Trabajo maravilloso!: Aquí les cuento cómo he acabado haciéndome cafetalero…

  1. La semana que viene estaré vendiendo en mi propio apartamento el mejor café molido del mundo, seleccionado pepa a pepa, con pasión y paciencia entre mi esposa y yo. Un café de un aroma fabuloso, tostado en el punto justo y molido también con la medida justa en un molino corona que antes usaba para el maíz pilado.
  2. Nunca pensé en hacerme cafetalero, pero en mi último viaje a los pueblos del sur, conseguí hacerme con varios kilos de café en laja, y he tenido la fortuna de que mi hija Yurimar me regalara un pilón, adquirido en las afueras de Mérida, hacia los lados de Jají. ¡Qué maravilla!
  3. Llevo dos semanas pilando café con mis hijos Andrés y Adriana. Es un trabajo hermoso. Le metemos al pilón unos dos kilos de café en laja, y le damos con diferentes técnicas para que vaya soltando la concha y quede lo que se llama en azul. Por supuesto, por más que uno pile, quedará un 15 por ciento medio con concha algo floja que habrá entonces que trabajarlo a mano. Una vez que se ha pilado como unos veinte minutos, se procede a ventearlo. Es mucha la concha que suelta. Cuando no corre brisa, es bueno utilizar un ventilador o soplarlo manualmente. Por cierto, esa concha que se desprende sirve como abono. Nada se desperdicia.
  4. En estos momentos, el café le gana terreno al dólar, en muchos pueblos de Mérida casi todo se tranza con café en laja, en azul o molido. Aquí en la Pedregosa Sur, hay un puesto que muele el café directamente al comprador. Hace una semana el kilo estaba en ese sitio en un millón, hoy pasé y tienen el kilo en un millón cien. Yo dudo que ese café sea tan bueno como el que yo estaré vendiendo el próximo lunes, escogido pipa a pipa, si nada de basura o concha.
  5. He aprendido junto con mi esposa a tostarlo, que tiene su truco. Vertemos unos dos kilos en un gran caldero, y lo vamos batiendo sin parar por cerca de una hora diez minutos. Hay que tener muchísimo cuidado de que no se pase de cocción, es decir que no vaya a coger un color negro porque se daña. El café cuando se tuesta debe quedar marroncito.
  6. También la molida tiene su punto. No debe quedar extremadamente fino porque entonces se atasca tanto en las grecas, en los coladores de tela, como en las máquinas de colar café.
  7. Llevó dos semanas, todos los días, pilando, descascarando, seleccionando, tostando y moliendo café con mi esposa y con mis hijos. Y le hemos tomado pasión. Debo agregar que esos cafés que anuncian como gourmet no le dan por los talones al que nosotros preparamos, en aroma, en calidad, en limpieza.
  8. Qué maravilla es el arte de preparar el café, y debo agregar, que con mi esposa, en un terrenito, hemos sembrado doscientas matas de café y en un año estaremos recogiendo nuestra primera cosecha, y lo vamos a preparar de manera artesanal totalmente.
  9. En plena pandemia no perdemos un segundo, y esto lo he aprendido en esta etapa de mi tercera infancia, trabajando sin descanso, la mejor manera de vencer el covid-19.
  10. Ofreceré el kilo de café molido a un millón cien en este momento; no tengo sino apenas unos siete kilos para empezar, y cómo desearía que todos pudieran probar un poquito, para que constaten de la maravilla que estoy hablando. El arte de preparar el cacao debe ser igual de fabuloso.

 



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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