Docencia Amena

¿Cuál es el mayor desafío de la actual gestión policial?

Al transitar por avenidas, calles y boulevares de las principales ciudades del mundo, es notorio la presencia de efectivos policiales patrullando, pudiéndose distinguir estéticamente el cuerpo o la unidad policíaca que representan. En el caso de algunas capitales la fuerza policial concentra activadas las de rango nacional, regional, municipal, inteligencia y, en ocasiones especiales, la militar.

Obviamente, durante los últimos meses el accionar y exigencia hacia los cuerpos policiales ha repuntado debido a la situación de emergencia propiciada por la pandemia del Covid 19. En tal sentido, las unidades policiales han sabido maniobrar y mantener el orden de la ciudadanía sin que situaciones del orden público levanten estados de alarma aparte del problema sanitario conocido por todos; pero en el continente sudamericano algunos cuerpos de seguridad han sido desbordados en sus tareas diarias y hasta diezmados. Entonces cabe preguntarse si en medio de los altos compromisos que se tiene en materia de seguridad ciudadana, la emergencia en bioseguridad, la crisis económica, los valores deformados y las nuevas maneras de cometer delitos: ¿existe eficacia, eficiencia, efectividad y equidad en cada uno de los cuerpos policiales que conocemos? De este modo vale ir más allá y hacernos un gran cuestionamiento, ahora: ¿Cuál es el mayor desafío de la actual gestión policial?

Desde luego hay que hablar sobre gestión y nos conseguimos con un significado etimológico que se acerca a la marca genealógica en esa palabra. Proviene de "gestus", una palabra latina que significa actitud, gesto, movimiento del cuerpo. Pero gestión está estrechamente ligada a estrategia (de strates-ego): yo conduzco; que según el teórico de la guerra del siglo XIX, Karl Von Clausewitz, significa organizar los encuentros aislados con el fin de derrota/destruir al enemigo: a sus fuerzas, a su voluntad, y a su territorio, que es el objetivo ideal de la guerra.

Además, gestión proviene directamente de gestio-onis: acción de llevar a cabo y también está relacionada con gesta, en tanto historia de lo realizado y con gestación: llevar encima.

Lo que a simple vista es parte de lo observado a diario: despliegue de uniformados dedicados al ejercicio de su labor bien sea sobre unidades radiopatrullera, motorizada, bicicleta o a pie. En algunos sitios de congestionamiento peatonal, como paradas o en semáforos de gran flujo vehicular también los órganos de seguridad nacional, regional o local tienen competencia. Pero, ¿Qué piensa o siente la gente al notar la presencia policial en la calle? ¿Existe realmente esa sensación de seguridad y no ser a futuro parte de las estadísticas en cuanto a atracos, hurtos, robos y, en el peor de los casos, homicidio? Si bien es cierto, antes de la pandemia en ciudades venezolanas el sistema de transporte terrestre tanto superficial como metros reportaban un importante número de casos de hurto de carteras, monederos y celulares debido a la sobrepoblación de pasajeros, lo que permitía una mayor facilidad para este tipo de delito sin que en muchas ocasiones, en especial el sistema subterráneo, contase con puestos de control o vigilancia policial. Esto, por una parte, indica que existe un déficit de policías y por otro lado que están disgregados en sitios no requeridos para el grueso de la ciudadanía.

La actual realidad social, económica, cultural y política más la difícil eventualidad pandémica pinta un escenario de preferencia para ciertos grupos de funcionarios policiales que se dedican a custodiar negocios particulares, sobre todo, almacenes cuyos propietarios privados proceden de colonias extranjeras. Por supuesto, tal práctica ha originado comentarios de rechazo en la población que no ve con buenos ojos esa manera honesta en el desempeño de la función policial a la hora de brindar seguridad en la calle.

En ese mismo orden de ideas, ¿Se siente realmente respetada la ciudadanía por sus organismos de seguridad? En ese sentido las políticas públicas en materia de seguridad ciudadana han venido a favorecer a la población en general cuando los mecanismos de operacionalización han sido orientados en función de la prevención de delitos, tratando por todos los medios al alcance, disminuir las tasas de homicidios, robos, atracos y hurtos. Sin embargo, otras formas que se manejan y que tienen que ver con la criminalidad, diseñadas para atentar contra la propiedad privada y el buen vivir son la estafa, usura, soborno, extorsión, entre otros.

