Consideraciones sobre nuestro pasado, tareas para nuestro futuro

Ahora que parece que estamos ante la apertura de una nueva etapa histórica quisiera pensar en voz alta algunas cosillas sobre Venezuela que den luz sobre algunas tareas pendientes y otras a emprender. No se trata de verdades acabadas ni mucho menos, sino algunos puntos para tenerlos presentes en nuestra reflexión y así tratar de torcer cierto sino histórico que padecemos, cierto destino ciego que se nos impone, torcerlo en un destino elegido y con inteligencia colectiva. Vamos a ver:

1. Lo que administrativamente denominamos Venezuela proviene de la Capitanía General de 1777. Si contamos los años entre esta fecha y 1810, año que inicia nuestra empresa independentista, apreciamos que: a) duró poquísimo para formar instituciones; b) fue concebida como capitanía general (términos militares), y siguió dependiendo del virreinato de Nueva Granada. Antes de 1777, dependía incluso de dos jurisdicciones distintas, una parte de lo que hoy llamamos Venezuela dependía de Santo Domingo, y la otra mitad de Santa Fé de Bogotá.

2. Cuando hablamos de Venezuela, por otra parte, hablamos de un territorio que si bien de pequeño a regular en el concierto americano, es inmenso en otras escalas. Pensemos que es el doble o más del doble de cualquier país de Europa occidental. Casi un millón de kilómetros cuadrados. Durante toda su historia hasta hoy, ha sido un territorio con muy poca población para su envergadura. España es casi la mitad de territorio que Venezuela y tiene 47 millones de habitantes. Nosotros con casi el doble probablemente hoy estemos sobre los 25. Nos sobra país para los que somos. En parte ello habla de cierta razón del descuido de muchas áreas y del despojo territorial que hemos sufrido. Pensemos también que nuestra población siempre ha estado concentrada en las costas, algo en Zulia y algo en la región andina. Pensemos del mismo modo que la región andina hasta tiempo reciente estuvo más conectada con Colombia que con nosotros y hasta el siglo XX casi estará fuera de la política nacional. En muchas ocasiones, se dice que para llegar a los Andes había que salir de Venezuela a las islas holandesas y volver a entrar por Zulia. En todo caso, tenemos que construir políticas territoriales que faciliten el poblamiento de todo nuestro país, apoyar las vocaciones económicas regionales. Sin duda se requerirá financiamiento, descentralización efectiva y, sobre todo, no volver a repetir la pervertida lógica de Farruco Sesto, aquella de que en “Caracas caben dos Caracas”.

3. Mucho territorio, poca población. Durante la colonia descuidado en gran parte por la metrópolis española, más concentrada en sus sedes virreinales, particularmente México, Colombia y Perú. Con ello se facilitó  hasta la llegada de los Borbones (1713) el crecimiento de una casta terrateniente poderosa que llamamos mantuanaje. Casta significa casto, de pureza sanguínea, una élite que evitaba mezclarse. Se trataba de una sociedad pequeña de estratos sociales muy separados, basada en la explotación y exclusión de los no mantuanos. Su economía estuvo durante mucho tiempo basada en el cacao, el petróleo de aquella época, y algunos otros productos de origen agropecuario. La explotación del cacao reforzó la propiedad latifundista y el esclavismo abierto o encubierto. Por el descuido del imperio ese mantuanaje vivió en gran parte sin mayores controles y con buenas ganancias que venían no de su relación con la metrópolis española, sino con el comercio ilegal en el Caribe con otras potencias (Francia, Inglaterra, Holanda). Una clase poderosa y contrabandista. Cuando los Borbones pusieron controles (Compañía Guipuzcoana) se disgustaron mucho y comenzaron a pensar en tentativas independentistas que fracasaron una y otra vez hasta que Napoleón invadió España en 1808. Entonces se armó el gran lío que ya sabemos. El resentimiento social tiene entre nosotros varios siglos que lo justifican, pero el resentimiento no es buen consejero. ¿Cómo podremos superarlo? ¿Sobre todo en tiempos tan polarizados a nivel planetario? Gobierno y oposición tendrán que construir otra política, revisar en nuestra historia lo afirmativo venezolano (Augusto MIjares), una vocación civilista que se ha manifestado en más de una ocasión.

