Por hacer

No hagas a otro lo que no quieras para ti, has el bien y no mires a quien, la masa es lo que se mete al molde del conformismo, y con ella otros hacen lo que conforme a los intereses cuenta, dejándole cuesta arriba, el poder satisfacer las propias necesidades, y peor aún de los suyos, dependientes todos. La mayoría lo acepta voluntarioso, como si de un karma se tratara, entonces agachan la cerviz y esto se hace costumbre, y pasa en los genes a las sucesivas generaciones, y el aumento de la pobreza es aterrador, afecta a toda la humanidad íntegra, aunque pareciera que no. Acaso no es efímero el disfrute de lo más apetecible, luego de consumido y satisfecho. Pero no es ni sencillo ni simple por complejo lo que se ha hecho de lo que llamamos esta existencia, que afecta a muchos, y solventa a pocos. Claro que son muchos y múltiples los factores que confluyen para que las cosas sean lo que son, porque se tiende a hacerse de la idea sobre hechos ya sabidos por la historia universal. Vivimos en sociedad, a ella nos debemos, y de la cual emanan las instituciones de cuanto se ha logrado organizar, en un marco amplio y generoso para los que viven de los demás, de la explotación de los demás, y cumplido su objetivo, sin saciarse, pues cada vez quieren más y más, y compiten por ello, y todo pasa a tener un precio, y todo se vende y se compra, y todo pasa a cosificarse, lo que es sagrado y lo profano no tienen distinción.

Decimos que dios y hombre, la religión, la política, la economía, la sociedad, la plena realidad hecha a imagen y semejanza de los creadores, que crean y recrean a partid de que están frente al mundo que se comienza a edificar, y en el se siembra y cosecha, o es esto, o es aquello. Entonces y munidos con tales argumentos, sería absurdo eludir la confrontación de ideas, el develar las muchas falacias, lo que quieren los que están, y hacen los que son, abrogándose el derecho de contraargumentar, subsumiendo desde el poder al mismo poder, que pasa a estar secuestrado, y por el cual, como antaño, se pide un rescate. La racionalización lógica de lo que es, y de lo supuesto de que así fue, es y será, porque las cosas ocurren por causas y tiene sus efectos, son idas de principios, y siendo esto lo que vale, y no lo que luego se ha pretendido poner en su lugar, y son los asuntos que se dirimen cada día.

Entonces, se debe aceptar con fe ciega, creyendo en lo que otros dicen de cómo y cuándo todo ha sido creado, y que según unos lleva son 7 mil años, data y cuenta que en pleno siglo XXI nos asombra y perturba a la vez, pues son las bases en que sigue sustentando el cuanto de nunca acabar, mientras que cada quien va por su sendero, tratando de salvar lo que cree debe ser salvado, como si se tratara de una extremidad o algún órgano, o la salud de un paciente terminal, de quien los pronósticos médicos son reservados, ya que biológicamente está colapsando. Quienes tienen la responsabilidad en cuanto a los cambios, pues es de todos y cada uno, una, puesto que todos y todas somos seres sentipensantes, que hasta involucran el corazón y las vísceras, en el concierto de afirmaciones que son más que opiniones, y nada debe dejarse al azar por no dejar. Debe haber por supuesto, y tener ciertamente una base que sirva de sustento, de ahí continuar elevando sobre sólidas columnas o que habrá de sustentarse.

Lo psicológico, psíquico, mental, elemental, astral, espiritual, como lo quieras ver, son las facetas a través de las cuales se puede conectar con los niveles, planos, dimensiones, que son los que atañen a cada aspecto de la existencia cierta y verdadera, porque desde donde se la quiera mirar, para dar de ella testimonio, evidente y veraz, desde cualquier mirada, se discursea, se atina a incorporar lo histórico, y con ello caracterizar los procesos más apropiados al objeto de la ciencia y su metodología, dándole mayor rigor de contenidos soportados por las ciencias sociales, que son más humanas que científicas. Y claro está sin tomar posición por uno o por otro bando, tratando de mantener equilibradas los platos de la balanza, y buscando la armonía necesaria para que el actuar de todos y cada decisión sea el presupuesto que se debe tomar en cuenta; en ello consisten las infinidades posturas, donde además de los prejuicios que se van instalando, son de especial importancia y consideración, el aceptar que durante mucho tiempo fue administrado con férreo dominio por un sector dominante, que se abrogó por delegación de supuestas potestades divinas sobre la tierra, sobre todo lo que habita en este mundo.