La seguridad en sentido restringido es definida como el conjunto de políticas y acciones coherentes que tienden a garantizar la paz pública, por medio de la prevención y represión de los delitos a través del control penal y policial (Arraigada, 2002).

De igual forma existen conductas, hábitos o costumbres que cada día son adoptadas por grupos de personas ligados a los intereses meramente mercantiles. Y todo ello repercute en una sociedad que se va formando criterios, paradigmas, modelos que en ningún momento van ayudar a desarrollar potenciales liderazgos dentro de la organización. Es decir, el comportamiento será el mismo.

Para Dubric (2009) "La formación de criterios obedece a normas adquiridas que se vuelven rígidas y absurdas, y así es como se acciona y reacciona". El mismo autor lo dice más adelante con palabras no tan decorosas pero de gran peso real: "Es muy lamentable, pues está preso, sin juicio independiente para discernir".

Sucede, pues, que si nos volvemos copia al carbón de los actos ajenos y no somos independientes y juiciosos de lo que accionamos imposible surja una personalidad de criterios propios.

"El auténtico líder respeta las leyes y el orden establecido en este mundo físico, no está preso de ningún concepto, dogma, ideología o teoría", pudimos leer en un texto de reflexiones.

Ahora, tomemos en cuenta las siguientes posiciones: para los teóricos conductistas, los trastornos de la conducta revelan dificultades en el aprendizaje de conductas adaptativas como resultado de exposición a condiciones ambientales difíciles, generadoras de tensión; aprendizajes de conductas mal adaptadas. Martin Herbert (1983), al analizar la problemática, señala: "los problemas conductuales en general y los trastornos de conducta en particular, cuando no representan problemas deficitarios se consideran estrategias de ajustes que el niño ha aprendido para su propia desventaja (y para desventaja de los demás) en el intento de enfrentar las exigencias de la vida.

Entretanto Durkhein (1951) postula que "la desviación es el resultado inevitable del conjunto, entre las normas del grupo que representa necesidades sociales e individuales".

Mientras que Park y Burgess (1924) sostienen que "las conductas desviadas como algo que se propaga a medida que las instituciones de la comunidad se deterioran y dejan de satisfacer las necesidades de los ciudadanos".

Al respecto: ¿Cuál viene siendo el rol de las instituciones al despertar conciencia en el colectivo? En la actualidad el individuo pensante y de libre albedrío interactúa en distintos ambientes, sectores, lugares. Socializa, actúa, participa, pero es más las veces que tratará de imponer criterios y buscará competir hasta erigirse como ser superior.

A donde acudamos, vamos a considerar esta particularidad, ¿y es realmente un problema? El ser humano actual negocia, va al mercado, está en política, habla de la biblia, dicta clases, escribe, se pronuncia en radio y TV; posee conciencia libre.

Nuevamente Dubric (2009) afirma que el porcentaje libre de conciencia, oscila entre 1% a 3% máxima, y lo demás está enfrascado o embutido dentro de cada vicio, defecto o error que conforman al "querido ego o yo".

Según el enunciado anterior, de contar con una conciencia libre que llegase al 10% podríamos entender la raza humana estaría en un mejor plano de comprensión, lo que equivale preguntarse: ¿Existirían las guerras? ¿Habría envidia entre unos y otros? ¿Seríamos tramposos y mentirosos?

También en este trabajo queremos basarnos en el pensamiento estructuralista en que todos formamos parte de un sistema, en donde el desafío al cual nos toca analizar sobre la actual gestión policial produce vuelo de ideas. La misma no factura como cualquier cosa. Las actuales políticas de Estado en materia de seguridad ciudadana en Venezuela tiene tanto seguidores como, por ende, detractores. Pero, si en algo convergen puntos es que la mayoría de la población transita en ambiente de paz pese a los momentos más difíciles en tiempos modernos. De ahí las políticas incluyente y global.

Al consultarse en comunidades populares sobre la efectividad de los organismos de seguridad, la corrupción en funcionarios policiales y la falta de patrullaje constante encabezan los puntos negativos.

