Crónicas cotidianas

Insáusti

Así le decían sus amigos, y hasta su hijo Vladimir. Debió ser 1982 cuando nos conocimos, una vez que estuve visitando a un gran maestro del periodismo, Américo Díaz Núñez, allá en el edificio Cantaclaro, sede del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Fue por cierto uno de los mejores embajadores que tuvo el proceso, allá en Bielorrusia. Por su gestión se construyó una plaza Bolívar en ese país y se creó una biblioteca. Allí, en Cantaclaro, lo visitaba William García Insáusti, quien fue uno de los mejores amigos que tuve aquí en Valencia, donde nos encontramos los tres. Ambos habían salido electos diputados de la primera Asamblea Nacional Constituyente. William sacó la mayor cantidad de votos en Carabobo. Por cierto, fui severamente reprendido porque dije públicamente que uno de los diputados electos, era un insigne dirigente (mascaverga le dicen en mi pueblo) de Acción Democrática (AD) cosa que no debió extrañarme porque el primer jefe de la fracción parlamentaria del entonces MBR (para quienes no lo sepan), era un connotado dirigente adeco de Barinas.

Para entonces, Teodoro Petkoff, me había llamado para que integrara el nuevo equipo de El Mundo, donde había sido nombrado director, por lo que me vine a Caracas. Yo escribía las "Crónicas Parlamentarias" que eran muy leídas. Cuando botaron a Teodoro me convertí en Jefe de Política del vespertino. Luego me botaron por presión de Miraflores o de la Cancillería, nunca lo supe con exactitud, y regresé a Valencia.

Ninguno de los dos periodistas fue candidateado para el nuevo período, por lo que ambos regresaron a Valencia. Yo llegué de último directo a dar clases en la Universidad Arturo Michelena. William y yo, ya llevábamos 16 años, compartiendo cosas. Ambos veníamos de la derrota de la izquierda, aunque en dos etapas diferentes, y él venía de las guerrillas, yo no, por lo que los diálogos siempre giraban en torno a la nueva coyuntura y la necesidad de hacer un periodismo diferente. Luego, alguien en Caracas entendió el valor de Américo y su capacidad y lo postuló para ser embajador. Para allá se fue. Él trabajaba en la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, hasta que el cáncer le comenzó a hacer una mala jugada. Se operó en Rusia y en Bielorrusia y finalmente vino a morir a Valencia. Pero en vida nos reunimos los tres y diseñamos un periódico. Proyecto que llevamos al Psuv y a los organismos de Caracas y nunca conseguimos financiamiento.

Así que nos quedamos William y yo, inventando qué hacer en materia de periodismo y buscando apoyo por todos lados. William había conseguido una prensa plana comprada por un dirigente copeyano amigo de él, en donde se sacaban algunos periódicos con escasa circulación y que en realidad producía muy poco dinero. Vladimir, su hijo, era el diagramador.

Había trabajado tanto en las revistas del grupo De Armas como las de la Cadena Capriles. En Caracas trabajaba para todo el que le diera trabajo, antes del triunfo de Chávez. Se inscribió en la escuela de comunicación, aunque no terminó la carrera. Finalmente terminó siendo uno de los periodistas estrellas de grupo De Armas, por lo que Armando De Armas le encargaba las investigaciones complejas y delicadas que se publicaban en 2001.

William había pertenecido al frente José Leonardo Chirinos. Al final de los 60 había sido enviado a entrenarse a Vietnam. Por él supe que ningún frente guerrillero en Venezuela tuvo 200 hombres juntos y que la lucha armada había sido una ilusión. Por cierto, Américo me dijo en una oportunidad que nunca estuvo de acuerdo con la lucha armada y que había sido un error esa decisión apresurada del PCV, acorralado por los adecos y la sagacidad de Betancourt. Poco tiempo después de haber regresado de Vietnam, García Insáusti subió a las montañas de Lara, un mes después, bajó con otros combatientes a un poblado para ser atendidos por médicos debido a parásitos. Allí fueron delatados y cayeron presos. Fue torturado, enjuiciado y enviado a la Isla del Burro. Algunas de sus anécdotas salen en el libro "La lucha armada en Venezuela" de la excelente investigación del antropólogo Pedro Pablo Linares sobre el proceso guerrillero venezolano, que por cierto tengo entendido que está estancada y no ha culminado, porque después de su muerte en el 2014, el proyecto no recibió más financiamiento. Vale recordar que aún hay cientos de desaparecidos de aquellos tiempos de combate.

Lo cierto es que, cuando estábamos en Caracas, hicimos algunas cosas juntos en materia de periodismo, mientras yo estudiaba en la UCV. William era un maestro, con una profunda formación marxista, pero que entendía cuáles eran los bemoles de enfrentarse con el periodismo a una sociedad que aún le costaba asimilar. Tenía una cultura universal. Alguna vez hicimos un periódico entre los dos porque no había ingreso para pagarle a nadie y lo vi escribirlo casi solo: una página de economía, una de deportes, una de farándula, una de literatura y dos de política, porque yo hice otras dos de política y dos de internacional. Fue uno de los dos novios que tuvo la Miss Venezuela María de las Casas, porque el periodismo lo compartía con el güisqui, las mujeres y la política. Tenía una visión profunda de este proceso político. Alguna vez me dijo que a Chávez lo terminarían traicionando.

Mientras escribo esta crónica, dos domingos atrás nos dejó. Estaba ciego pues tenía una compleja enfermedad de la vista que debía ser operada y aunque hizo diligencias en la AN donde fue diputado, nunca obtuvo respuesta, ni auxilio. Nadie personalmente se ocupó de su caso. Américo, él y yo, compartimos momentos de locuras y de elucubraciones en torno a cómo construir el socialismo, y si era posible encontrar ese rumbo.

Siempre he creído que quien murió, simplemente. Toda esa boutade sobre la siembra de alguien, no es más que un derroche de retórica, porque la realidad es que, en vida, todos se olvidaron de William. Pero soy un absoluto convencido de que el alma no muere. ¿Hacia dónde va? Es una buena pregunta. Ojalá y supiera. Y espero que el alma de William García Insáusti, donde quiera que esté, esté pujando, junto a Hugo, por no perder lo poco que permanece vivo de este proceso.

 

Rafael Rodríguez Olmos

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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

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