Es la cicatería mental y la mentecatez del editor de El Nacional, la repugnancia que propala el señor de Globovisión, la tirria burguesa y sin medida de Granier. Las audaces soflamas de rebuscada y resentida adjetivación de Allup. El No es la ofuscación de los sentidos y el alborozo sin argumentos de la feligresía mediática. El prurito privatizador de lo común, el desprecio al excluido, la insensibilidad ante la desigualdad, el nuevo racismo de lo bello. El No es la falacia engalanada de joven de los estudiantes mediáticos, súcubos posmodernos que solo esconden un inveterado engañar. El No es el jerarca católico, impúdico y pecador, depravado engañador a sueldo y vividor de la imagen de Cristo.

El No es el final del camino, el retorno de lo viejo, la injuria de la revocación; la pesadilla suprema de tener que despertarse. La vida que retrocede y la enfermedad que avanza.









munditown@yahoo.com



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