¿Qué resuelven realmente los gobiernos?


“El primer deber de una persona es pensar por sí mismo.” José Martí

Históricamente hay formas y maneras para enfrentar las diversas situaciones y circunstancias, muy diferentes entre ellas, y responden al grado de conocimiento que cada uno tenga al respecto del mundo en que se encuentra. En la actualidad nos enfrentamos de nuevo a lo que muchos se han empeñado en ocultar, nos referimos a la realidad global y planetaria, sometidos como estamos a esta condena, que por cierto no es nada nuevo, ya las diferentes tradiciones en las culturas ancestrales, que nos muestran con sus peculiares y aspectos simbólicos, lo que refieren sobre las extinciones ocurridas desde hace millones de años entre las especies que han poblado el mundo, particularmente de los humanos, tan dados a manifestarse contra su propia naturaleza de la que emana, en la que medra. todas las especies vivas existentes que hay, vienen sufriendo por la destrucción de su hábitat, hay todavía los que no creen que esto esté ocurriendo, prefieren pensar en cosas menos obligantes, sin embargo, vemos que en el nombre de alguna creencia hemos ido a guerras, destruyendo pueblos, ciudades y hasta naciones enteras. Hace medio siglo que los expertos, han reiterado sus llamados, principalmente a los gobiernos del planeta, a que revirtamos las causas que como consecuencia traerán la extinción de la especie humana, tal vez sea obra de las no humanas.

En el último medio siglo se ha advertido, y en aras de poder contribuir con posibles alternativas y soluciones, se ha planteado desde el conocimiento acumulado, algunas respuestas que apuntan al terrible daño que nos asecha, que pudiera ser reversible, bastaría que realmente nos pusiéramos de acuerdo y ya de una buena vez y por todas, nos sacudiéramos las rémoras de un pasado que se pretende mantener como referente, cuando la verdad de lo real es que estamos aquí y ahora, existiendo y enfrentando el absurdo sistema perverso, una pésima traducción de lo que se nos ha dado por vida. se habla de progreso, de avance y desarrollo de la ciencia y la tecnología, y lo que hay en realidad es presente, de un pasado que fue, y se empeñan en contar desde hace 2500 años, cuando sabemos que los Estados naciones cumplen a cabalidad unos 120 mil años de existencia. Es polémico lo que exponemos, pero tiene su base lógica, si se quiere racional, comprobado por la física, la filosofía, la astronomía, y pudiéramos seguir mencionando otras disciplinas en los ámbitos del conocimiento, que nos aportan elementos para referirnos al presente, lo único que hay y lo podemos comprobar fehacientemente, pues estamos, y si nos mantenemos atentos y observamos las cosas tal como son, tal representación nos permitiría dejar de ser tan ilusos, ignorantes, ciegos y hasta masoquistas.

No es tanto el toparse con la misma piedra, la cuestión es que se acostumbran a ella. Un hecho de tal magnitud podemos trasladarlo a la gestión pública, y cuanto de ella ha sido buena, regular o mala, ha cumplido cabalmente con su cometido; pues nos representan, y así es que se ha gobernado por los mismos y ordinarios individuos que no resuelven, sino que corren la arruga, dejando el problema ahí presente, y lo que se esperaría es que cumplan con lo real y tangible, y que se traduzca en beneficio de todos y todas, y no de un grupo o sector afecto. Es como en una familia, no puede haber preferencias, tiene que existir un grado de distención política, una cuestión de partidos, de militancias, de gobierno, y de un Estado en atención a la satisfacción de las necesidades, y el buen vivir de las mayorías. El sistema se ha hecho para favorecer a los pocos que tienen mucho, en detrimento de los muchos que tienen poco y en la mayoría de los casos casi nada. La serie de condiciones establecidas descienden de la cúspide a la base, de las altas esferas del poder, a los sectores de clases marginales en lo que se consideran son conglomerado de masas, lo que se replica en todos los niveles de la sociedad de clases, grupos, sectores, en lo específico de las necesidades prioritarias de cada día, en los casos puntuales, las coyunturas y las estructurales.

