Venezuela doblega al coronavirus y la vence una pobre agricultura

América Latina parece haber generado desde finales del siglo XIX hasta el 2020 más de 1,3 millones de pobres por año y hoy la cifra total ronda los 180 millones, según estimaciones de la CEPAL. Estas conmovedoras cifras aunque inferiores a las estimadas para África, significan que algo no se ha asumido correctamente por cuanto las más sensibles de las necesidades, salud y alimentación corroen cualquier éxito que los gobiernos quieran mostrar como logros políticos. Posiblemente lo peor que acontece en América Latina es la destrucción de la capacidad de integrarse como Pueblos frente a la adversidad. Hoy luce fragmentada ideológicamente y pulverizada en integración y solidaridad frente al hambre y la salud. Aún cuando parezca un cliché aquello que el mundo no será el mismo después de la pandemia COVID-19, cada país debe realizar su propia introspección para verse luego retratado en lo que será el nuevo mundo, o los cambios serán solo arreglos geopolíticos para no cambiar nada.

Hasta donde vamos de la pandemia, Venezuela exhibe la mejor cifra de infectados del continente americano en un corte al 15.04.2020. La prevalencia calculada por algunos expertos en geografía humana es de 0,69, en comparación con el coloso y potente EEUU que ronda la cifra de 169 contagiados por 100.000 habitantes. La prevalencia del COVID-19 en el eje del Pacífico de América del Sur muestra una preocupante tendencia creciente en ese indicador: Colombia (5,85), Ecuador (44,53), Perú (34,8) y Chile (43,28) y en la larga cara Atlántica, los colosos agrícolas Brasil y Argentina con cifras de 13,32 y 5,48, respectivamente. La pandemia continuará y estas cifras de se incrementaran sin posibilidades de ver claramente su significado futuro en los sistemas públicos de salud y mas centradamente en la pobreza y la solución de la inseguridad alimentaria que trajo consigo, o se amplió con la pandemia.

Se resalta que la crisis de las estadísticas venezolanas, abandonadas, omitidas o ausentes, en varios sectores de la sociedad, incluidas la salud y la agricultura, han sido factores contrarios a la planificación del país. La aparición de la pandemia COVID-19 ha permitido generar reportes diarios y crear documentos valiosos de seguimiento de esta pandemia en Venezuela y es un logro que pudiera extrapolarse a otros sectores de la socio-economía para tener asidero en las decisiones a adoptar. Digamos que la pandemia puede hacer milagros. Haber demostrado el valor de las estadísticas es el principal milagro. Así, si la tasa de desempleo, la calidad del salario, el número de personas en la informalidad económica, las estimaciones de cosecha disponibles en el campo que requieren llegar a los consumidores, las tendencias en el consumo de energía y proteína, los precios de los alimentos y sus variaciones estacionales y coyunturales, las expectativas y percepciones de los agricultores para la agricultura que vendrá después del COVID-19, las estimaciones de insumos diversos incluidos combustibles son variables que requieren medirse y conocerse para poder establecer el plan de la agricultura de contingencia para este año y posiblemente unos cinco años consecutivos. Ya existe una experiencia de abordaje de la información, ahora a pensar cómo hacer lo faltante en agricultura.

La concentración de los casos de COVID-19 en grandes centros urbanos y capitales de estados (información que dispone el Estado venezolano geo-referenciada) pueden permitir salir del miedo al hambre para entrar en una nueva estrategia de producción de alimentos, para estabilizar la drástica caída de la producción agrícola de los últimos cuatro años, por cuanto en los territorios peri-rurales y rurales, la presencia del virus es casi nula. Entonces una sana política es valorar la transformación de la cuarentena voluntaria como política general en cuarentena voluntaria con sentido territorial según las estadísticas que se dispone, incluyendo mayor libertad de movimiento y facilidades de proyectos productivos para las áreas agrícolas.

