Comportamiento animal

Viendo la animalada en que se ha convertido nuestra salvaje humanidad, me puse a pensar (aun tengo estímulos y respuestas cognitivas, no tan racionales) si en vez de los descendientes del cruce entre el Homo sapiens y el Homo habilis, se hubieran desarrollado otras especies animales, ¿qué habría pasado en nuestro mundo?

Bueno, imaginemos un planeta donde ser un venado y tener una frondosa caramera no es señal de vergüenza o agravio, sino todo lo contrario, de ser un tipo duro, fuerte y brioso. Y si la venada, le monta los cachos a su macho, en el manual de las buenas costumbres (escrito por Carreño El Cornudo) estaría reglamentado, como el encantador comportamiento de una hembra de buen linaje. Cometer faltas y que esta se noten en la vestimenta, sería una moda y por supuesto, la cebra con sus rayas sería una gran diseñadora. El tigre sería un empresario de los perfumes, por la fragancia con que tiene impregnado su pelaje y a lo lejos se podría ver y oler su presencia, adornada por una nube de moscas, expertas en el almizcle tigrero. Una mancha más para el tigre, es otra condecoración en su traje. La pareja de hipopótamos serían unos bailarines majestuosos, donde sus voluptuosos cuerpos no sería un inconveniente para sus habilidades danzarinas. La jirafa viviría en la planta baja del condominio, pero siempre estaría presta para salir rauda y veloz, a ayudar a sus vecinos de los pisos de arriba, cuando estos la necesitaran. El elefante sería el perfecto cronista de la comarca, su excelente memoria lo facultaría como historiador de todos los acontecimientos. Y ¿quien se opondría en la designación de la hiena como encargada de organizar los eventos sociales? Su jocoso comportamiento y su trabajo en equipo con sus congéneres, la harán la anfitriona perfecta.

El perro no tendría que estar ladrando por interés, ya que montaría un gimnasio para estar delgado y aunque se le pegaran las pulgas, se echaría en su aposento al terminar la jornada, por aquello de que en reposo, es cuando es más productivo. Además, sería muy comedido, ya que no le gustaría estar ladrando mucho, para que otros imaginen que es un tipo muy sosegado, cuando no lo es. El gato, por su parte, sería un buen investigador de colores, ya que su curiosidad no lo mataría, sino que le permitiría desfilar a la luz de los faroles, los diferentes tonos de su pelaje, no solo el parduzco, cuando vaya a dar serenatas a su pareja en su noctámbulo recorrido. Y mientras tanto, los ratones harían una celebración porque su felino vecino salió para donde su enamorada y ellos solidariamente, se contentan por él.

El caballo sería libre, no tendrá que estar esperando que otros lo miren cuando está comiendo y lo critiquen si engorda o no, ni sentirse menospreciado por no tener buena dentadura. Será un tipo con una autoestima que le erizará los pelos de su crin. Las gallinas de la tercera edad ya no tendrán que preocuparse cuando las inviten a una piscinada caliente y después a un asopado, porque no serán el alma de la fiesta como plato principal. El pavo y el cochino por fin podrán disfrutar de su diciembre sin que les den un palazo y llegar sanos y salvos a enero, ya que no habría navidad que celebrar con sus sacrificios. El burro senil, comerá su buen brote de pasto sin trabajar mucho, la cabra saltará de alegría y no de locura y todos los pájaros podrán hacer sus necesidades fisiológicas, sin que nadie se las revise para saber quiénes son, porque solo serán reconocidos y admirados por su canto y podrán volar libres de un lado a otro, sin esperar manos que los agarren, porque los humanos no estarán por ahí para someterlos.

Pero devolviendo nuestro pensar a la actual vida humana, estamos actuando un poco más por instinto (que es la naturaleza animal) que por el raciocinio o el intelecto que poseemos. Somos menos solidarios, la tolerancia se está convirtiendo intolerante, hay más prohibiciones y privaciones impuesta por la sociedad y los medios de "insinuación", que leyes en la constitución. Y lamentablemente, eso está tutelando nuestras vidas. El color de piel y la sexualidad, son juzgados como faltas o como buenas cualidades, dependiendo de donde se ubique quien cualifica. Cada día aparece un baremo más o una "clasificación social" para calificarnos. Estas codificaciones están hechas como un índice o escala de evolución animal o vegetal. Hablamos de razas humanas cuando solo hay una, en el reino animal donde estamos ubicados evolutivamente. Es como si buscáramos en los cuerpos para ver si tenemos trompa, cola, joroba, ubre o tetas, cojones o si somos hermafroditas, para vernos reflejados en un vademécum animal taxonómico. Lo peor es que nos clasifican (y nos dejamos clasificar) como latinos (`pero no meten a los franceses ni a los italianos), hispanos (sin ser de España), afrodescendientes o caucásicos. Y cuando usamos nuestra desarrollada degradación, nos clasificamos por colores básicos: sin presencia de luz, negros o si reflejan la luz, blancos, como si habláramos de un par de zapatos o una cagada de paloma. Y en base a esto, van ubicando a los grupos sociales o colectivos, en estratos, en derecha o izquierda, en católicos, protestantes, judíos o musulmanes, en letrados o ignorantes, en estereotipos de gente que parece buena o gente que parece mala "con solo mirarla como visten". En fin, lo que sí está claro en todo esto, es que somos tan iguales, que pasamos todo el tiempo buscando diferencias entre nosotros. ¡Qué animalada!



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Carlos Contreras


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