La historiografía abunda en datos, mucho se ha plasmado por quienes atenidos a las investigaciones de otros han escrito discursos, que suponen copias de hechos y acontecimientos, bajo el escrutinio de la disciplina, en la que se empara buena parte de una realidad dada, a criterio y cuenta de lo acontecido, dicho y narrado, y tomado debido apunte sobre tales supuestos acontecimientos para solo entonces llegar a esto que es parte de lo más importante, o puede que no lo sea tanto, de aquello que nos acontece en el aquí y ahora y presente, incluso más que en el día a día, que no podemos saber si ocurrirá. Lo que si es resaltante es que son las minorías las que dominan, son los grupos de poder, los administradores de los recursos, los controladores, los que acuerdan quienes viven y quienes mueren. Hoy todo se somete a cálculo, estadísticas frías y que sesudos analistas, matemáticamente y con datos corroborados por intelectuales que los sustentan con sus hipótesis y sus tesis, a través de la palabra, anunciándose ahora sí lo que siempre han sido las soluciones definitivas a los problemas que arrastramos secularmente; y que finalmente, dicen los expertos, la alternativa beneficiará a la mayoría, cada individualidad que puebla este planeta, y en un mundo que está a punto de traspasar la modernidad, igual que lo han hecho con las aristocracias de sangre, oligarquías por derecho propio, burguesía erguida entre las anteriores junto a la irrupción de un tercer estado, y la tendencia a ser para el soporte del hombre y la mujer, que serán ahora sí considerados nuevos.

Se pudiera suponer que llegados a estos estadios de evolución y desarrollo, del progreso sin fin, ahora habría que vérselas con la Inteligencia Artificial. Cabrá la posibilidad desde la actual tecnología, que deja en pañales a todo lo que habíamos podido conocer desde el pasado, ya que hoy, y con la cuántica puesta en práctica, somos capaces de corregir cualquier imperfección, desvío o atrofia, que nos han caracterizado, a esta especie humana en ciernes, que se originó del polvo de estrellas que legaron de lejos, de universos y galaxias distantes en su recorrido por el inmenso espacio, imposible de cubrir y llenar, imposible de aprehender y de cuantificar, imposible de atender por su vastedad, más impactante que la propia realidad, por estar constituida por lo trascendente, y como clave asido por lo real, para de lo formal, hacernos apenas una idea, solo y sí la concibiéramos desde nuestra plena conciencia, tal vez sí atinaríamos a dar en el mero centro de lo absoluto. Hoy podemos dar salud, vivienda, educación, trabajo, alimentación, esparcimiento, seguridad, dotarnos de un ambiente limpio, higiénico, potable, posible para la existencia de cuantas especies abundan en el planeta, que toman y dan a la naturaleza, y no se trata de ficción, sino de realidades fácticas.

Algo de esto y de aquello se ha dicho y repetido incansablemente, pero hay algo que ya es harto evidente, y suficientemente planteado, y que ha sido lo que ha puesto al borde de la extinción tantas veces a la existencia de vida en el planeta Tierra. Dejar para mañana las cosas que hay que cambiar hoy es una absoluta falta de respeto a cada uno de los miles de millones de habitantes humanos, no humanos y de cualquier otra especie que juntos y a veces hasta revueltos medramos aquí, ahora, presentes, consecuentemente con lo que hay, existe y pasa por la mente de muchos. De qué sirve tener buenas intenciones y no llevarlas a la práctica ya, de una buena vez y de manera sostenida. Qué es lo que lo impide arrancando el tercer milenio del cristianismo originario. Tal vez la cristiandad. Pues es deber de quienes se hacen llamar lideres están aportando algo sustantivo, más allá de sus discursos trillados, sus imágenes maquilladas, y sus humanidades hinchadas por lo saturados que están entre fármacos y atosigados de situaciones que deben manejar quieran o no, puesto que no dependen de ellos, sino de quienes manejan los verdaderos hilos del poder.

Eso ocurre en Venezuela, Estados Unidos de Norteamérica y en el país más recóndito del mapa mundial. Aquí les recordamos lo que arriba escribimos y en detalle se trata de las estructuras y las superestructuras construidas como los zigurat en la antigüedad, para establecer lo de arriba y lo de abajo, el rol en que cada uno debe estar, cuando de poder y sumisión se trata, como condición necesaria para que los pocos vivan sobre los muchos, estos convencidos de que siendo muchos, no pueden cargarle ese bultos a los pobres que son pocos, aunque sean ricos y lo tengan todo, lo que por cierto le han esquilmado históricamente a los muchos pobres. Y la retórica es que sólo el pueblo salva al pueblo, y como la democracia, o el contrato social, los de arriba, los del medio y los de abajo, reciben mucho, algo, aunque poco, y nada. tan sencillo como eso, dicho en pocas palabras, porque son supuestos basados en eufemismos elaborados desde los pensamientos en mentes que observando las grandes diferencias, optaron por tratar de reducirlas, organizando y sistematizando lo que había y sabían para darle mayor sentido a la experiencia de la existencia frente a la naturaleza, lo cual no era lo que se correspondía a lo humano, que es otra cosa y muy distinta, puesto que es en ella donde anida la idea de cuanto hay y existe, sin otro agregado superior o inferior en esencia y sustancia. Lograremos avanzar y mejorar lo que hemos hecho a contracorriente, para que la venidera extinción no nos coja descuidados, sabiendo que no podemos perder ni siquiera un segundo más. No se han fijado como nos han estado bombardeando con mensajes y anuncios superficiales y vacuos, con imágenes y movimientos que se meten por los poros y atiborran nuestros sentidos, borrándonos la memoria previa, para instalar a su vez, algo virtual, una ensoñación, una ilusión, una fantasía.



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Franco Orlando


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