Ya vemos la complejidad de un diagnóstico tal, que tiende de lo general a lo particular, un análisis ponderado de sus causas y consecuencias, es la tarea ardua de todos los días, los años y las épocas por las que hemos ido atravesando, y seguimos enfrascados desde enfoques multidisciplinarios, tratando de darle los soportes necesarios para que la vida tenga realmente sentido. La comedia y sobre todo las tragedias de la existencia, atravesada por sistemas de creencias, por ensayo que secularmente se han supuesto son los que deben responder con la verdad, como si tal certidumbre pudiera decretarse; aunque así se haya pretendido hasta ahora. Una vez un sociólogo comentaba que en política están los que son y son los que están, independientemente de cómo lo hagan, bien o mal, pues eso se traduce en la percepción externa de cada quien, y depende de cuánto le benefician las cosas responderá a los resultados que van arrojando las encuestas sesgadas. Tales aspectos no pueden ser la panacea, se trata de resolver los problemas acuciantes, estructurales, no de devanear buscándole la quinta pata al gato.

Una nación tiene sus prioridades, es en primer lugar su gente, la población en general, pero particularmente los que han sido históricamente mancillados, los aborígenes, a quienes deberíamos prestarle mayor atención y respeto, y aprender de ellos, a propósito de las iniciativas sobre la descolonización y Decolonialidad del pensamiento, con las mentalidades sobre los otros, puestos en segundo o tercer lugar con respecto a los que se abrogan el derecho a ser los sistematizadores del saber, desde la academia, desde el Estado, desde el poder. Acaso no se han establecido precisamente sobre el conocimiento ancestral, obviado por los positivistas por carecer del metodismo tan científico, que niega que pueda haber otras manifestaciones legítimas, sin esa obsesión por la objetividad de marras; establecida, reiteramos desde hace 2500 años. Las más antiguas tradiciones místicas muestran que antes de que el tiempo fuera desde otras epistemes y adelantadas en milenios narran para Occidente, no es que en el principio haya sido el logos, o la gran explosión, o incluso ese primordial Om, pues ha sido como lo estamos comprobando por representación cuántica cómo tales tradiciones son tan añejas como la misma Tierra, cuando se establecieron las primeras civilizaciones. Y nos muestran que es la conciencia y no la materia el acto.

A qué debe dedicarse el gobierno, pues más que a gobernar como le venga en gana, tarea a la que se dedican quienes se creen sobrados sobre el bien y el mal; cuando en realidad están tan involucrados entre compromisos, que no atinan a saber y conocer de qué se trata en realidad eso de conducir pueblos, países, naciones enteras, manteniendo las rindas y cumpliéndole a la gente, dejando el ego a buen resguardo, interesándose de verdad en practicar lo que predica, y dejar huella perenne, por sus propios esfuerzos y méritos, dedicado a hacerlo cada vez mejor; no seguir haciendo milagros con escapulario ajeno, y de paso hacerlo tan torpemente. Es lo que pasa, cuando pierden el contacto con la realidad, cuando de tanto mirar al horizonte se les pierde la perspectiva de la profundidad del cargo que han asumido, y que se debe al voto de confianza que se les otorga por parte de los votantes, que le compran un mensaje, una imagen, unos símbolos que dicen cuáles son sus referentes, hacia donde apuntan sus ideas, sus pensamientos. El estado solo puede dar resultados coherentes cuando en él se establecen con trasparencia los pesos y contrapesos obligatorios para la marcha hacia adelante, con equilibrio y ponderación, haciendo de la nación su fin único, su objetivo primordial, saldando las deudas sociales, sin endeudar el presente de quienes se levantan y serán el soporte a futuro, eso es democracia social, de derecho y de justicia, que es corresponsable con las instituciones, en las cuales los funcionarios públicos, personas ordinarias que cumplen un rol, sean serias, éticas, morales, y se complementen con los principios y valores que dicen defender y mantener para la paz y el bienestar de la patria.

