Francisco Fajardo, cual Trump (o) servidor, divide a venezolanos. Buscando por y con quién pelear

En verdad, son tantas las cosas que, por este asunto, la cabeza me atropellan, como que los recuerdos se me vienen todos juntos de repente; el torrente de agua se desprende de allá arriba, de la punta del cerro y baja arrastrando todo cuanto encuentra a su paso, que me he enredado desde que concebí la idea de escribir sobre esto. Pero me agrada, voy a empezar, como se dice en el lenguaje coloquial, "por dónde primero se me ocurra".

Unos 12 ó más años atrás, estando en una reunión del batallón 170C del MVR, del cual era militante de base y el Gobernador del Estado Anzoátegui, allí presente, su vocero o más bien jefe, ya definida claramente la concepción centralista y vertical para que quienes gobernaban ejercieran el control del partido, de lo cual entonces como siempre discrepé, alguien solicitó se quitase el nombre de Otto Padrón Guevara a un barrio recién nacido, de esas habituales invasiones que, desde los tiempos de la IV República, la politiquería estimulaba, en la ciudad de Barcelona.

Aquella reunión se hacía en espacio muy lejano al de aquel barrio y en consecuencia, el área asignada al batallón no lo incluía.

La razón esgrimida, o mejor dicho, nadie esgrimió ninguna si no que por tratarse el personaje de un ex gobernador del Estado en la IV República y dirigente de AD, se dio aquello, sin que nadie dijese nada específico, como motivo suficiente para hacer aquella solicitud y para que casi todos los allí presentes, empezando por el gobernador, encontrasen razones, para apoyar y hasta "aprobar", sin atribuciones para eso, la solicitud.

A una petición del gobernador, uno de los participantes en aquella asamblea, nada creativo y si muy como infantil, sin pensar en nada en la gente que vivía en aquel barrio, sus preferencias, deseos y hasta costumbres ya bastante interiorizadas, propuso se le llamase Ernesto "Che" Guevara. No pudo escoger otro nombre. Uno que de ser sometido a procederes pertinentes fuese de posible aceptación de la mayoría, como Miguel Otero Silva, hijo ilustre de esta ciudad y en la que nunca le han rendido reconocimiento y menos afecto. ¡No! Había que escoger uno que pusiese la mayor distancia de por medio

El gobernador, quien acogió la propuesta y quizás ya eso lo consideró como suficiente para ser aprobada, lo que tampoco tenía por qué hacerse allí, se comprometió que el lunes siguiente, entonces era sábado en la tarde, procedería a emitir el decreto con esa finalidad.

Era aquella una infantil forma de exhibirse como ansiosos de cambiar las cosas, el orden todo y como no pudiendo hacer nada sustancial se opta por poses como esas creyendo dejar una impronta.

"Siempre de asomao", definitivamente incapaz para saber callar e inmaduro como ellos mismos, sabiéndome apoyado por 3 ó 4 compañeros más y andar buscándole 4 patas al gato, como se suele decir en el lenguaje coloquial, pedí la palabra y solicité:

"¡Por favor! ¿Podrían levantar la mano los aquí presentes que vivan en ese barrio?"

Como observé que nadie hacía la señal solicitada, repetí mi solicitud y viendo de nuevo que nadie se sentía aludido, dije:

¿Si ninguno de quienes aquí estamos vivimos en ese barrio, si eso no es de nuestro interés ni competencia, de nuestras querencias, por qué pedimos y hasta nos atrevemos arbirtrariamente cambiarle el nombre a ese barrio, independientemente de cuál sea y a quien haga referencia? ¿Por qué no se discute y decide eso en una asamblea del barrio?

Aquello fue como haber nombrado al diablo en una iglesia repleta de feligreses. Confieso que la mayoría casi estuvo ganada para colgarme, sobre todo porque había herido sus dioses.

Metí la pata, y allí volví a quedar marcado como un discrepante y hasta "agente de la derecha que sobrepone la opinión de una gente extraña a la de quienes forman el partido y el gobernador". El asunto mismo y los procedimientos no tuvieron interés alguno.

El decreto, según supe, salió como se había prometido, el lunes siguiente. Han pasado, como dije, varios años, el barrio sigue llamándose igual, nadie recuerda el decreto en el que se decidió llamarle Ernesto "Che" Guevara, porque la gente del referido barrio ni siquiera se enteró de lo decidido por arriba.

Cuando se empezó a construir eso que suelo llamar la "extensión de la autopista de Caracas al Estado Miranda", porque de ese espacio nunca ha salido, le dieron por nombre "Autopista de Oriente"; poco tiempo después, la misma mentalidad puesta de manifiesto en el primer punto, optó por un decreto y le llamó Rómulo Betancourt. Unos cuantos años después, cuando estando en Caracas decíamos, "mañana voy para Cumaná", inmediatamente salían interrogantes como estas:

"¿Por cuál vía te vas? ¿Por el llano?"

