Hugo Chávez Frías, "Me dieron ganas de llorar, no lo hice o lo hice hacia adentro"

La primera reflexión que se me ocurre tiene su raíz o su razón en el hermoso mensaje que acabamos de oír de un soldado venezolano: "Soldados, soldados de siempre, soldados de la humanidad, soldados de la Patria". Soldados somos y por soldados hemos tomado caminos, del 4 de Febrero, al 27 de noviembre asi es el sacrificio de mucho esfuerzo, de dedicación porque para eso somos los soldados. Los verdaderos soldados estamos hechos para el sacrificio, esa es la verdad. Soldado aquel, por ejemplo, aquel guerrero espartano, famosa esa anécdota, esa historia de Leónidas ¡qué soldado era Leónidas con los espartanos! Allá en aquellas batallas de la antigüedad, con sus espartanos rodilla en tierra, ante la invasión de los bárbaros, así llamados por la Historia y sabiendo que iban a morir allí en Las Termópilas, paso estratégico del Asia Menor hacia Grecia, pero pasa salvar a Esparta tenían que morir y famosa es la frase del soldado Leónidas, cuando llamó a un viajero que iba pasando por el camino y le dijo: "Viajero, anda y dile a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes y por salvar su honor" y todos, hasta el último, Leónidas murió combatiendo por Esparta y la salvaron.

Para eso somos los soldados. el que tome la carrera de las armas está tomando el sendero del sacrificio y no por sí mismo sino por los demás, por su pueblo, por su patria. Yo recuerdo cuántas cosas de soldado, porque yo soy un soldado, eso es lo que soy. No soy ninguna otra cosa. Presidente por el tiempo que Dios quiere y que el pueblo quiera, lo demás es transitorio, pero aquí me forjaron de soldado allí, detrás de esos muros rojos y por estas calles y por estos cerros y por estos verdores y debajo de ese azul y debajo de ese gris de los nubarrones, aquí nos fueron cuajando como soldados dispuestos al sacrificio, al más grande de los sacrificios: a la vida misma como Leónidas y como tantos soldados venezolanos de la Historia de siempre.

Decía que cuántas cosas uno recuerda mirando el cerro, la Colina de Gato, mirando la cancha de liderazgo, mirando los cañones de los vehículos blindados, mirando las tropas en formación, oyendo las voces de mando, el sable desenvainado, los honores al Pabellón, el sol que tiempla la piel y el alma del soldado ¡cuántas cosas por la mente!. Nunca se me olvida una noche allá en aquella azotea. Prezzutto Laureti era Mayor y yo era Capitán y estábamos pasando revista, él era Jefe de Servicios y yo Oficial de Día de la Academia Militar y después del Toque de Silencio, como siempre, la revista, muy prusiana como tiene que ser y estábamos en la azotea caminando, siempre de vez en cuando algún cadete de esos que les gusta chicotear, fumarse un cigarrito en la noche se iba a la azotea y uno iba a buscar, como uno también lo hizo de vez en cuando, uno iba siempre a los sitios pasando revista, por los sitios más álgidos: la azotea, desde ahí se domina todo el patio, se oyen los ruidos de la noche y recuerdo que mirábamos ese cerro, sus luces a las 10 de la noche más o menos y ya uno andaba encendido por dentro como soldado, viendo como un pueblo se moría de hambre, de dificultades y cómo los jefes robaban y robaban. Uno lo sabía y hablaban de moral, de Patria y lo que hacían era robar y robar.

Yo recuerdo que le dije a mi Mayor Prezzutto: "mi Mayor, mire aquellos cerros". Hicimos unas buenas reflexiones que nunca olvidé, como jamás olvidé tantas cosas, como nunca olvidaré el día que Raúl Salazar me trajo hasta ese patio también el último día que fui Teniente Coronel activo, el 26 de marzo de 1994. Cuántas cosas tendría uno que decir aquí parado, cuántos recuerdos, cuántos sentimientos en este Día del Soldado, pero permítanme algunos, de tantos recuerdos, de tanta emoción aquí contenida, reflexionar sobre este momento que estamos viviendo. Lo demás es camino que hemos andado, pero cuánto camino falta por andar a los soldados verdaderos de la Patria de Bolívar y en primer lugar, soldados, eso es lo más importante: la raíz, la esencia. Nunca podemos perderla.

Precisamente el 10 de octubre, lo estamos celebrando hoy porque no quise irme al Asia sin pasar este rato con ustedes como soldado y dentro de pocas horas, Dios mediante, saldremos a un viaje largo hacia el Asia y Europa. Por eso le pedí al señor Ministro de la Defensa que adelantáramos la celebración. Yo quería estar aquí, porque yo me alimento mucho de estos espacios, de esos ojos, de esas manos, de esas armas, de esos símbolos.