Esto que estamos viviendo en la actualidad a nivel de políticas de Estado, de gerencia en los asuntos pertinentes en Venezuela y el mundo, es la manifestación de la descomposición anodina, una caricatura de lo que ha sido la política tradicional, que denigra la inteligencia de millones de personas, a las que se pretende controlar y aplicarle el criterio de los pocos que retienen el poder, y se sirven de él para el disfrute, beneficios y privilegios, y poniendo en las vacantes que se producen en el seno de la sociedad de intereses, con el voto de sus propios integrantes de manera dogmática. Remitámonos a la naturaleza, aprendamos de ella, sigue siendo la única maestra de nuestra existencia, a la que hemos descuidado, cuando no despreciando, lo que ha sido nuestro principal crimen. Se privilegia al capitalismo salvaje, pues se le tilda del bueno, como nos tienen acostumbrados connotadas figuras de la escena política, tan desprestigiada de nuevo, pues ha perdido su razón de ser, que no es la de servirse de ella para lograr los sueños irredentos, trasladándolo a un sector que se dice es el que representa el ser del verdadero venezolano, o venezolana. Un total y absoluto dislate, puesto que deja por fuera al grueso de la población, que por nacionalidad deberíamos entender lo que ha sido aborigen, blanco, negro y lo variopinto del trasvase socio cultural, que no puede ser definido por un decreto trasnochado de un grupo que se abroga la exclusividad de tales asertos.

Un gobierno que gobierna en realidad es el que se compromete y cumple, el que dice y hace, el que aporta la mayor suma de felicidad posible para el pueblo, es decir para todos y todas, sin distingo de ninguna clase, o sea, el que cumple y hace cumplir la carta magna como brújula orientadora de los destinos de un país entero, y no el juego del garrote y la zanahoria. A nivel internacional se vende una imagen donde los conmilitones se dan la mano y se abrazan, haciendo los grandes negocios entre las elites que están en los altos cargos de dirección y ejecución, una cofradía que es un mínimo porcentaje de la representación proporcional de la población de una nación, a nivel global hablamos del 1% es decir, en números redondos 800.000.000, de hombres y mujeres, los amos del valle en el planeta tierra, que desde el cenit de la pirámide, son resilientes, pues con su sistema controlan y dominan al resto de los 7.200.000.000 en el mundo de hoy en día, el de la avanzada tecnología, de la Inteligencia Artificial, de la posibilidad cierta de monitorear quiénes somo, qué hacemos, cuánto tenemos, de qué carecemos, y cuáles son nuestras posible incidencias en los asuntos caros para los seres humanos, carentes de lo elemental.

Gobernar es fácil cuando se hace desde una estructura que se mueve sola, sólo basta con dejar girar las manivelas correspondientes y todo está prácticamente resuelto para unos cuantos, unas cuantas personas ordinarias, que se encargan de hacer no lo que deben y pueden, sino lo que ya está establecido de antemano, pues podemos resumirlo enfocando quiénes son y cómo actúan desde la abstracción a lo concreto. Nos referimos al Estado, la Iglesia, y los propietarios, que los hemos conocido como los acaparadores de los recursos del planeta entero, que se valen de los pendejos a producirles de lo que hay en la naturaleza, apropiándose de lo que es de todos y todas, y luego se lo venden a los mismos que los producen con su fuerza de trabajo. Así se estableció sobre falsos argumentos que comenzaron siendo ideológicos, pues ha sido obra y gracia del conocimiento al servicio de los que nos han dominado, sea por el sistema de creencias, o a través del conocimiento mítico, mágico y religioso, que es básicamente sobre lo que se basa nuestra forma de ser y de actuar entre la especie humana.