"No". Respondíamos, me voy por la Rómulo Betancourt". Respuesta esta que usarla era perder el tiempo, pues de inmediato surgía la pregunta, hasta de los propios adecos:

"¿Cuál es esa?". A lo que uno se veía obligado a responder, "la autopista de oriente".

Pasado el tiempo, siendo Chávez presidente, aquella vía que llevaba "oficial o burocráticamente" el nombre de Rómulo Betancourt, pero de hecho y eso es lo importante, todo el mundo la llamaba de "Oriente" y voz del pueblo, voz de Dios, al mismo estilo adeco, se decidió ponerle el nombre del Gran Mariscal de Ayacucho, Anonio José de Sucre. Entonces eso me alegró, pues siendo yo cumanés, formado en las intimidades y amores de ese pueblo, lo percibí como un digno reconocimiento a un héroe. Pero a esta altura de la vida, varios años después, a esa autopista que sigue siendo de Caracas y Miranda, todavía no ha salido del mero centro, como diría un mexicano, se le sigue llamando "de Oriente" y si usted usa el nombre oficial, sobrará quien le pregunte "¿cuál es esa?"

Y así uno aprendía que de esa manera se perdía el tiempo, pues la gente, de hecho, sin complicaciones ideológicas, por tradición, rendir culto a la memoria, la costumbre, optaba, generalmente por lo que llegó primero y ya había adaptado e internalizado. Y además, para el común de la gente, esas señales son fundamentalmente puntos de referencia, para la ubicación, recuerdo y no le gusta que le "revuelvan el caldo" y lo claro se lo oscurezcan.

Más o menos en 1965 se inauguró la avenida que ahora une a Barcelona con Puerto La Cruz o viceversa y desde antes de ponerla en uso la gente empezó a llamarle "Avenida Intercomunal". Pasado el tiempo, estando todavía en la IV República, se le bautizó "oficialmente" con el nombre ilustre de Andrés Bello. Uno de los 4 ó 5 nombres más altos de nuestra historia y de los primeros, si no el primero, en el campo de las letras y el primero de nuestra lengua. Pese el peso, casi descomunal de ese nombre, ante el cual nadie tenía nada de decir, la gente continuó, como empecinadamente, llamándola "Intercomunal", pese que a lo largo de ellas abundaban vallas con el nombre oficial. Hasta los agentes de tránsito, al levantar un accidente en su espacio, al identificarlo anotaban en sus informes, "Avenida Intercomunal".

También del mismo gobernador del primer asunto, salió la decisión de cambiarle el nombre a la avenida por el de Jorge Rodríguez. Al margen del asunto mismo, su como falta de sindéresis y coherencia, hasta siendo poeta el funcionario responsable de la decisión, a esta altura, pasado tantos años, la gente toda sigue llamándola como se le bautizó al inicio, "Avenida Intercomunal".

Si usted decía o ahora dice, "pasé por la avenida Andrés Bello o Jorge Rodríguez y a lo largo de ella ví en todas las estaciones de servicio largas colas para surtirse de gasolina, sin duda, quienes le escuchen le preguntarán para corregirle:

"¿Cuál? ¿La Intercomunal?"

En Caracas, esquinas llevan nombres que revelan lo pragmático, convencional que hay en el uso de esos nombres. Son sólo como puntos de referencia, para el recuerdo y en efecto sirven para la orientación y ubicación efectivas de la gente en su espacio. Y esa es la finalidad, lo sustancial. Hay, como dije, en Caracas, nombres de esquinas como la de "El muerto". Un sitio, una esquina, donde una vez murió alguien, y por años se ha dicho que allí "sale el difunto" y el colectivo bien la identifica por eso y de eso sustancialmente se trata.

Es hasta risible ver como venezolanos buscan de qué pegarse para pelear. El nombre de una esquina, que no es más que un punto referencial para orientarnos, se ha vuelto un tema "por demás profundo y escabroso". Pero lo envolvemos en ideología y hasta nobleza para con ellos potenciar la pedestre pugna y distraer.

Francisco Fajardo fue un vulgar conquistador, hijo de india, no siendo él único ni el primero en América; no fue un mestizo como el "Inca Garcilaso", sino de esos que hubo muchos, empezando por el hijo de La Malinche, martirizadores de su gente; no merece reconocimiento alguno, ni siquiera de la España avergonzada, pero el nombre de la esquina de mi barrio cumanés, "El Encapotao", pese lo horrible, tenebroso, sólo sirve para que sepamos por donde coger o encontrarnos; no es para tenerlo como ejemplo a seguir. ¿Por qué echarle más leña al fuego, agregarle más ácido a nuestras relaciones? Hay propuestas que parecieran más destinadas a ahondar las diferencias y avivar las intrigas. Mientras tanto los dolores aumentan y el eurocentrismo sigue vivo, empezando en quienes hablan de cambio.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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