Conjeturas electorales

El más beneficiado de los resultados de un proceso electoral es quien mejor sepa interpretarlos. Las conjeturas sobre las elecciones del domingo pasado pueden ser de los más variados tintes, desde las ilusiones que se hace la oposición -acostumbrada a engañar y a engañarse- de haber triunfado no obstante la disminución de su caudal de votos, como celebrar con denodado optimismo el crecimiento real de las fuerzas oficialistas.

Una oposición como la nuestra, más mediocre, dispersa y carente de contenido positivo es difícil concebirla en otro país, por lo que su derrota ha debido ser aplastante y, por el contrario, el triunfo oficialista, dadas las características de su liderazgo, su mensaje, las condiciones humanas y valores personales de su máximo dirigente, tenía que ser incontestable y no lo fue.

La oposición puede continuar con sus ilusiones, pero el Gobierno tiene que sacar conclusiones. No todo puede seguir igual. Un ejemplo: Petare, sector complejo, con muchas urbanizaciones de gente acomodada pero con unos barrios en extrema pobreza, que al votar masivamente por el Gobierno fue consecuente con la única esperanza que han tenido en la vida, producto de un mejoramiento real en educación, salud, empleo, ingresos, pero viven en un mundo infernal, en unos ranchos que degradan la vida, sin agua, prisioneros de la delincuencia y una policía corrupta, por lo que nadie puede salir a la calle cuando oscurece. Un asesino dura en la cárcel el tiempo que necesita para reunir el pago por su libertad. La alcaldía entrega, a algunos, ayuda económica para mejorar sus ranchos: un puñado de ladrillos, una docena y media de cabillas, un poco de arena y cemento, es decir, una burla.

El Gobierno nacional, no el alcalde, debe asumir la construcción de viviendas en toda Venezuela como en una política de postguerra. En Europa, el déficit habitacional se cubre con financiamiento a larguísimos términos o a fondo perdido. La eliminación del rancho es vital para el futuro del proceso revolucionario y su solución no puede ser eterna. La diferencia fundamental entre un país subdesarrollado y otro desarrollado es el rancho.

Abogado


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Manuel Quijada


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