Un poco de historia para ubicarnos en contexto de todo lo que hemos venido planteando, para que nos demos cuenta de cómo se ha batido el cobre en este planeta, en un inconmensurable universo de posibilidades y de factores concomitantes, con los cuales podemos ser los mejores, o por el contrario, y como es la norma, de un comportamiento de no humanos, con lo que nos distraemos y permanecemos en un vaho, en una soñolencia, como dopados por las emanaciones que entran por nuestros sentidos, atravesando los poros de la epidermis de sensibilidades y sentimientos. Cómo sino nos podríamos explicar tantas y tan menudas cosas de lo que hay en la complejidad de la existencia real y verdadera, de esta realidad que es a veces comedia y a veces tragedia, dicho desde la izquierda consecuente. El tiempo transcurre y se nos va la existencia en la experiencia de una etapa importante de la vida en el aquí y ahora, sometidos a este presente único, cierto, verdadero, que podemos comprobarlo, puesto que estamos nosotros, los observadores observando esta realidad del mundo y somos observados, en cuyo caso manifestamos lo que somos a partir de nuestras responsabilidades con los demás.

Acaso no es una apariencia lo que se vive entre signos y colores que nos distraen desde los medios de información y comunicación de masas, con imágenes diseñadas por expertos, con las que nos muestran un mundo fantástico, de que todo está bien, y si no el caso es que la culpa es del otro o de la otra, cualquiera que este o esta sea, un individuo, un grupo en el gobierno o la oposición, un país o nación en el concierto de las naciones, las organizaciones que dicen representarnos pero que en realidad tienen como objetivo ponernos riendas, frenos, para poder controlarnos y dirigirnos a hacer no lo que es el deber ser, sino lo que les conviene a las élites, a los aristócratas, oligarcas, burgueses, funcionarios venales, maulas, ignorantes de la mayoría de las cosas que deben hacer bien, pues son apenas una triste caricatura de fantoches que se venden como mesías, salvadores de la patria, hacedores del bien, cumplidores de las leyes, que dicen acatar el mandato de las mayorías, a las que eufemísticamente se ha llamado pueblo soberano.

En realidad, y entre gustos y colores, la realidad es que como lo han dicho psicólogos y psiquiatras en los EEUU, estamos siendo gobernados por déspotas, psicópatas y hasta sociópatas, pues se prestan a las más aberrantes acciones, viven del engaño y la simulación. Es lo que consideran hacer de políticos, sin ser estadistas, y no porque no tengan un título, que es importante para muchos y muchas personas, pues tanto tienes tanto vales, y no mientras más sepas mejor, que lo ven como aburrido y contraproducente, porque creen que poder es hacer sin medir las consecuencias, ya vemos cómo nos ha ido desde hace 7 años, de mal en peor, pero esto como que es una falsa percepción de la realidad, porque vemos que hay arbolitos de navidad en Miraflores, renos y demás imágenes que nos recuerdan cómo se hace en los países nórdicos de donde nos han mandado tales tradiciones, claro, muy asociado con lo verde, no del pino, del dólar.

La mayoría de los que dan la cara frente al frente de los gobiernos de los países en vías de desarrollo, son títeres, prisioneros del G/J Palacio, quien es el que manda en realidad, tiene la última palabra, y tras bastidores intercambian pareceres con otros soleados; recordemos de dónde vienen, los primeros cazadores y protectores de la estirpe, y se han mantenido a buen resguardo, sus instintos depredadores los mantienen en guardia hace miles de años. Hoy saben cuál es el lugar que ocupan en la escala de mando, mientras colocan algún monigote al frente del ejecutivo para guardar las apariencias. Los poderosos representan sus papeles en la obra del teatro de operaciones y sea adecúan estratégicamente para observar lo macro; lo micro lo observa diariamente. El Estado es su base de operaciones desde donde controlan al gobierno, a la oposición y cualesquiera sean los grupos y factores que con sus disidencias puedan poner en riesgo el poder. Deciden a sus anchas, y ponen en movimiento los planes y proyectos, que se cumplen cabalmente en espacio, tiempo y circunstancias de toda índole, donde el factor humano es el objeto de sus desvelos. Para muchos esto es lo que hay, mientras para pocos es favorable que asi sea, puesto que lo que está por venir, por los vientos que soplan, es de pronóstico reservado. Falta poco al fin.


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Franco Orlando


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