Yo, un inmigrante más

A los que no hemos emigrado no es un poco difícil entender esa situación de vivir en tierra extraña. La podemos entender y analizar por dos maneras. Los que hemos tenido la oportunidad de viajar por Venezuela, si pasamos mucho tiempo en un paisaje extraño percibiremos los bueno o lo hostil del lugar dependiendo de sus características, y más si no ponemos de nuestra parte para adaptarnos.

Los que hemos podido salir de Venezuela, nuestra hermosa y condescendiente tierra y sus habitantes, nos hemos topado con diferentes maneras de ser tratados. Una excelente cuando viajamos con “buen dinero”. Abre casi todas las puertas. Como siempre. Allá y acá.

Lo disfrutamos a plenitud en la época del Ta´barato, dame dos. Con un dólar a 4,30. ¿Recuerdan? Y los más jóvenes ¿imaginan?

Por ejemplo, en Santa Marta, Colombia, cuando fuimos a visitar la quinta de San Pedro Alejandrino, el mesonero del hotel, sin que se lo exigiésemos, nos llevaba los tragos hasta la playa. Pero dentro del agua. ¡Qué tal! El bolívar era súper fuerte.

En Madrid, en una de las tascas, a un guitarrista le di un dólar de propina y no se nos despegó en toda la noche.

Bien. Basta de recuerdos.

Cuando Pérez Jiménez comenzaron a llegar muchos extranjeros a Venezuela, Tenían abiertas las puertas para trabajar, especialmente la agricultura donde eran expertos. Tendrían sus tierras. Harían dinero y saldrían de “la limpieza total” que traían de unos países arrasados por la guerra. Un nuevo horizonte de vida.

Una vida tropical con gente, que aunque no los entendía –portugueses e italianos, el idioma como barrera- los recibía, los ayudaba, compartía, los enseñaba. Los españoles y los canarios llevaban su ventaja idiomática.

Fuimos tan generosos que la mayoría de los musiúes conocedores de otras actividades, como la construcción que entraba en auge, se alejaron del campo. Una gran mayoría se dedicó a las carnicerías, pulperías, a los abastos. A los restaurantes pequeños.

Resultado en el tiempo: empresarios de diferentes categorías en diferentes negocios.

Desde los que construían casas por contrato, los que hacía una y la vendían y compraban otro terreno y continuaban el proceso. Hasta grandes constructores.

Aquí meto lo que considero el inicio de la corrupción. Los venezolanos, sus profesionales, traían una escuela de decencia y responsabilidad. Común a todos los venezolanos de entonces. Luego, las contrataciones de obras fueron recibiendo un concepto medio mafioso, el de los regalos por agradecimientos, el de las compensaciones ante el enriquecimiento versus los sueldos no tan altos de los funcionarios. “Dotore, una mano lava la otra”.

Y con sus excepciones aparecieron los emporios constructores y los Emperadores contratadores.

Otros se fueron a las grandes cadenas de comercialización de alimentos. Ahí están los portugueses de la Central Madeirense. Todas las tascas, restaurantes, hotelitos, todavía están en manos extranjeras y de sus descendientes. Ni se diga de los restaurantes chinos que no cierran ni en Año Nuevo.

Otros, rumanos, checos, etc., técnicos los más, se ubicaron en industrias.

Nuestros padres criollos, sin mentalidad comercial, sin sentido mercantilista se dedicaban a sus trabajos sencillos, con mucho esfuerzo sólo querían que sus hijos se hicieran profesionales. Aquellos padres que podían educarlos, claro.

En cambio, por destacar unos, los italianos que conocían el valor de las casas, de los apartamentos que aquí no había( Venecia en 1300, ya estaba full construida) de la tierra, y con un necesario sentido del ahorro, se pusieron en extensiones de terrenos bien baratos en casi todas las ciudades. Los han desarrollado, los negocian.

Los inmigrantes latinos, inclusive de Europa, llegan a casarse con venezolanas (o). Los otros no se casan. Con las excepciones de siempre. Los chinos se reúnen puros chinos. Igual los sirios, libaneses, etc. Enamoran a nuestras chicas y nada. Sin embargo, comparten con nosotros. Ni se diga de los judíos.

Sus descendientes se han arraigado. Se han hecho profesionales. Apreciamos apellidos por llamarlos “árabes”, en cargos públicos y muchos de relevancia.

Otros europeos están vinculados las grandes empresas. A las industrias.

Es más, FEDECÁMARAS contaba o cuenta con un elevado número de personajes a quienes les dimos la oportunidad de hacer dinero. Por supuesto apoyados en su propio esfuerzo. Indudable. Porque, como expliqué, tenían esa visión de negocios. Nosotros, sólo unos pocos.

Como el capital no tiene patria, se fue desde el viernes negro de Herrera y no vuelve porque desde entonces dicen que no están dadas las condiciones para invertir. Busquen las hemerotecas. A menos que venga un negocio golilla.

Ni se diga en la vieja Pdvsa, o la industria petrolera de antes. Sumamente fácil ingresar si tenías apellido extranjero. Casi obligatorio. Y los criollos, de tantos cursos en USA, de convivir con usaenses allá y acá (los planos de las obras y las especificaciones estaban en inglés), de jugar al golf, se transculturaron por demás.

