Doxa y episteme del neoliberalismo

"¿A quién se le ocurre que la contención salarial (para conseguir o mantener competitividad) y la reducción de programas públicos pueden contribuir a una mejora de los niveles de vida? Los ciudadanos sienten que se les vendió humo. Tienen derecho a sentirse estafados" (Joseph E. Stiglitz)

En Venezuela se ha generado una discusión sobre la Ley Antibloqueo, ya en plena ejecución, y lo que ella representa en términos de teoría económica.

Esa ley ha generado cualquier cantidad de reacciones, sobre todo en las filas del chavismo y de sus movimientos aliados. Se ha dicho que esa ley le da superpoderes al Ejecutivo Nacional, que se podría saltar todas las leyes para meterse con la estructura, propiedad, activos y pasivos de las empresas públicas. También que se podría habilitar posibles cambios de deuda por propiedad o acciones. Que el capital, venga de donde venga, puede participar de las actividades de PDVSA y de las empresas de Guayana. Y que incluso se dejaría abierta la puerta para que empresas que fueron estatizadas o expropiadas en época del Comandante Chávez puedan retornar a sus antiguos dueños.

De otro lado, se encuentran quienes han sostenido que es una ley absolutamente constitucional y que constituye una vía para reconducir la economía y restituir la calidad de vida de todos los venezolanos. Que no había otra alternativa ante el bloqueo que pende sobre la sociedad venezolana por parte de Estados Unidos y que tanto daño ha hecho. Con esa ley el Ejecutivo Nacional "podrá crear o autorizar nuevos mecanismos de financiamiento de políticas públicas nacionales en materia de alimentación, salud, seguridad social, servicios básicos".

Más allá de esta discusión y de las buenas intenciones (y malas también) que puedan estar presentes en ambas posturas, no obstante, es bueno recordar algunas importantes lecciones para el futuro de la revolución bolivariana.

La doxa y el episteme del neoliberalismo

La palabra doxa (en griego δόξα), utilizada por Parménides y Platón, que suele traducirse como "opinión". Esta opinión en la terminología neoliberal significa:

-Ventajas competitivas, flexibilización, optimización, gestión del negocio, racionalización de costos.

-Estado mínimo, autonomía de los mercados, ajustes fiscales, privatizaciones, contención de gastos públicos, reducción de las inversiones sociales, supresión de derechos laborales, etc. Restringir la liquidez y por tanto, cero aumentos salariales.

-El mantra que se posesiona es aquel que reza: si las grandes empresas son favorecidas con reducciones tributarias, renuncias fiscales o financiaciones a bajo interés en bancos públicos, la fuerza-tarea es de inmediato accionada para enaltecer los "impactos positivos" y los "beneficios productivos". Pero, si se aprueba alguna ley que vaya en favor de los trabajadores y de los que menos tienen, ipso facto se habla de "maleficios", "enormes costos", "graves riesgos" y "desequilibrios".

Pero no sólo se trata de la doxa, también el neoliberalismo es episteme, con una cosmovisión de la economía, la sociedad, la vida y del mundo. Es, en definitiva, el desiderátum que los pueblos deben seguir. No hay alternativa posible. Es algo así como el "Espíritu Absoluto" en palabras de Georg Hegel, o el "fin de la historia", en términos de unos de sus tantos discípulos: Francis Fukuyama.

Por sus resultados lo conoceréis

"La economía neoliberal dominante hoy en día es una disciplina "desmadrada" (que se olvidó de su madre). Hemos llegado a un punto en que en lugar de que la economía esté al servicio de las personas, son las personas las que deben estar al servicio de la economía. Los ejemplos abundan. Baste sólo con recordar que las políticas de ajuste estructural impuestas a casi todos los países en desarrollo, por parte del Fondo Monetario Internacional, pueden definirse como políticas que arreglaron las economías a costa de destruir las sociedades. Es el mundo al revés, el mundo patas arriba en términos de prioridades" (Palabras del escritor chileno Manfred Max-Neef).

Noam Chomsky diría que la pandemia actual por la que pasa el mundo significa "un colosal fracaso del mercado y de las políticas neoliberales que intensificaron los profundos problemas socioeconómico que vivimos".

El papa Francisco dijo el domingo 04/10/2020 que la pandemia del coronavirus ha demostrado que las "teorías mágicas" del capitalismo de mercado han fracasado" y que el neoliberalismo sencillamente se reproduce recurriendo a teorías mágicas de 'derrame' o 'goteo', sin usar ese nombre, como la única solución a los problemas de la sociedad […] Se presta poca atención al hecho de que el supuesto 'derrame' no resuelve la desigualdad que da pie a nuevas formas de violencia que amenazan el tejido de la sociedad'.

José Saramago en un discurso pronunciado el 23 de febrero de 1999, dejó estás palabras para nunca olvidar:

"Lo que se está preparando en el planeta que vivimos es sencillamente un mundo para los ricos. El mundo será para disfrute de los ricos. No tenemos poder, no estamos en el gobierno, no tenemos multinacionales, no dominamos las finanzas especulativas. No tenemos nada de eso. ¿Qué es lo que tenemos entonces para oponernos? Nada más que la conciencia. La conciencia de los hechos. La conciencia de mis propios derechos. La conciencia de que soy un ser humano, sencillamente un ser humano y que no quiero ser más que eso. La conciencia de que lo que está en el mundo me pertenece, no en el sentido de propiedad, sino que me pertenece como responsabilidad. Me pertenece con derecho a saber, con derecho a intervenir, con derecho a cambiar. Eso se llama la conciencia".

Así que la economía de mercado ha demostrado un vez más, inclusive con el Covid-19, su agotamiento prácticamente total, y también se ha demostrado que el mercado no es Dios y tampoco es el "orden natural" de las cosas, y que, por tanto, el Estado puede y debe entonces asumir un papel mucho más determinante en las sociedades, como también se ha demostrado con la pandemia que vivimos.

Por eso y mucho más, hay que tener cuidado con la doxa y el episteme neoliberal y siempre escuchar, con mucha atención, la pregunta nodal de los pueblos, con o sin trasnocho: ¿Por qué si la economía va tan bien, nosotros seguimos tan mal?.



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Franklin González

Doctor en Ciencias Sociales, UCV. Sociólogo, Profesor Titular, Ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Profesor de Postgrado en la UCV, la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y en el Instituto de Altos Estudios ?Pedro Gual? del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores. Fue embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.

 framongonzalez@gmail.com

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