4. Bolívar tuvo mucho de megalómano, y como tal ideas brillantes. Cierta lectura me enseña que la independencia comenzó en Venezuela como una guerra civil (“Cesarismo Democrático” de Vallenilla Lanz), una guerra entre unos que apoyaban a la corona española y otros que apoyaban la independencia, patriotas y realistas. Mientras, hasta 1814 España se mantenía bastante entretenida en su lío con Napoleón. Solucionado su problema, se incorporó a nuestra guerra para recuperar sus colonias, la guerra civil se volvió también una guerra internacional, pues además se metió con financiamiento Inglaterra y otras potencias enemigas de España. Es decir, esto fue un pandemonium, un round robin en el sentido beisbolero de todos contra todos, una guerra devastadora de una población pequeña, y cuyos cabecillas con mucho de megalomanía no se conformaron con la Gran Colombia sino que extendieron la guerra por gran parte del continente. Desastre total, si bien heroico, muy costoso históricamente. Nuestra historia de comienzos del siglo XIX tampoco facilitó la construcción de instituciones que le dieran un carácter orgánico a nuestra sociedad.

5. Después, el siglo XIX tuvo algunos momentos de estabilidad a partir de 1830 y otros realmente de confrontaciones bélicas intestinas brutales como la Guerra Federal. Con esta situación, sin mayor población y sin capitales llegamos tarde a la revolución industrial, además de que nuestra herencia se estaba vinculada con un imperio decadente. El país que entra al siglo XX era muy pobre, palúdico, analfabeta, con un promedio de vida de treinta años si acaso. 

6. Gómez, caudillo agudo, empezó a construir el Estado moderno (institucionalmente administrado y con control armado creando el ejército profesional nacional). Ya no hubo más guerras de a caballo, como gustaba decir a nuestro historiador Manuel Caballero. Desde entonces, y antes también, la integración del país la garantizaron las fuerzas armadas, no había prácticamente otras fuerzas orgánicas en el país para mantener unido un país archipiélago (Pino Iturrieta). Ojalá podamos integrarnos de cara al futuro en términos civiles y a partir de nuestros trabajos productivos basados en las vocaciones regionales de nuestro diverso país.

7. Entonces entró en escena el petróleo, hasta hoy. El petróleo es mucho. Es la energía que mueve todo el planeta, desde el avión hasta el auto, desde la fábrica hasta la luz de tu cuarto. Todo pasa por el petróleo. Y aquí salía a borbotones en occidente y oriente. Sólo lo podían explotar potencias industriales, Estados Unidos, británicos, holandeses. Al comienzo gozaron un puyero pues ni cuentas había, carecíamos de una hacienda nacional, pero igual con las regalías entró mucho dinero para un país miserable que había que levantar, que sacar de la miseria. Se hicieron grandes cosas. Vea fotos de Caracas hace 75 años, era monte y culebra. Y 75 años no es nada en la historia. Venezuela llegó a ser el segundo productor de petróleo del mundo y el primer exportador. Se curaron las enfermedades, se alfabetizó, se hicieron infraestructuras... y tantas cosas. No han  de atribuirse a un solo gobierno, ahí comienzan las narrativas ideológicas. Que si Pérez Jiménez, que si tal o cual. Pensemos, como ilustración, en una obra como la Ciudad Universitaria de Caracas, patrimonio de la humanidad. En su construcción participaron gobiernos desde Medina hasta hoy. O el sistema de orquestas, otro ejemplo. Más bien hemos fracasado cuando por razones políticas no se ha dado continuidad a las obras que alguna vez se emprendieron. El Helicoide es emblemático de esto último. Valoremos lo que hemos conseguido, procuremos recuperarlo allí donde se ha dañado, quitémonos de la cabeza el mito de la ruptura radical, de la revolución, del voltear la historia y empezar de nuevo y de cero. Eso nunca ocurre. Hay muchos valores en nuestra venezolanidad y en nuestra Venezuela material que bien vale seguir cultivando, desarrollando.

