19 de abril de 1810

Vicente Emparan es mi nuevo héroe

(Deconstruyendo la Historia de Venezuela)

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Algunos especialistas chilenos nos dan un ejemplo gráfico de la importancia del estudio de la historia nacional : la destrucción de templos, museos y monumentos en el país de Neruda durante las protestas, se debió al hecho de que se ha descuidado la enseñanza de la Historia, y los jóvenes no saben quiénes son, por ejemplo, esos tipos eternizados en el mármol.

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Nuestra generación conoció la Historia de Venezuela desde los pupitres de la escuela primaria. Era una historia amena como los cuentos infantiles, en correspondencia con la edad. No era una historia alienante ni patriotera. Incluso puedo decir que era una historia crítica, hasta el punto que en una ocasión cuando, en segundo grado, estudiábamos la Batalla de Las Queseras del Medio, la maestra pidió acercarse a su escritorio para decirnos algo que no podía decir en voz alta. Después que la rodeamos nos explicó : Esto es un secreto. Páez no dijo !¡Vuelvan caras!, en realidad dijo: !Vuelvan carajo!

Mil años más tarde supe que la maestra estaba deconstruyendo nuestra historia, de manera sencilla, sin aspavientos y sin necesidad de recurrir "a la prosa oscurantista y a los asfixiantes análisis literarios o filosóficos de Jacques Derrida", como afirma Vargas Llosa.

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Antes no lo veía así, pero ahora Vicente Emparan (1747-1820) me parece un hombre muy decente, progresista y democrático, a pesar de provenir, por su ascendencia y labor gubernamental, de una rancia estructura de la realeza imperial española, con toda la carga de autoritarismo que ello implica.

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Cuando Emparan fue gobernador de Cumaná (1792 -1804)Humboldt, al presentarle sus credenciales, lo describió como un hombre honorable, interesado por las artes y las ciencias : "​Las muchas atenciones y pruebas de consideración que nos dispensó, durante nuestra larga permanencia en su gobierno, contribuyeron para procurarnos una acogida favorable en todas las partes de la América meridional..."

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Emparan, según Ildefonso Leal, como gobernador de Cumaná construyó hospitales, escuelas, puentes ; tecnificó la agricultura, embelleció los templos; y en Caracas contribuyó al desarrollo del periodismo al adquirir una nueva imprenta. Fue uno de los gobernantes más cultos "que atesoraba estupendos libros": marino de escuela, aficionado de la botánica. Fundó casi diez pueblos en el Oriente venezolano.

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Fue Capitán General de Venezuela por breve tiempo (1809-1810), cargo que abandonó en los hechos conocidos por todos como "El 19 de abril".

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Con el palmarés que hemos citado, Emparan ya tiene su lugar en la Historia, pero es por su talante democrático que se gana nuestra admiración: se le hizo un referendo revocatorio(que él mismo solicitó sin papeleos burocráticos), donde le pidieron la renuncia, "la cual aceptó". A otros por allí le han solicitado referendos revocatorios, constitucionales y consultivos, y se atornillan más en el poder. Se les hacen cabildos abiertos, semiabiertos, cerrados y semicerrados, y nada. Tienen el rechazo, no solo del pueblo de Caracas como lo tuvo Emparan, sino de más del noventa por ciento de los venezolanos, y nada pasa.

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Emparan no dijo: "Las voces que gritan no quererme están desafinadas", ni tampoco fisgoneó el acta que le destituía para buscar firmas planas.

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El fundamento de la deconstrucción de la historia es comparar acontecimientos similares en muchos aspectos, y sacar otras conclusiones. Esto hace que la Historia sea dinámica y que un hecho sea reinterpretado a la luz de nuevas tesis políticas, nuevas ideas y nuevas emociones. Porque lo que ayer sucedió, fue y no fue, y es como el río de Heráclito. La Historia y el pensamiento son dialécticos, porque todo fluye y todo cambia.

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Cuando toda esta pesadilla pase no perderemos el tiempo en revanchismo contra los destructores del país, porque el odio corroe el alma. La reconstrucción de la República empezará por el rescate axiológico de nuestra Historia: deberíamos levantarle una estatua a Vicente Emparan: un gobernante que se adelantó a nuestro tiempo y nos enseñó el verdadero sentido democrático y liberador de un referendo. Además de ser el primer político de la nación en cumplir cabalmente con aquello de que la voz del pueblo es la voz de Dios.

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Si a uno no lo quieren, tanto en el amor como en la política, lo mejor es irse.

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Definitivamente, Vicente Emparan es mi nuevo héroe.



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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