Poder, corrupción y ética (II)

Ya sabemos que la corrupción y las conductas antiéticas en el sector público, son una tendencia del fenómeno que ha trascendido las fronteras, se la reconoce una pandemia se podría decir en los gobiernos del mundo, donde los políticos, los servidores públicos, ya no hacen lo que pide el pueblo, sino lo que mandan los que tienen poder económico, con lo cual ya se dice mucho del talante de estas individualidades que pagan por deshacerse de quienes son una piedra en el zapato, que los desenmascaran y los coloca ante las pantallas de todos los medios disponibles. Hoy es imposible que puedan burlar a los pueblos, así se sigan beneficiando de la corrupción en provecho propio, de sus empresas, a sus familiares, amigos, socios, organizaciones, causas y movimientos sociales, políticos incluso culturales. Los servidores públicos son los primeros en estar expuestos a presiones y tentaciones favorables a intereses particulares en lugar del interés público. Influyen la falta de una cultura de integridad, de principios, de valores éticos consolidados; factores que son blanco de la corrupción que se revitaliza y contribuye a su proliferación, si los funcionarios públicos no van a contramarcha de la contracultura organizacional y social permisiva y sin ética. Además, si no se cumplen los mecanismos de control y sanción, Hasta ahora la lucha contra la corrupción es cada vez más difícil pese a los mecanismos contra la actitud impropia, que potencia a los corruptos, por lo que de nada sirven declaraciones, amenazas, convenios, leyes, ya que para los corruptos es letra muerta.

 

Es mucho lo que se ha intentado contra la corrupción, un problema que ha resquebrajado la sociedad de manera mendaz, un fenómeno que abarca desde el tráfico de influencias, para obtener beneficios a cambio de dinero o de favores ilícitos, vulnerando el control de las personas, pues por lo general entraña la violación el derecho y la norma prescrita sobre la igualdad ante la ley, llegando incluso a vulnerar principios democráticos, al sustituir el interés público por el privado de los corruptos. Como consecuencia se propicia la consolidación de élites burocráticas políticas y económicas, erosionando la credibilidad y legitimidad de los regímenes, reduciendo los ingresos fiscales, impidiendo los recursos públicos, y coadyuvando al desarrollo y bienestar social. La corrupción permite aprobar operaciones de leyes, programas, proyectos políticos, sin estar avalados por la legitimidad popular, lo que favorece la cultura de la corrupción, lo que hace que prolifere como algo permisivo. Sin duda representa un desafío para toda la sociedad que deben aplicar contraloría frente a los funcionarios públicos, que están en sus cargos para cumplir y hacer cumplir las leyes y lidiar contra la impunidad y la falta de efectividad de los controles que existen. Ante tales desafíos la única manera de ir contra la corrupción es que existan fuerzas mancomunadas pueblo gobierno, donde el soberano sea el que mande y no las instituciones constituidas por encima de las constituyentes que es otra forma que adquiere la corrupción desde los regímenes de turno que se hacen de la vista gorda de tales desafueros y delitos.

 