La policía comunal es, a su vez, una modalidad preventiva que ha hecho posible el acercamiento de vecinos, comerciantes, escuela, ambulatorios, iglesia, entre otros. Indiscutiblemente se han sensibilizado las partes en cuanto a comunicación. Lo que ha permitido asomar un comportamiento más ético y moral.

Mucho se recuerda el respeto infundado en décadas pasadas hacia efectivos policiales y militares (Guardia Nacional), lo que se traduce en el nuevo modelo policial sin estigmas de la violencia y lo traumático como evidentemente ocurrió con las persecuciones, torturas y asesinatos de civiles disidentes a viejos esquemas gubernamentales.

Para efectos actuales, tomemos en cuenta lo siguiente: "No todos los Estados resuelven los problemas sociales de la misma manera, y por ello se han delineado algunos modelos de políticas sociales (residual, meritocrático e institucional) que describen la relación entre el Estado, la sociedad civil y las ideologías dominantes" (Titmuss, 1973). Mientras que Fleury (1997) añade: "La adopción de alguno de los modelos de políticas sociales depende de los valores compartidos en cada sociedad". Esto significa también que las instancias privadas y públicas pueden contribuir con el diseño de políticas, así como los valores que se desarrollan con la cultura ejercen una influencia importante al momento de decidir sobre la intervención de cada instancia.

En un trabajo publicado recientemente sobre Nuevo Modelo Policial en Venezuela se apunta que: "La seguridad ciudadana depende, entre otros aspectos, de cuerpos policiales capaces de ejecutar acciones eficaces para atacar la criminalidad y de la adopción de medidas preventivas que permitan generar la paz necesaria para el desarrollo integral de las personas".

En Venezuela no fue posible que se cumpliera esta premisa, por largos años se promovieron esquemas cuyas respuestas para atacar los problemas delictivos se centraron en la represión y la violación a los derechos humanos, actuando, incluso militarmente, sin entender que la policía tiene carácter civil.

La policía preventiva es el aspecto de la aplicación de la ley que busca actuar como fuerza disuasoria a la perpetración del crimen.

La policía preventiva es considerada una característica definitiva de la policía moderna, típicamente asociada con la policía metropolitana de Londres de Robert Peel, establecida en 1829.

Incluso, como observamos a diario, los miembros de la policía preventiva llevan consigo armas de fuego (arma de reglamento) en sus habituales obligaciones laborales. La policía preventiva frecuentemente tiene unidades especiales para los casos de delincuentes armados, o en situaciones de gran peligro, y en algunos países sin excepción nuestra se llama a los militares en situaciones extremas.

Como parte del nuevo modelo policial ésta se proyecta hacia las personas que se encuentran en condiciones desfavorecidas y su finalidad es alcanzar bienestar para los ciudadanos. De modo que si puede haber mayor efectividad operacional las instancias privadas en algunos sistemas participarían en la política social. El Estado mantiene una función central como instancia pública. Las instituciones estatales no deben dejar de proporcionar acceso masivo a un sistema de confianza para enfrentar la inseguridad económica y las demandas por mejores niveles de vida, lo cual se traduce en políticas sociales dentro de una perspectiva global.

La alimentación, educación, transporte, seguridad ciudadana y social parecieran formar parte de la expresión de las necesidades sociales reconocidas por el Estado a través de enunciados legislativos. Pero se deja de lado tomar en cuenta lo ético y moral de servir a la ciudadanía. Ello supone el esfuerzo colectivo por mantener la presión de la necesidad social frente al Estado, de manera que la misma repercuta en la agenda pública para articular la necesidad con una política que cumpla con los principios de eficacia, eficiencia y equidad.

Para ello se debe recurrir a mayores empeños en brindar verdadera seguridad? En los sistemas occidentales se han implementado departamentos, negociados, oficinas o superintentencias llamados investigaciones administrativas o asuntos internos que tienen la tarea de investigar a los oficiales y agentes de la fuerza. Usualmente no portan armas y su trabajo consiste en la lucha contra el soborno, la corrupción y el abuso de autoridad.



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Brígido Daniel Torrealba


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