El miedo se rompe comprendiendo la realidad por cruda que sea. Pasamos de ser un país con una alta seguridad alimentaria, reconocida por organismos internacionales a una situación precaria en los últimos años, por causas estructurales (baja prioridad del sector agrícola) aunadas a la injerencia internacional (retaliaciones y sanciones económicas). La precariedad se evidencia en tener resultados agrícolas en rubros prioritarios similares a los existentes en 1998, heredados por el Comandante Chávez del fallido gobierno agrícola del Presidente Caldera.

El proyecto agroalimentario de estos tiempos de pandemia debe resolver estos temas:

1/ Superar las restricciones de acceso s los alimentos por ingreso familiar evidenciada por un desequilibrio entre los ingresos y el costo de la canasta alimentaria. Esta disparidad no ha sido resuelta todavía con el más importante programa histórico de mejora de la alimentación en Venezuela (CLAP), aunque su utilidad fue captada como necesaria el EEUU donde actualmente se distribuyen selectivamente cajas homólogas a personas desfavorecidas por bajos ingresos.
2/Formalizar la informalidad económica. Existe un % alto de personas que se dedican al comercio informal, después de abandonar los cargos públicos y privados debido a los bajos salarios percibidos. Estas personas, en especial las dedicadas al comercio de alimentos, donde las prácticas de manejo e higiene no son adecuadas requieren formación y estabilidad.
3/La alimentación escolar debe retomarse como proyecto de Estado. Esta política debe revisarse y ajustarse para convertirla en derecho inalienable. En este tiempo de pandemia, lo que han dejado de comer los niños, repercutirá en su salud nutricional. Debe buscarse como compensar el consumo de alimento de escolares durante y post pandemia.
4/ Anticipación a la pandemia en áreas rurales y peri-rurales: Se debe aplicar un plan para el despistaje de la enfermedad ex ante la apertura del calendario agrícola del período de lluvias. Incluir el despistaje del coronavirus en las áreas donde la agricultura en este ciclo norte verano, está cerrando.
5/ Prever la naturaleza de los cambios en el manejo de la economía agrícola internacional especialmente en materia de disponibilidad, precios de commodities, y bioseguridad exigible por la situación de pandemia.
6/ Repensar la planificación agrícola pre existente para el año 2020-2021: Incluye la relación con actores hasta ahora renuentes a compartir con el gobierno nacional los complejos temas de la producción agroalimentaria-
7/ Relanzar la producción comunal y familiar: Es importante seguir manejando el concepto de vuelta al campo. Es posible que algunos repatriados aspiren ser parte de esto programas.
8/Prioridad de gestión en la suplencia de insumos diversos para la agricultura: Rebasa el tipo de insumos que son bien conocidos, se favorece la oportunidad y la territorialidad del suministro.
9/Energía para la producción, almacenamiento y transportación: Existen ejemplos en los altos del estado Mérida donde los productores han estimado con detalle las necesidades de combustible y energía eléctrica para poder sembrar, almacenar y movilizar cosechas. El pueblo sabe lo que necesita; eso es más fácil para el gobierno. Sin embargo, pareciera que un nuevo enfoque territorial de la producción de frutas y hortalizas es requerido y trataremos en artículo aparte.
10/ Ejecutar el plan del Estado sobre la agricultura post pandemia COVID -19. Estamos en el mejor momento para cerrar filas contra la cultura rentista de importación de alimentos de toda índole, para superar la etiqueta de país importador neto de alimentos y para adelantarnos a la crisis mundial de alimentos generada por COVID -19
11/El Estado integrador agroalimentario: Todo el sistema agroalimentario esta parcelado, gobernado desde diferentes visones e intereses. Sin una visión integral, compartida en misión y propósitos la soberanía alimentaria seguirá siendo una deuda con el país.

Dicen algunas personas en situación de vulnerabilidad alimentaria que "es más digno morir a causa del COVID-19 que morir de hambre". Yo prefiero el lema de China "la agricultura se estructurará para eliminar la pobreza" primera causa del hambre.

Si Venezuela doblega al coronavirus y hacemos lo correcto no la vencerá una pobre agricultura



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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