Diálogo y elecciones

El gran tema que abrió esta semana es el del "diálogo" propuesto por el Gobierno en voz del presidente Maduro, y más concretamente el de los indultos concedidos a 110 opositores detenidos, exiliados o procesados por causas políticas. Como siempre, la medida no responde a ningún impulso magnánimo sino más bien a las rudas necesidades de la política y, señaladamente, a los intereses electorales del PSUV. Esto lo ha dejado claro Nicolás Maduro en un arrebato de sinceridad y en palabras que parecen dirigidas a los no pocos descontentos dentro del chavismo militante por la liberación de los indultados. Según el Presidente, su firma del decreto de indulto se ejecuta "para avanzar en el diálogo, para avanzar en la creación de condiciones que permitan la más amplia participación electoral, para avanzar en la creación de confianza". Maduro reconoció que muchos de sus simpatizantes "se indignaron" por los indultos que defendió como una "medida política".

Más claro no canta un gallo.

Ahora bien, esta se puede considerar como una movida extrema en un movimiento político como el PSUV que no suele destacar por su amplitud ni por su tolerancia, En medio del llamado presidencial al diálogo, el pesuvismo extremista ha exhibido en las redes una vez más su furia, su exacerbado sectarismo, su amarga intolerancia hacia los "herejes" que osan pensar distinto, en contracorriente a cualquier actitud de "reencuentro". Afortunadamente, los extremistas del chavismo y del antichavismo son una exigua minoría que sin embargo suele hacer mucho más ruido que la mayoría de venezolanos quienes, sin importar su militancia y posición, se pronuncian sinceramente por el diálogo, se oponen a la polarización, prefieren la tolerancia y apuestan por la paz. Justo es decir que los militantes extremistas y energúmenos son alentados por sectores dirigentes que, por razones que no voy a discutir ahora, promueven esas actitudes que producen ya hartazgo en las mayorías sensatas y trabajadoras.

¿Por qué esta repentina e inesperada voltereta política? Ya sabemos que se vincula al evento electoral decembrino, eso lo dejó en claro el ministro Jorge Rodríguez cuando dio respuesta a uno de los periodistas que asistieron a la rueda de prensa en la que se hizo el anuncio de los indultos ¿Pero que hay en el fondo de la maniobra? Intentaré una hipótesis, como siempre sumergido en la duda y en la posibilidad de equivocarme.

La situación electoral de diciembre no está clara ni fácil para el PSUV. Es verdad que está montado todo el tinglado para que el partido de Gobierno se haga con la mayoría de los curules, pero eso no es todo lo necesario para que los pesuvistas canten victoria tranquilamente (la cantarán igual, pero los efectos no necesariamente serán enteramente positivos). Las elecciones del 6D constituirán un interesante test político que medirá la real popularidad o impopularidad del gobierno de Maduro, una especie de plebiscito no vinculante sobre la gestión política y de gobierno, y en ese sentido todos están participando en las elecciones, también los sectores extremistas de la derecha que llaman a la abstención. Dentro de la estrategia imperialista de poder dual, ratificada sin ambages después del desencuentro Guaidó-Machado de la semana pasada, es claro el designio imperial de crear las condiciones para la deslegitimación del proceso electoral y por ende de la nueva Asamblea Nacional, y prolongar por lo tanto la presencia "alternativa" de Juan Guaidó y los suyos, como uno de los factores concomitantes a la estrategia de desgaste del gobierno de Maduro y la provocación al mediano plazo de una situación de "cuello de botella" que obligue a la cúpula pesuvista a sentarse a negociar (es falso que esté en los planes inmediatos de Estados Unidos la intervención militar). Esta estrategia es evidenciada por el anuncio de ampliación y profundización de las sanciones, sobre todo en el área del petróleo.

La cúpula del PSUV sabe muy bien que la mayoría de los venezolanos no está en "modo" electoral. Entregados a sus angustias cotidianas, ante la disparada cotidiana e imparable de los precios, las fallas frecuentes de los servicios públicos, las plagas del coronavirus y la cuarentena, la aridez del escenario político y la incertidumbre por el futuro pos pandemia, los más de los venezolanos son espectadores mudos y lejanos de los prestidigitadores de la política, todos ellos, a la izquierda y a la derecha, que los excluyen y los envuelven en manipulaciones y maniobras de malabaristas.

Lo más seguro es que el 7 de diciembre amanezcan dos sectores cantando victoria, los mismos que se debaten en su polarización infinita: el PSUV celebrando su mayoría parlamentaria y la extrema derecha adjudicándose la colosal abstención que es lógico presumir, aunque el Gobierno se está moviendo, con su reconocida y consuetudinaria maña, para revertir al máximo esa tendencia, lo cual asume como su principal tarea de aquí al 6 de diciembre. Me inclino a pensar que al final seguiremos más o menos en lo mismo, aunque en política nunca se puede descartar las sorpresas, como que la gente se vuelque a votar buscando salidas, lo cual ya sería otro cuento.



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Néstor Francia


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