Reflexiones provocadas por la Amnistía

Se perdona a los golpistas que tanto daño le han ocasionado al pueblo, a pesar de que el gobierno dice no ser permisivo en estos tiempos y que se evitará la impunidad. No se puede atacar la impunidad con más impunidad. Prácticamente la oposición ha logrado una seguidilla de éxitos con ayuda del bando revolucionario. Recuerdo que hasta hace poco se decía que con la derecha no se negociaba. También recuerdo cuando se perdonó a los trabajadores de PDVSA luego del 11 de abril de 2002 y a pocos meses vivimos los resultados. Todavía no concibo como simplemente se pueden catalogar como responsables políticos a quienes provocaron muerte y desesperación en el pueblo. Los que firmaron el “carmonazo” o la gran mayoría de ellos, sabían de los planes de preparación de los asesinatos para culpar al gobierno el 11 de abril de 2002. A veces no quiero ni pensar sobre la cachetada que significa para mí ese decreto de amnistía porque entro en depresión. Que irónico, no se perdonó a Walter Martínez por decir unas verdades pero a los que atentaron contra la democracia y el pueblo se les da perdón absoluto y se les justifica que fueron presos políticos.

En Venezuela hay una clara lucha de clases. Existe un estrato social que se siente amenazado porque los pobres tengan igualdad de derechos, situación que no reconocen directamente, pero intelectual, económica y socialmente siguen las tradiciones del patriarcado, el racismo, la discriminación, que buscan las significativas desigualdades en la educación, la salud y la calidad de vida.

A pesar de todo nuestra clase media y alta han sido las más beneficiadas con la Revolución Bolivariana, situación bastante irónica y bizarra. Desde el triunfo de Chávez en el año 98 he escuchado cuentos de lo horrible que sería el gobierno actual con un proyecto revolucionario distinto, y todo lo que supuestamente conllevaba, como el hecho de quitar propiedades y vehículos a quien le sobre, la patria potestad de los hijos, entre otros cientos de cuentos para idiotas. Es increíble que la masa de población venezolana, que se supone con un alto nivel de instrucción educativa, en pleno siglo XXI actúe de manera tan ingenua y manipulable, y quizás de forma mal agradecida. Este gobierno salvó a gran parte de la clase media de los créditos indexados de la banca neoliberal venezolana. ¡Que mala memoria tienen! Sin duda es una parte de la sociedad con las antiguas ideas capitalistas de siempre, donde todos se consideran con derecho a recuperar aquello con lo cual contribuyen y que está marcada por una multitud de transacciones de intercambio; una sociedad donde todos calculan en función de su propio interés y se sienten engañados si no reciben su equivalente. No conciben a la sociedad como una familia humana donde la liberación de todos es la condición para la liberación de cada uno.

El que todavía tenga dudas sobre la división marcada de nuestra sociedad que analice los resultados del referéndum. Una parte de la población a la que casi no le llega los beneficios gubernamentales y que es muy pobre, sigue teniendo esperanzas en un nuevo sistema, y la considero capaz de dar su vida para lograr los cambios. Quizás nuestro presidente creyó que la gran mayoría del pueblo había desarrollado conciencia, y nada más alejado de la realidad y los resultados del 2 de diciembre es un golpe en la cara. Hemos intentado crear una nueva sociedad partiendo de los defectos heredados de la vieja, reforzando los elementos antiguos y que siguen siendo inherentes ahora. Se ha fomentado el egoísmo, la tendencia de las personas a comportarse de acuerdo a sus intereses personales sin considerar a los demás, y hemos hecho ver la desigualdad como algo normal. Sin querer, nuestra población inconciente nos está llevando al retorno de la vieja sociedad. No sólo es culpa de ellos, las acciones gubernamentales de la “nueva derecha endógena” enquistada en el proceso ha puesto de su parte. Puedo mencionar un solo ejemplo, y es la forma como se han descuidado las misiones y que simplemente se convirtieron en un requisito para recibir una recompensa monetaria, sin una base ideológica y revisión de conciencia.

La Revolución no ha entendido que lucha contra un monstruo que nos carcome las conciencias. Hemos subestimado al enemigo y nos ha herido de muerte, que a pesar de ser una victoria pírrica la de la oposición, no se puede negar que el proyecto constitucional que pretendíamos aprobar eran las bases fundamentales para la nueva sociedad venezolana. Tal proyecto nos beneficiaba a todos, menos a los corruptos y parásitos capitalistas, pero nuestra población no ha medido lo que se dejó de quitar tan fácilmente de las manos.

No hicimos nada para contrarrestar las campañas comunicacionales del imperio y sus lacayos en el país. Creamos una nueva televisora que al sintonizarla pareciera que vivimos en el país de las maravillas, con una programación pésima y aburrida y que no aporta nada a la batalla de supervivencia de la Revolución Bolivariana. Mario Silva, solo, no puede.

Nuestra maquinaria partidista y política en parte era un espejismo tejido para complacer y hacernos la idea de lo que queríamos escuchar e imaginar. No hay profundización y debate ideológico.

El tiempo convertirá al socialismo en una necesidad humana. Muchos en nuestro país pensamos que no hay alternativa al capitalismo y que lo mejor que podríamos hacer es tratar de mejorarlo. Sería un error pensar ponerle rostro humano a la barbarie. Nuestra Revolución está en un momento de incertidumbre que será decisivo en los próximos tres años. En nuestras manos estará evitar el triunfo de la barbarie y los arrepentimientos. Votamos en contra de nosotros mismos el 2 de diciembre, en nuestras manos está el no volverlo a hacer.

alfredoh24@hotmail.com


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