Precisamente, decía, celebramos el Día del Soldado cada 10 de octubre, porque miramos las raíces, las sentimos que no son otra que las raíces bolivarianas. Hemos oído todos el decreto dictado por Bolívar el 10 de octubre de 1813, y hay que recordar qué es lo que estaba pasando en Venezuela en ese entonces para tener una mayor percepción de lo que significa ese gesto de Bolívar. Recordemos que se había perdido la Primera República. El Generalísimo capituló por necesidad del momento y cayó la Primera República y Bolívar se fue a Cartagena de Indias, solicitó apoyo a la Nueva Granada y se vino en aquella fulgurante Campaña Admirable, como pocas campañas en la historia de los siglos; la Campaña Admirable, comparable a las más grandes campañas de Aníbal, de Napoleón. Bolívar era eso: un gran soldado, un gran Capitán y después de haber cruzado los Andes, los llanos y el centro, llegó a Caracas en agosto de 1813 y comenzó la Segunda República y una de las cosas que Bolívar siempre, desde entonces hizo, fue organizar la República.

En las reflexiones que yo hacía a la Soberanísima Asamblea Constituyente cuando presenté el Proyecto de Constitución hablaba de las Repúblicas, van cuatro Repúblicas, está naciendo la quinta, ya casi se oye el chillido del muchachito que está naciendo. La decisión de la Corte Suprema de Justicia: la Asamblea Constituyente está por encima de la Constitución. Tomen nota para la historia, historia grande que estamos haciendo, ejemplo al mundo de una revolución democrática y pacífica. Decía yo en esas reflexiones a la Asamblea Constituyente, que Bolívar era creador, no era un destructor y eso lo coloca en un lugar prominente en el mundo de los Grandes Capitanes, de los grandes guerreros, de los grandes combatientes. Bolívar andaba creando, así que creo la Segunda República, dictó leyes, reglamentos, desde Maracay, desde Valencia, desde Caracas, en todo el eje central con una visión estratégica muy clara, fortalecimiento del eje central del país.

Dictó normas para las aduanas, dictó normas para fortalecer la economía, para acuñar monedas, una especie de Banco Central, en plena guerra, 1813 y entre las cosas que él sabía muy bien, porque no olvidemos que cuando Bolívar estaba en Cartagena llorando sus penas en los muros eternos de Cartagena de Indias, emitió aquel famoso Manifiesto de Cartagena, donde analizó las causas de la caída de la Primera República y una de las cosas de que hablaba Bolívar, era de la falta de un ejército de línea. Decía de los soldados bisoños que a las primeras derrotas creen que todo está perdido y olvidan que sólo la constancia es la que hace a un verdadero soldado y que como el mismo Bolívar lo dijo en una ocasión: Dios concede la victoria a la constancia. Constancia y más constancia, no importa caer una y cien veces, lo importante es saber caer con dignidad, con bandera y levantarse al primer momento oportuno y seguir la batalla, y caer y volver a batallar y seguir, esa es la vida.

Entonces Bolívar, conocedor como era de que una de las causas de que se haya perdido la Primera República, fue que no teníamos un ejército de línea, adiestrado, con buenos jefes, en el Manifiesto de Cartagena, decía Bolívar que teníamos filántropos por jefes y filósofos por legisladores y soldados bisoños, sin entrenamiento, sin mando, sin liderazgo y entonces se dedicó, además de fortalecer la Hacienda Pública, de adecuarla a la República, de hacer contacto con algunos países de América y del mundo, a formar el ejército y de allí viene el decreto del 10 de octubre del año 13. Un jefe, un líder que está pendiente hasta de la ración de carne y de pan para la tropa y designando un Comisario, pero yendo hasta el detalle de cómo se iba a distribuir la ración. Bolívar siempre fue así, toda su vida fue así, pendiente del soldado, de qué zapato está usando el soldado e incluso entró en conflicto una vez con la Iglesia Católica porque en la Campaña del Perú no conseguían metales para el trabajo de las tropas, para mejorar su nivel de vida, para arreglar los calzados y para las armas y herraduras de las bestias. ¿Saben lo que hizo Bolívar? Mandó a tumbar las puertas de las iglesias y a sacarle el metal para fundirlo de manera que los soldados pudieran tener buenas cabalgaduras herradas para subir la sierra, a buscar los españoles, a derrotar al Imperio en aquellas frías tierras de los Andes peruanos.

