Siete veces

Hace muchos años, cuando era miembro del Grupo Indigenista de la UCV, que lideraba el antropólogo Esteban Emilio Mosonyi y su hermano Jorge, hicimos una excursión a Tucupita, y de allí, en curiara, navegamos hacia la desembocadura del Delta, para quedarnos en algunas de las comunidades waraos que poblaban la ribera del río. Ya para esa fecha, entre las comunidades había enfermeras y enfermeros, muchos docentes y algunos médicos, que fueron a las universidades, pero regresaron. Algunos del grupo nos aventuramos más y fuimos a parar a un pueblo que queda justo en la desembocadura, llamado Pedernales. Debe seguir siendo un pueblo, ahora propiedad del narcotráfico, digo yo.

Trabajando como fotógrafo de un ministerio, en varias ocasiones volé en helicópteros de la ahora GNB, para hacer fotografías aéreas. Alguna vez llegamos a zonas como Parima A y Parima B, sobrevolamos los tepuyes y llegamos al Esequibo. Un capitán, que en una oportunidad era el piloto, era un gran aficionado a la historia de Venezuela, y se la conocía toda. Me contó de movimientos militares de tiempos de Pérez Jiménez y me explicaba no la densidad, sino lo hermoso de esa parte de Venezuela que ahora está en reclamación.

Viendo los videos de algunos sionistas, en los que, afirman que son los elegidos de Dios, y que por tanto se apropiarán de todo el mundo para dirigirlo, por lo que no importa cuántos seres humanos deben morir. Me remonté de inmediato a la barbarie yanqui que ha recorrido el mundo, porque, de hecho, ellos hace años vienen cometiendo esa práctica. Ahora de manera frontal y cínica.

Y cuando uno ve el mapa en conjunto en donde se ubica el Esequibo, con una ubicación tan privilegiada, y ahora se sabe que, con tantos recursos, me queda claro que necesariamente debe haber allí una base militar, muy, muy grande, con un aeropuerto para aviones capaces de transportar armas nucleares. Yo, que no soy militar, y no sé de esos menesteres, estoy convencido de que allí habrá una base militar, que además cuidará toda la infraestructura petrolera ya instalada en toda la zona. Pero que de paso operará para vigilar toda esa región del Atlántico.

No es un juego lo que se disputa Venezuela. Tampoco se sabe de qué tamaño son las riquezas que hay allí y qué tipo de riquezas. Por lo pronto se sabe que hay petróleo y oro, pero con toda seguridad que habrá otros minerales de extrema importancia para el desarrollo del mundo de hoy. Para que el lector se dé una idea del tamaño del problema, imagine que ese territorio que reclamamos es siete veces más grande que Israel. Dicho de otro modo, Israel cabe siete veces allí. Ya pueden imaginar la importancia de ese pedazo de tierra.

rafaelolmos101@gmail.com



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

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