(Aspectos curiosos)

103 años del adiós definitivo de José Gregorio Hernández (29 de junio de 1919)

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Para apreciar mejor a una persona es necesario conocerla con sus virtudes y defectos. Su aspecto físico, sus principios morales, el entorno y las circunstancias históricas que le rodearon tienen gran importancia a la hora de los juicios. Llegar a la verdad sin ningún temor y por encima de los mitos, muchas veces, nos permite querer más a nuestros próceres y líderes. Para muestra un botón : Francisco Natera una vez afirmó: "Los italianos no sabían de Julio César otra historia que la del conductor de legiones romanas, sus conmilitones que tanta riqueza y poder tejieron al imperio. Cuando supieron que era calvo , barrigón, no muy alto y sospechosamente mujeriego amaron doblemente al conquistador de las Galias".

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Empezando a ejercer su profesión de médico en los pueblos de la cordillera andina, José Gregorio Hernández se muestra galante con las mujeres y manifiesta su gusto por el baile. Sobre una de esas ciudades escribió : "Sus mujeres son muy simpáticas y agradables ; bailan muy bien, si me guío por la única con que he bailado una noche en mi casa, con piano; me aseguran que hay otra que baila mejor que ella. Yo me hecho muy amigo de esa afamada pareja y me ha prometido bailar conmigo la segunda pieza en la próxima oportunidad".

En otra parte dice : "Tres horas después llegué a Valera donde me disponía a comprar unos dulces para mitigar la sensación poderosa de hambre que se me desarrolla cuando monto a caballo ; inmediatamente me vía rodeado por todos los amigos del lugar que en un abrir y cerrar de ojos me desmontaron y participaron que por ser Noche Buena debía quedarme a bailar con ellos. Todas mis excusas fueron inútiles, y estuve bailando hasta las cuatro de la mañana cuando me permitieron seguir mi camino".

Luego remata : "A las once a.m. llegamos a Mérida donde me detuve cinco días, para dejar descansar las bestias y porque inmediatamente me invitaron a un baile que se efectuaría el 31 de diciembre en la noche, dado por el presidente de estado y otras autoridades. El baile estuvo muy bueno…"

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José Gregorio Hernández era un hombre de mediana estatura, más bien baja. Medía un metro con 60 centímetros. Era delgado ; cuando ingresó en la orden de la Cartuja pesaba no más de 50 kg. Al final de su vida se pintaba el cabello y el bigote. Vestía pulcramente y siempre de negro. Pero al regresar de Italia luego de su frustrado intento de ingresar en la Cartuja cambió radicalmente de atuendo. Sobre ese aspecto Jesús Rafael Rísquez escribió : " El negro palto levita, la camarita y los demás elementos fúnebres que antes usaba los había trucado por trajes de colores de acuerdo a la tonalidad del vestido y moda de la época". Los cambios en la vestimenta y el comportamiento en general del Dr. Hernández fueron notables y sus amigos así lo testifican. Carlos travieso, quien fue su alumno ,al constatar el privilegio que tuvo de ser discípulo del santo hombre en la cátedra de Histología afirma : "Al regresar del exterior y quizás como impuesta reacción a sus frustradas aspiraciones, trataba de ser excéntrico. No más atuendos clericales y ni siquiera el austero paltó-levita y la camarita, al contrario, se la daba de dandy .Conocí al doctor Hernández entonces, cuando en 1919, comencé a estudiar Medicina."

Más adelante Travieso habla del cabello y el bigote de Hernández bien cuidados y teñidos y de sus ropas finas : "Vestía acicaladamente trajes bien confeccionados y a la última moda, se tocaba el sombrero de fieltro elegante y en armonía con la indumentaria y gustaba calzar zapatos de dos tonos".

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Hernández también empezó a fumar. Su íntimo amigo Dominicí escribe : "Ya había notado yo cuan peripuesto me llegaba el viejo amigo, tan distinto del que había conocido. Al terminar la comida saca una lujosa cigarrera y brindándome dice : yo fumo ¿ tú no fumas? Rarezas ajenas a su carácter."

Esos cambios bruscos en la personalidad de José Gregorio Hernández fueron criticados por la sociedad caraqueña. Algunos biógrafos explican que probablemente todo se debió a una recomendación del Maestro de Novicios de la Cartuja "como penitencia para que se burlaran de él",

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Por último, es bueno resaltar, el momento que lo destaca como patriota. En 1902 los ingleses y los alemanes atacan La Guaira y Puerto Cabello para cobrarle una deuda al país. Cipriano Castro hace un llamado para defender la patria. Entonces José Gregorio Hernández olvida su carácter apacible y la filosofía cristiana de poner la otra mejilla y es uno de los primeros en inscribirse para tomar las armas como simple soldado.

Uno no imagina a este hombre menudo que trabajaba duramente en la cátedras médicas enseñando a sus alumnos, trataba a su pacientes con esmero y rezaba varias veces al día y que ahora el pueblo venera como santo, tomando un fusil y combatiendo en un frente de guerra. Lo cortés no quita lo valiente.

Fuente:

https://drive.google.com/file/d/1W5PqS3WtwROiHWlvKzG2mIMEDt0kt2pC/view



 



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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