Este decreto dice mucho más que la letra. Hay que buscar el espíritu del decreto y cómo nos enseña a nosotros, los que somos líderes, porque tenemos que serlo, no tenemos otra alternativa. Todo militar que tenga mando, desde un Distinguido, tiene que ser un líder, un comandante, un jefe militar, un verdadero líder y un verdadero líder tiene que estar pendientes de sus soldados, de su tropa, del ser humano y si algo refleja el decreto de Bolívar del 10 de octubre, es que aquel hombre andaba pendiente del ser humano, de levantar su mística, su moral y una de los elementos fundamentales de la moral de un soldado, es su vestimenta, su alimentación.

Napoleón, ese otro Gran Capitán, lo decía en una ocasión: Los ejércitos caminan sobre sus estómagos, un ejército mal alimentado es un ejército derrotado. Un ejército mal uniformado es un ejército desmoralizado. Todos esos elementos tienen que presentarnos un cuadro delante de nuestros ojos, jefes militares, Generales de División, Generales de Brigada, Vicealmirantes, Contralmirantes, Coroneles, Comandantes, Mayores, Capitanes, Tenientes, Subtenientes, Maestros, Sargentos, Cabos Primeros, Cabos Segundos, todo aquel que tenga comando sobre aunque sea un hombre o una mujer de la Fuerza Armada venezolana, tiene que estar pendiente, primero que nada, del ser humano.

"El hombre -decía Mao, ese otro Gran Capitán, Mao Tse Tung- el ser humano". Mao hablaba de la guerra, filósofo y guerrero como era y decía que en la guerra hay muchas máquinas: tanques, vehículos de comunicaciones, un cañón 106, son las máquinas, un avión de combate, una fragata, un submarino, esas es la tecnología cada día más avanzada, pero Mao decía que el resultado de una guerra, de un combate no está en la máquina porque no son éstas las que se enfrentan, un avión contra otro o un tanque contra otro o un fusil contra otro, no, lo que se enfrenta la moral de un hombre contra la moral de otro combatiente.

Así que lo más importante es el ser humano, mensaje muy propicio para el día de hoy, para este momento de reflexión, de renacimiento republicano, porque estamos, así como en 1813, Bolívar estaba renaciendo la Segunda República, hoy, estamos en presencia del nacimiento de una nueva República, la V, no la II y preciso es que retomemos esas raíces, que retomemos el sentido y el espíritu de aquel decreto bolivariano del 10 de octubre de 1813, que ha dado origen al Día del Soldado, para significar que hay que atender, en primera instancia, las necesidades básicas del ser humano: su moral y todo lo que ello implica, todo su nivel de vida, el de sus familiares, el de su pueblo incluso y esa es una relación directamente proporcional, es una relación directa que no podemos olvidar, ya lo decía el Cabo Primero que nos iluminó esta mañana con su maravilloso discurso, cuando hablaba de ese pueblo, incluyendo su familia. Claro, si son las reflexiones del Mayor Prezzutto y del Capitán Chávez, una noche allá en la azotea, mirando los cerros de El Valle.

Un soldado para estar feliz tiene que sentirse parte de un pueblo, parte intrínseca de un pueblo y tiene que convivir las miserias y grandezas de ese pueblo al que pertenece, no puede concebirse un soldado y menos a un soldado venezolano, bolivariano en esencia, que no palpite junto al palpitar del pueblo de Venezuela, que no llore junto al llanto del pueblo de Venezuela, que no cante junto a la canción del pueblo de Venezuela, que no luche junto a la lucha del pueblo de Venezuela. Desde que nació el Ejército venezolano, se hizo libertador. Desde que nació la Fuerza Armada venezolana con sus componentes, una vez que fue evolucionando el arte de la guerra y la República y la nación misma, el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, componentes de una sola Fuerza Armada, están integradas en esencia, por hombres de nuestro pueblo, Soldados bolivarianos. Y eso es conveniente que hoy lo pongamos de nuevo en primer plano.