8. Para ir cerrando, pensemos que quienes trabajan productivamente en la industria petrolera no llegan al 1% de la población económicamente activa. De allí han salido históricamente el 95% de los ingresos nacionales. Hemos tenido mucha plata pero no somos productivos, en este aspecto no se sembró el petróleo. No era fácil, ya lo dijimos, éramos un país muy pobre cuando entró en escena el petróleo. No es lo mismo recibir esas cuantiosas ganancias cuando ya estás industrializado (Noruega) que cuando eres miserable y palúdico. Que se robó mucho por políticos inescrupulosos, seguramente. Pero también, repito, se hizo mucho, mucho y muy bien. Pensemos también que incluso por leyes procedentes de la colonia el petróleo, las minas y todo lo que esté en el subsuelo pertenece al Estado. Pero eso que llamamos Estado, nuestro Estado, es muy fuerte y débil al mismo tiempo. Fuerte por todo su poder económico, político y militar. Débil porque no tiene como soporte una sociedad orgánica, organizada, institucionalizada, con confianza social y sin resentimientos. Somos frágiles en eso que se ha llamado capital social. Nuestra sociedad no ha tenido tiempo histórico suficiente de organizarse y ese Estado superpoderoso muchas veces ha sido un freno para ello. Ha sido siempre, hay que decirlo, un Estado capturado por pequeños grupos organizados: los militares medio siglo pasado (la camarilla, se decía en la época de Pérez Jiménez), los partidos y sus cúpulas otro medio siglo (la cogollocracia), y después un siglo XXI que repitió la historia (los enchufados). Como tal, estos grupos han usufructuado el Estado de acuerdo con sus intereses.

He tratado de relatar algunos puntos para que surjan más preguntas y correcciones a errores que haya podido cometer. Algunas consideraciones incompletas, otras faltantes. Tenemos que armar nuestro complejo rompecabezas, cada quien tenemos que armarlo, sin embargo, se precisa lo más urgente, que hagamos pública nuestra discusión. Un país grande, sin población, con muchas riquezas naturales, geoestratégicamente clave, sin tiempo para haberse asentado históricamente, siempre en medio del conflicto de intereses entre potencias. Claves todas ellas de ese puzzle. Leamos, estudiemos. Disponemos de brillantes historiadores, científicos sociales y humanistas. Algunos han sido mencionados aquí, otros brillantes como Mariano Picón Salas, Uslar Pietri, Mario Briceño-Iragorry, y estos son apenas unos pocos nombres, deben revisitarse... Más recientemente, tenemos, "El Estado Mágico" de Coronil Imber o "La renta y el reclamo” de Urbaneja. Y tantos, tantos otros. Otro problema del país es que no nos leemos, a pesar de haber dispuesto de escritores brillantes en abundancia. Deberíamos enseñar a nuestros jóvenes a buscar, a indagar. Combatamos el adoctrinamiento en nuestros programas escolares. Ojalá podamos transformar nuestra educación, generar curiosidades, problematizaciones, amor. Parece que no nos faltan tareas, lo que es una buena oportunidad.

 


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Javier B. Seoane C.

Doctor en Ciencias Sociales (Universidad Central de Venezuela, 2009). Magister en Filosofía (Universidad Simón Bolívar, 1998. Graduado con Honores). Sociólogo (Universidad Central de Venezuela, 1992). Profesor e Investigador Titular de la Escuela de Sociología y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

 99teoria@gmail.com

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