Porque no dormir es soñar despierto

—"Terriblemente trágico son nuestros crucifijos. Es el culto a Cristo agonizante, no muerto. El Cristo muerto, hecho ya tierra, hecho paz; el Cristo muerto, enterrado por otros muertos, es el del Santo Entierro, es el Cristo yacente en su sepulcro; pero el Cristo al que se adora en la cruz es el Cristo agonizante, el que clama: Consummatum est! Y a este Cristo, al de Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mat., XXVII, 46), es al que rinden culto los creyentes agónicos. Entre los que se cuentan muchos que creen no dudar, que creen que creen".

El que no se sienta capaz de comprender y de sentir esto, de conocerlo en el sentido bíblico, de engendrarlo de crearlo, que renuncie no sólo a comprender el cristianismo, sino el anticristianismo, y la Historia, y la vida, y a la vez la realidad y la personalidad. Que haga eso que llaman política —política de partido— o que haga erudición, que se dedique a la sociología o a la arqueología.

La voluntad y la inteligencia buscan cosas opuestas: aquella, absorber al mundo en nosotros, apropiárnoslo; y ésta, que seamos absorbidos en el mundo. ¿Opuestas? ¿No son más bien una misma cosa? No, no lo son, aunque lo parezca. La inteligencia es monista o panteísta, la voluntad es monoteísta o egotista. La inteligencia no necesita algo fuera de ella en que ejercerse; se funde con las ideas mismas, mientras que la voluntad necesita materia. Conocer algo es hacerme aquello que conozco: pero para servirme de ello, para dominarlo, ha de permanecer distinto a mío.

El sentimiento del mundo, de la realidad objetiva, es necesariamente subjetivo, humano, antropomórfico. Y siempre se levantará frente al racionalismo el vitalismo, siempre la voluntad se erguirá frente a la razón. De donde el ritmo de la historia de la filosofía y la sucesión de períodos en que se impone la vida produciendo formas espiritualistas, y otros en que la razón se impone produciendo formas materialistas, aunque a una y otra clase de formas de creer se las disfrace con otros nombres. Ni la razón ni la vida se dan por vencidas nunca.

La vida engaña a la razón: y ésta a aquella. La filosofía escolástico-aristotélica, al servicio de la vida, sépalo o no. La vida engaña a la razón; y ésta a aquella. La filosifía escolástico- aristotélica al servicio de la vida, fraguó un sistema teleológico-evolucionista de metafísica, al parecer racional, que sirviese de apoyo a nuestro anhelo vital. Esa filosofía, base del sobrenaturalismo ortodoxo cristiano, sea católico o sea protestante, no era, en el fondo, sino una astucia de la vida para obligar a la razón a que la apoyase. Pero tanto la apoyó ésta que acabó por pulverizarla.

Con lo que tenemos que procurar acabar todos es con el sentimiento antisocial, o insocial por lo menos que se esconde debajo de aquella frase de "el Gobierno nada me da." Todos los Gobiernos de todos los países dan y quitan mucho —con frecuencia quitan más que dan— a todos los pueblos por ellos gobernados. Y donde no hay una intensa vida política, la cultura es flotante, carece de raíces.

—Con literatura no se hacen ferrocarriles, ni puertos, ni fábricas, ni agricultura. El libre mercado, no es el idealismo. Y hasta los negocios no se hacen con literatura y no poéticamente.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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