¡Soldados! nosotros estamos aquí sólo para garantizarle la vida a la República aún a costa de nuestra propia vida, para luchar con todos nuestros recursos, materiales, morales, nuestras capacidades intelectuales, para rescatar la vida del pueblo venezolano que fue hollada, humillado nuestro pueblo durante años y años y siempre lo diré cuando vengo a estos espacios, pero como no voy a decirlo. No puedo borrarlo, no puedo olvidarlo jamás porque de verdad yo preferiría, le decía pocas semanas atrás al Presidente italiano, señor Ciampi, en su Palacio de Gobierno en Roma, yo estaba reflexionando sobre la realidad venezolana y me dieron ganas de llorar explicándole a aquel hombre la miseria, el destrozo, el horror que se vive en Venezuela desde el punto de vista de la marginalidad social, los niños desnutridos, los hospitales sin medicinas, los indígenas muriendo de mengua, el desempleo, la angustia que uno carga día y noche y que le hace sufrir de pesadillas casi todas las madrugadas. Yo sufro de pesadillas, veo manos alargadas halándome por un lado, clamando vida. Y esa pesadilla tiene una razón, es el dolor de aquella gente que es nuestra también y yo le estaba explicando al señor Ciampi y me dieron ganas de llorar, no lo hice o lo hice hacia adentro, pero yo le dije: Presidente, cuando yo digo esto me dan ganas de llorar porque como venezolano, cómo disfrutaría yo diciéndole al mundo otra cosa. ¡Qué bueno sería ir por el mundo y hablar con Presidentes y con Reyes y con hombres y con mujeres, con otros soldados de la India, de la China, de los Estados Unidos, del África, de cualquier parte del mundo y decirles que aquí hay un pueblo feliz, pero no puedo decirlo, porque es una gran mentira.

Cuando uno comienza a analizar la realidad de Venezuela cuando se está lejos de la patria, de verdad que da un gran sentimiento y yo le decía a ese buen amigo y hombre de gran experiencia como es el Presidente italiano ¡cómo me gustaría a mí ser soldado raso! yo cambiaría toda mi vida y hoy, a los 45 años, soldado raso sería feliz y que me mandara cualquiera de ustedes a limpiar los baños y los pasillos de todos estos edificios y que así pasara el resto de mis días. Yo cambiaría eso por la felicidad de un pueblo. Todo lo que tengo lo cambiaría. Ojalá uno fuera soldado raso, limpiador de pasillos, con dignidad, pero mirar hacia allá o hacia acá y no viera tanta miseria y fue sólo eso lo que nos llevó a nosotros a salir de aquí con aquellos tanques, son esos mismos que están ahí, con esos fusiles, llenos de furor, de dolor, a tratar de abrir un camino y gracias a Dios, creo que lo hicimos, de años de lucha, de esfuerzos, de sacrificios, de sangre incluso, pero el camino va abierto y otra vez, como siempre, en ese abrir caminos, los soldados siempre.

Como recuerdo al soldado Felipe Acosta cada vez que vengo aquí a esta cancha de atletismo; como recuerdo a los soldados que dieron su vida y que están sembrados bajo la tierra defendiendo un sueño, defendiendo una causa, defendiendo esa Bandera. Nosotros vivimos hoy por ellos y tenemos que mantener el ritmo de la batalla por ellos, para demostrar que su caída en combate no fue en vano, que valió la pena el sacrificio y valdrá la pena lo que haya que hacer, siempre y cuando el objetivo final sea el rescate de Venezuela, la salvación de nuestro pueblo.

En ese momento estamos, soldados. Yo les felicito, soldados de toda la Fuerza Armada venezolana, a todos porque todos somos soldados, pero especialmente a las tropas regulares, a los Clases y soldados, a los Cabos Primero, a los Cabos II, a los Distinguidos, a los soldados, a los marineros, a los soldados de toda la Fuerza Armada venezolana, soldados bolivarianos, soldados del pueblo. Les felicito porque ustedes, no tengo duda, están colocándose a la altura del compromiso. ¡Cuánto esfuerzo en estos meses, s esfuerzos por ser leales al compromiso, por ser coherentes con el pensamiento, con la herencia que tenemos! Tremendo compromiso el que tenemos y quiero decirles que en el mundo entero los ojos están puestos en Venezuela y dentro de Venezuela, en los soldados de Venezuela. En muchos otros escenarios del planeta lo que estamos haciendo en Venezuela genera discusiones, expectativas y entre tantas cosas, la labor de los soldados venezolanos.

Como yo lo he dicho y lo diré en este viaje y cada día vez que vaya a cualquier parte del mundo: los soldados venezolanos están en la calle, sí, pero no andan con fusiles y bayoneta calada apuntándole a la gente o reprimiendo al pueblo. No, los soldados están en la calle tendiéndole la mano al pueblo. ¡Cuánto han hecho, soldados, con tan pocos recursos! Pero con un gran recurso: la moral, la mística de trabajo, la voluntad que es un gigantesco recurso que vale más que todos los millones y miles de millones de bolívares del mundo. ¡Cuanto han hecho por la educación ustedes a través del Proyecto Bolívar 2000! ¡Cuán orgullo me siento de ser uno de ustedes y de estar dando ejemplo al país y al mundo de cuál debe ser el papel de un soldado! no para reprimir al pueblo sino para darle la mano, para convivir junto al pueblo ¡cuánto han hecho ustedes por los niños de Venezuela en estos meses! ¡Cuánto han hecho, reparando escuelas! y gracias a ese inmenso esfuerzo, en gran parte del país, hoy, a esta hora, hay miles y miles de niños felices, como lo constatamos ayer, aquí mismo en la Escuela Bolivariana hecha por los soldados, la Escuela Ecológica Bolivariana.

