Crónicas cotidianas

Pa´sacame una muela

Eran las 6:30 de la mañana cuando llegó hasta la puerta y le dijo al portero, quien la atendió con el mayor respeto. "Señor, vengo pa´que me saque una muela". "Si, señora, tiene que esperar en la cola de la tercera edad, pero creo que solo atienden a 15 personas y ya hay como 18. Espere a que los médicos lleguen a las 8 y entonces le dirán. Cuántos años tiene usted". "74 -le respondió la mujer- pero vengo desde Güigüe. Imagínese, yo no puedo llegar antes de las 6, porque a esa hora no hay transporte por donde yo vivo". "Bueno, tiene que esperar para que alguien hable con usted, oyó", le replicó el hombre con la mayor amabilidad.

La cola en el Centro de Atención Odontológica Parque Valencia, ya era larga. Pegados a la reja estaban mujeres con niños, algunas personas discapacitadas y mujeres embarazadas. Todos vienen con la esperanza de que un médico los vea; o alguien que vacune a los niños, o que atiendan a la mujer recién parida, o las citas de odontología. Al lado se ubica la cola de la tercera edad, donde solo atienden a 15 personas, que deben llegar antes de las 6 de la mañana, lo que es imposible para la mayoría de los asistentes. Hay un agregado: a las 6:30 de la mañana ya el sol comienza a ser implacable, y hay pocas formas de guarecerse, por lo que no queda otra salida que llevar el calor de pie hasta la hora que llegue el personal, es la única solución. "Pero si es tan fácil hacer un techo con un poco de sillas del lado adentro donde hay árboles, así la gente puede llegar a las 6 de la mañana y esperar hasta la hora que sea llamado, porque los muchachitos comienzan a sentirse incómodos y a llorar y a protestar por el calor. Cuando llega el personal a las 8 de la mañana, nos estamos ahogando de calor, nos estamos haciendo pipí, nos estamos muriendo de hambre. Yo creo que el alcalde debería cambiar el horario del personal y hacerlos que lleguen a las 7 o las 7:30, y que se vayan más temprano", comentó una mujer, quien asiste con regularidad al centro porque lleva a su mamá al odontólogo y ella va al médico.

Pero a las 8 es cuando comienza a llegar el personal del Centro Clínico. Y al propio estilo venezolano, la mayoría llega con la bolsa con las empanadas y el café en la mano. Desde afuera, se suele escuchar la tertulia del balance de cada uno de la noche anterior, mientras desayunan, toman café y chismosean. Así que es a las 8:30 y 8:40 cuando sale una mujer, robusta, bonita, mandona, amable y agradable. "Ya saben que solo atendemos a 15 adultos mayores, porque no tenemos estructuras para más. Tienen que venir más temprano", dijo. "Pero amiga, yo vivo en Paraparal, y es casi imposible que pase una camioneta antes de las 6 de la mañana. Yo necesito acomodarme la dentadura porque no quiero perder mis dientes, aunque tenga que sacarme una muela", le replicó un hombre. "Cuántos años tiene usted", le preguntó. "77, pero estoy fuerte, pero no tengo pa´traerme la arepita para comer. Y después que me atienden, llego como a las 12 a la casa, a veces a la una". "Yo no puedo decirle otra cosa, sino que busque la forma de llegar más temprano".

Mientras, se acercan personas y preguntan una y otra cosa. A todas atiende con respeto, y para todas hay respuesta. "Y por qué el alcalde, en ese montón de espacio, no manda a hacer un galpón bonito con muchas sillas, mija, para que la gente no tenga que aguantar tanto sol, que ya a las 7 comienza a picar" soltó a lo lejos una mujer con un niño en los brazos. "Eso es algo que no les puedo responder. Supongo que lo están planificando. Pero no puedo decirle nada. Por lo pronto, los de la tercera edad, me dan la cédula, pero recuerden que solo 15. Los demás deberán venir mañana".

La frustración se vio en los que, resignadamente, daban media vuelta para regresar. "Gasté mi pasaje, y mañana mi hija me tiene que volver a dar. Se va a arrechar, pero qué puedo hacer".

Ya eran las 9 cuando comienzan a llamar por nombres, de cinco en cinco. Los sientan ordenadamente y los comienzan a pasar a una sala donde les toman la tensión. Nadie se salva. Si está alta, "siéntese por allí un rato para que se tranquilice". Si está normal, vuelve a la cola a esperar que lo llamen. Entonces el proceso es más o menos rápido, porque son 10 consultorios y un grupo de jóvenes estomatólogos, atienden con amabilidad y respeto, a sabiendas de que un adulto mayor merece consideración y solidaridad.

"Es muy bueno el servicio aquí, pero lo malo es que no tienen el equipo para hacer la panorámica y casi siempre te la piden. Creo que el alcalde debería comprar el equipo, e instalarlo aquí, y simplemente que lo paguemos. De todos modos, lo tenemos que pagar en la calle. Y que, en lugar de 10 dólares, paguemos 7. Este es un buen servicio. Yo soy docente y no volví al IPAS, porque es un desastre", comentó un profesor de educación media quien ya pidió la jubilación.

La sala de odontología está llena y uno a uno van pasando. Al otro lado, los pacientes esperan con tranquilidad a ser atendidos. El médico general que vea a las mujeres y los hombres, o el pediatra que vea a los niños. El personal no les quita la vista de encima a ninguno. Todos llevan su mascarilla. Todos esperan con paciencia. Todos apuestan a que el médico los vea y no tengan que volver. Todos esperan a que el galpón, o sala de espera, sea pronto una realidad.

 

 

Rafael Rodríguez Olmos

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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

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