Las grandes influencias de intereses particulares, la falta de una cultura ética consolidada y las limitaciones de los mecanismos de control y sanción hacen que la corrupción se imponga y salgan librados los corruptos. El régimen de NiMaMo ha sido el más corrupto de la historia nacional porque no hay una ley o normativa que no haya roto, desestimando su accionar personal, prestandose a que sea la corrupción la que impere y no la ética, menos la pública, que ha sido definida en muchos trabajos al respecto donde se clasifica detalladamente en qué consiste y cómo actúa. Los casos y canales por los cuales la corrupción dificulta el desarrollo económico incluyen además de la reducción en la inversión extranjera directa, el incremento desmesurado del gasto del gobierno, la distorsión de la composición de ese gasto del gobierno que se aleja de la educación, la salud, el mantenimiento de infraestructuras, y se desvía hacía proyectos públicos menos eficientes, pero con mayor impacto en el ámbito para la manipulación y las oportunidades de obtención de sobornos. Si las instituciones se visten del poder y lo ejerce una cúpula minoritaria, y si se legitima la corrupción por sobre lo ético, la política y todo lo que toque irá en contra de lo que se supone es la manera democrática de actuar desde las instancias que deben servir para mantener el equilibrio y sea armónico, para el beneficio de la nación, en igualdad de condiciones entre sus miembros. Un fenómeno de tal naturaleza obedece al ejercicio honesto y probo dentro de una revolución que estima realizar cambios desde un proceso que sea compatible y evite los trastornos sociales que arrastran a los ciudadanos hacia alcanzar sus objetivos morales, desde la ética individual que hace que exista confianza entre quien gobierna y quienes son gobernados en igualdad de condiciones, donde se participe y sean protagónicos para, desde la autonomía funcional, se controle la corrupción y los delitos asociados, que hacen de las personas esclavos de los compromisos adquiridos de los vicios, al sellar un pacto con el mal comportamiento que es la enfermedad del presente, donde se compromete el alma y se consume como una vela encendida.

Cuál es el antídoto contra tales circunstancias adversas para la sociedad. Si los sujetos son deshonestos consigo mismos, traicionaron la confianza que se deposite en ellos, siendo presas fáciles del contagio que minará su credibilidad. Si no hay integridad en los servidores públicos, la realidad será una espada de Damocles, que irá sucumbiendo, volviéndose enemiga de sí mismo, debiendo sucumbir a la sombra, ocultándose de todos quienes le rodean, de sus más cercanos. Si la miseria incuba en ellos, lo que no les ha costado conseguirlo con trabajo y empeño, fácil será que lo pierda o se vuelva sal y agua entre sus manos. La corrupción es el ámbito donde se refugian los funcionarios que han faltado a su juramento, ante Dios y la bandera a la que deben cumplir por propia voluntad. El conseguir obtener ventajas desde la administración del poder público, de manera oculta, es faltar a la ética, y un desvío de sus funciones, por lo que se convierte en reo de penas y sanciones. Los casos de corrupción abundan y su magnitud responde a la posibilidad de obtener ingentes recursos a través de firmas y fraudes a la nación por millones de dólares repartidos en los paraísos fiscales y en adquisición de todo tipo de bienes. Tales montos alcanzan al presupuesto de la nación que se han evaporado en lo que venía arrastrando de la IV República, más lo que se lleva sumado desde el 2013, cuando comenzó la rebatiña entre los corruptos que llegaron al poder, que no son todos los que están, ni están todos los que son, porque sabemos lo que les ha pasado al querer evadir a la justicia internacional, que los había señalado como corruptos y han sido sancionados, no sin haber soltado la lengua, salpicando a sus antiguos compinches que les dieron rienda suelta o, bajo los mismos jefes, en las mismas instituciones de donde se han extraído los capitales desfalcados. Los honestos que son la mayoría están preservándose ante el ataque desmedido y hasta despiadado del régimen que se ha entronizado en las instituciones, donde ya nada funciona bajo la ética, ni hay moral, como ya lo explicamos en el artículo anterior, donde se ha perdido el horizonte de la gestión pulcra, la razón de Estado, por señalamientos contra la corrupción, dilapidando los subsidios que indirectamente pasan a manos de sus administradores haciendo con ellos una oportunidad para sus fechorías. Muchas manos en la olla ponen el caldo morado. Remesas van y vienen en divisas, una hemorragia de dólares que han acumulado para invertirlos entre los corruptos con las moles de concreto, inmuebles, bienes y servicios personalizados al gusto de los importadores nacionales y extranjeros que tienen carta blanca, verde y roja. Menos el pueblo al que desde hace más de una década viene padeciendo como nunca antes en el país, que con Chávez y los chavistas hasta 2012 habían dado garantía de bienestar para las mayorías, y ahora es pura ilusión, pura manipulación, pura inteligencia artificial para todo uso y abuso desde el poder de NiMaMo y sus nimamistas.



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Franco Orlando


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