¡Cuánto han hecho los soldados de Venezuela en estos meses de 1999 por la salud, cuántas vidas se han salvado! ¡Cuánto ser humano se ha atendido en emergencia por todas partes! ¡Cuánto han hecho por el mantenimiento de barrios, la construcción de viviendas! ¡Cuánto han hecho por la alimentación del pueblo a través de los mercados populares que ahora vamos a redoblar, como lo anuncié anoche a todo el país! ¡Vamos a relanzar con mayor fuerza en estos tres meses que quedan, poco menos, de 1999, el Proyecto Bolívar 2000. Así que no hay descanso posible cuando la Patria peligra, cuando está adolorida, cuando el pueblo clama por justicia. Mientras reconstruimos las instituciones, mientras nace la República nueva y ahí está la Asamblea Constituyente cumpliendo su labor histórica, la emergencia social tenemos que seguirla atendiendo. No podemos esperar un nuevo Congreso para atender al moribundo. No podemos esperar un nuevo Poder Judicial para atender al niño desnutrido o al indígena necesitado. No, eso tenemos que hacerlo ya, inmediatamente. Mientras tanto, el Proyecto Revolucionario sigue su marcha: reestructuración política, reestructuración económica, pero la emergencia social no puede esperar ni un sólo día.

Por eso, anuncio hoy, Día del Soldado, de nuevo como ya lo hice anoche, el relanzamiento, con mayor fuerza y vigor, del Proyecto Bolívar 2000: la Educación, la Salud, la Vivienda, y especialmente ahora, a la creación de empleo temporal y empleo estructural, porque tenemos que ir bajando, poco a poco, el inmenso nivel de desempleo ocasionado por el modelo neoliberal salvaje que desde hace 20 años le están inyectando como veneno a la sociedad venezolana. Tenemos que generar empleo de todo tipo: de microempresas, de pequeñas empresas, y en eso, las Fuerzas Armadas han hecho mucho y seguirán haciendo mucho. Los Comandos de Guarnición les reconozco y les felicito su esfuerzo en el Registro de los Desempleados, ahora con el Teniente Coronel William Fariñas, a quien he designado presidente del Fondo Único Social, vamos a inyectar más de 50.000 millones de bolívares en estos tres meses, con el sólo objetivo de generar empleo. Ese es uno de los más graves dramas que tenemos hoy en Venezuela en el orden social y en el orden económico.

Así que ¡soldados! debajo de este cielo, con este sol brillante sobre nosotros y como siempre, con las nubes anunciando tempestad también, hoy, celebremos pues, con el corazón, con el espíritu, con la mística el Día del Soldado Venezolano.

Lleven ustedes mis saludo a todos los soldados de Venezuela, donde quiera que estén, desde las costas del Caribe hasta el Río Negro, y desde la frontera con Guyana hasta las fronteras con Colombia en la Sierra de Perijá. Siempre hay un soldado en vela, siempre hay un soldado vigilante, atento al llamado de Venezuela.

Venezuela llama, Venezuela clama. ¡Soldados! trabajemos, como diría Bolívar, trabajo y más trabajo, paciencia y más paciencia, constancia y más constancia si queremos tener Patria.

El Mariscal Sucre y con esto termino, evocando a otro de nuestros grandes soldados, ese gran cumanés, ese gran venezolano, ese gran Mariscal de Ayacucho, poco antes de la batalla, esa última gran batalla en el continente contra el Imperio Español, en 1824, pocos minutos antes reunió a sus tropas de línea, así como ustedes están formados en batalla, en orden cerrado y les dio una arenga y la terminó con unas palabras que bien pudieran servirnos de mucho en estos momentos que vive Venezuela, requiriendo mucho del trabajo y el amor de sus soldados. El Mariscal Sucre le dijo a sus tropas: ¡Soldados! de los esfuerzos de hoy, depende la suerte del mañana".

Yo, como soldado de la República, me atrevo a repetir la frase de Ayacucho, la frase de Sucre, a todos los soldados de Venezuela: "Soldados, de los esfuerzos de hoy depende la Patria del mañana". Que Dios bendiga para siempre a todos los soldados bolivarianos de Venezuela. Muchas gracias.

 

 

 



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Antonio J. Rodríguez L.


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