Desde esa época se apatridaron.

Si querías que en Pdvsa te contrataran como empresa de construcción, de mantenimiento, de suministros, bastaba con ponerle un nombre que sonara gringa. “Bocaddeuchires maintenance, C.A.” y pa´dentro.

Ah…, los colombianos, igual con dominicanos, ecuatorianos, etc., vinieron por oleadas. Competían con nuestra mano de obra por muy barata. Yo vivía en la parroquia San José, Caracas, y las casas viejas pasaron a ser pensiones, casas de vecindad donde vivían hasta 6 por cuarto. Hablamos de casas populares, de barrios, porque las de las Mercedes, una vez disgregada la familia, pasaron a ser restaurantes, generalmente de extranjeros (nacionalizados los más)

Los contrataban, la mayoría de las veces, extranjeros para sus fábricas ya que no podían exigir reivindicaciones de ningún tipo so expulsión del país. Chantajeados, pues.

Se estima en casi 4 millones de colombianos compatriotas.

Es más, el grave problema del desempleo en Venezuela ha sido la sustitución de nuestra mano de obra por extranjera. Y no pensamos hacer nada contra ellos. Por el contrario los hemos nacionalizado e incorporado a las Misiones.

Por otra parte, dadas las ventajas económicas que ofrecen los grandes países capitalistas, nuestros jóvenes, muchos ya viejos, hicieron vida por allá. Todavía lo hacen. No tienen sentido de Patria. De solidaridad. ¡Yo debo estar bien y mi familia también, los demás al carajo!

Nos cuesta un dineral formar profesionales. Muchos, mejores que en USA, pero como no hay libertad en Venezuela se van o los reclutan. ¿Qué pasaría si hiciéramos una Ley al respecto?

El caso más entendible y reciente es el de nuestro joven Maestro, Dudamel. Un genial conductor de orquestas sinfónicas que paseó su talento junto al de nuestros muchachos por casi todo el Planeta. Varios reconocimientos, aplausos a granel, pero bastó que pasara por USA y ya lo contrataron como Director de la Sinfónica de Los Ángeles. Se las traen los gringuitos, ¿no?

Ahora mientras los americanos apresan y devuelven a balseros haitianos, nicaragüenses, costarricenses y algunos cubanos, todos atraídos por el engaño del “sueño americano”, y mientras bloquean a ecuatorianos y peruanos, construyen el muro de la ignominia para que no entren mexicanos. Pensar que esos van a realizar las faenas que no quieren hacer los catiritos. Nada de quitarles nada.

Sí dejan que se les llene Miami de venezolanos que se conforman con trabajar en macdonalgocios, porque se ganan un buenos dólares aunque sea limpiando pisos (que no es malo en sí, sino que son profesionales venezolanos) Ah… y ahora porque huyen del comunismo.

Y llegamos al llegadero del extremismo antihumano, de la antiglobalización, antitodo, pues. El Decreto Euro…peo, porque hiede a perversión, es ignominioso a fondo.

Si echaran una simple mirada retrospectiva a cómo los acogimos en estas tierras no lo hubiesen decretado. Ni el robo que por siglos nos hicieran que valorizó a todos esos reinos (que por sus montos elevados, si se las cobramos, aún sin intereses, tardarían siglos en pagarlas); las hambrunas por sus guerras que les aplacamos a fuerza de papas, otra fuese la situación. Ni hablar de las matanzas hasta acabar con grandes emporios y poblaciones indígenas. Relegando a los verdaderos propietarios de las tierras, unos pocos que quedaron, a las selvas y a las montañas. Les cambiaron desde sus religiones hasta el modo de caminar. Destruyeron culturas. Y pare de contar.

Ni hablar sobre el despiadado en inhumano tráfico de esclavos. Y es a los negros del África a los que más rechazan ahora.

En USA los odiaron, los kukusklanearon, hoy los toleran, porque son los vergatarios en todos los deportes y en la música. Por eso USA es una potencia deportiva. Hasta un presi, coleado, se les asoma.

Por todo lo anterior nos diferenciamos, por eso nos reconocemos, sin dudas, como los mejores latinoamericanos.

Y siempre adoraremos al Libertador. Por eso somos bolivarianos.

Por eso respaldamos a Chávez. Por eso lo queremos.

Hoy internacionalizo mi variante a nuestro lema de batalla:

¡Patria universal, socialismo para el equilibrio mundial y muerte para los racistas! Y si somos mundialmente solidarios, ¡VENCEREMOS!

Ing. civil, simple ciudadano del mundo, amante del equilibrio en todo.

edopasev@hotmail.com


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Eduardo Palacios Sevillano

Ingeniero Civil. Escritor y caricaturista. Productor radial y locutor. Miembro de la directiva de la Orquesta Sinfónica del Estado Anzoátegui. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana del Edo. Anzoátegui. Coordinador de la Red de Historia, Memoria y Patrimonio de Anzoátegui.

 edopasev@hotmail.com

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